Agresión.

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Me levanté atontada y con ojeras. Puede ser que a parte de acostarme tarde, todo tuviera que ver con el masaje de Blake.

Las agujetas se hicieron presentes en cuanto empezamos las tres vueltas de calentamiento.

-Te veo demasiado entera para haber corrido el triple que yo-dijo a mi lado.

-Me eché una crema que encontré en el baño.

-Silencio ahí-nos llamó la atención Blake.

-Una crema sola no te calma todo lo que trabajaron tus músculos-bajó el tono de voz Melissa-Quizás alguien te diera un masaje-sugirió.

Me quedé en silencio y aumenté el ritmo. Melissa me alcanzó de nuevo.

-Sam-exclamó.

-Oh, cállate, Mel.

-¿Quién te dió el masaje?

-No se lo digas a nadie-obligué.

-Todos me odian. Dímelo-rogó.

-Blake.

-¿Y llegásteis a algo más?-curioseó.

-¡MEL!-exclamé. 

Las dos nos reímos pero paramos de golpe la carrera y la risa al quedar delante nuestra Blake.

-El entrenamiento de hoy está dirigido a los brazos, no a la lengua-dijo de brazos cruzados delante nuestra.

-Lo sentimos.

-Veo que os aburríis de mis entrenamientos.

-No, ¿por qué íbam...

-Soldado Bird, podéis empezar por practicar la resistencia de vuestros brazos.

-¿Haciendo qué?-pregunté.

Los labios de Blake se curvaron hacia arriba. Sus gafas de sol brillaron por el sol.

Había fruncido el ceño ante esa sonrisa que a su vez me pareció irresistible.

Ya no me parecía tan irresistible.

Melissa y yo habíamos tenido que colgarnos de las barras que estaban instaladas en el centro de la pista.

Llevábamos quince insoportables minutos.

Melissa colgaba totalmente estirada. En cambio, yo me encontraba con las piernas cruzadas y flexionadas como si fuera a impulsarme hacia arriba.

Quince minutos después, Blake se paró delante nuestra con su sonrisa arrogante.

En cierto modo nos habíamos llevado la mejor parte ya que no estábamos haciendo flexiones o mantener todo nuestro peso con nuestros brazos y manos boca abajo.

Dirigí mi mirada hacia Blake quien se mantenía estático.

Melissa seguía maldiciendo en voz baja incluso delante de Blake.

-Podéis concluir el entrenamiento.

-Aún queda una hora-dije calculando el tiempo que nos quedaba.

-He dicho que se acabó, Sam-dijo Blake con seriedad.

-Señor-se despidió Melissa que ya había bajado y sacudía sus brazos-Nos vemos después, Sam.

Blake esperó a que Melissa se alejara para volver a hablarme.

-Nunca me he encontrado a nadie tan orgulloso en mi carrera. ¿Podrías bajar de una vez, por favor?

-Con una condición-sonreí.

-Hablaremos esta noche las condiciones que quieras-gruñó.

-Y las aceptarás.

-Las tendré en cuenta y las negociaremos favorablemente para los dos.

Me bajé de la barra cayéndome sentada en el suelo. Me levanté como pude ante la mirada de Blake y me dirigí al piso para ducharme.

Una hora más tarde, ya duchada me fuí a la sala de tiro donde Carter los obligó a practicar puntería.

La comida siguió el mismo camino solo que Melissa tenía la lengua larga y descubrí que James y Shane estaban al corriente del masaje que me había dado Blake anoche.

Me despedí de los chicos para ir a la cocina a cumplir mi castigo cuando noté que me rodeaban Allison Lint, Jesse Good, Carl Jones, Lisa Froid y Albert Carlson.

Los tres chicos me sujetaron.

-Tenemos aquí a la niñita de los jefes-sonrió Allison-Te voy a demostrar que no puedes volver a hacerme lo del laxante, zorra.

Un rodillazo se clavó en mi estómago haciéndome gruñir. Luego de eso recibí puñetazos y más golpes en todo el torso.

Sabía que si dejaban marcas en la cara o en los brazos, Mason iba a ir a por ellos.

Por fin me soltaron dejándome caer en el suelo.

-Y si se te ocurre decirle algo a alguno de los jefes, no llegarás a ver la luz del próximo día.

Los chicos se fueron dejándome en el suelo.

Me levanté como pude y con lágrimas en los ojos.

Reinalda intentó preocuparse por mí pero me dió las tareas al ver que no le iba a decir nada.

En cuanto salí de allí, me dirigí al piso a ver si se veía algo. Tenía todo el torso rojo y me dolía en exceso.

Me fuí al siguiente entrenamiento en el que ignoré a mis amigos e incluso a Adam.

Al final de la clase me acerqué a Adam.

-¿Puedo preguntarte algo?-le dije.

-Claro-dijo prestándome atención.

-¿Cuál es el peor castigo?

-Aislamiento o expulsión. ¿Lo dices por tí?

-No-dije sonriéndole cínicamente.

-¿Estás bien?-preguntó preocupado.

-Si. ¿Cómo se puede conseguir ese castigo?

-Agrediendo a un instructor. Oye Samantha, no hagas ninguna tontería.

Me alejé sin darle las gracias y caminé sola hacia el último de los entrenamientos.

Al llegar ví que Dylan colgaba el teléfono y le decía algo a Savannah mientras me acercaba a ellos.

Me paré delante de ellos y lancé el puño contra Dylan.

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No me matéis por subir unas horas más tarde.

Aunque a lo mejor queréis matarme por dejar así el capítulo.

En todo caso besitos y hasta dentro de un día (=

Un amor de campamento.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora