Pulsera localizadora.

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Tras haberse marchado Blake, intenté librarme por todos los medios de las esposas.

El muy capullo sabía que no podría quitármelas.

Los dos hombres de afuera no podían escuchar la conversación porque las paredes eran gruesas y yo habia susurrado. Lo que si es que iba a matar a Adam en cuanto lo viera.

Ignoré las esposas por un rato e incluso me quedé dormida.

A media noche me desperté sobresaltada. Tenía que ir al baño.

Intenté levantarme pero algo me detuvo.

Mierda. Blake y sus esposas. Busqué una forma de quitármelas pero el resultado era el mismo de horas antes.

La única opción que me quedaba era gritar.

Grité con todas mis fuerzas consiguiendo que uno de los hombres se asomara a la puerta.

Se asomó para comprobar mi estado.

-¡Eh,espera!-dije consiguiendo que no cerrara-Necesito ir al baño.

-Solo Blake tiene las llaves-dijo intentando cerrar de nuevo.

-¡Espera!-el chico me miró de nuevo esta vez más serio-Llama a Blake, por favor.

El chico frunció el ceño y cerró la puerta. Estaba segura de que al menos llamaría a Blake.

Blake no podía ser tan capullo como para no dejarme ir al baño, ¿no?

Esperé un rato que se hizo eterno hasta que escuché la puerta de la habitación abrirse.

Blake me miró cabreado mientras la cerraba detrás de él.

-¿Qué quieres?-dijo bruscamente.

-Necesito ir al baño-murmuré-Por favor Blake, necesito ir de verdad.

Con su mirada dura se acercó hasta mí sacando una pequeña llave. Me quitó las esposas de ambas manos.

Me levanté de la cama ante su atenta mirada y me dirigí al baño. Blake me siguió.

-La puerta abierta.

Ante mi incrédula mirada, Mason cogió una silla colocándola en la puerta. Se sentó de mala manera cruzando su pierna por encima de la otra y sus brazos.

Me bajé las bragas de hospital que llevaba y me senté a hacer pis bajo su atenta mirada.

-¿Puedo ducharme?-pregunté con cautela.

-No.

-¿Alguna razón en especial?-pregunté limpiándome y subiéndome las bragas de abuela.

-No.

-Quiero ducharme. He estado tres días en el maldito bosque y uno aquí-protesté delante de él.

El curvo su boca de mala manera.

-Te duchas, fin de hospital, inicio de castigo.

-Vale.

-Ahí tienes la ducha-dijo levantándose-Te traeré las cosas.

Blake salió de la habitación colocando la silla en su sitio.

Me deshice de la maldita bata y de las bragas de abuela y entré en la ducha.

A pesar de ser de cristal, la mampara era borrosa por lo que no se veía nada por fuera.

Escuché como alguien entraba minutos después.

-Ahí tienes toallas y ropa.

La puerta sonó de nuevo avisándome de que se había ido de la habitación.

Termine de ducharme y me vestí con la ropa que me había traído. Era la que había traído yo al campamento.

Me recogí el pelo en una coleta y salí para encontrarme con Blake.

-Dame la mano-dijo acercándose a mí.

Le dí mi mano para que la apresara con un brazalete plateado y con una pantalla azul muy pequeña.

Lo miré mientras me tendía una bolsa con mis efectos personales.

-Sígueme.

En silencio seguí a Blake por la habitación y por el pasillo. Todo estaba vacío.

Salimos del edificio y pude ver que estábamos en otro complejo. No era el campamento.

Blake giró a la izquierda y entró en un edificio igual a los demás.

Nos subimos en el ascensor en silencio. Blake no me había mirado ni por un segundo.

Paramos en la quinta planta y salimos el rellano del ascensor. Blake utilizó una llave para abrir la puerta que teníamos en frente.

La abrió dejándome entrar delante de él.

La maldita casa se abrió ante mí.

Escuché como Blake cerraba la puerta por detrás de mí.

-Vives aquí por ahora. En la puerta tienes los horarios que tienes que cumplir. ¿Alguna pregunta?

-¿Y mis cosas?-susurré.

Blake cabreado me hacía volver a ser la chica inocente del instituto.

-En tu habitación, junto al baño.

-¿Para qué es esto?-dije señalando el brazalete.

-Pulsera localizadora. Es una medida de seguridad por si te da por escaparte.

-De tí imposible-murmuré dándome la vuelta.

-Escucho todo lo que pasa, así que yo que tú mantendría cerrada la boca cuando no se ha pedido tu opinión.

Miré a Blake por un segundo antes de que se sentara en el sofá con unos papeles.

Una pregunta me rondó por la cabeza: ¿sería esta la casa de Blake Mason?

Un amor de campamento.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora