CAPÍTULO 18. A ESTO LE LLAMAS AMOR

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BUENOOOO, ANTES DE EMPEZAR EL CAPÍTULO, QUIERO DEDICARLO. PAOLAA, ES PARA TI. SII, HAS ACERTADO EL TÍTULO DEL CAPÍTULO A LA PRIMERA Y DEJANDOME FLIPADA Y POR ESO VA PARA TI. ESPERO QUE OS GUSTE. Y NO VALE MATARME!! (OS RECUERDO QUE MI MADRE NO TIENE LA CULPA DE QUE YO SEA ASÍ DE MALA PERSONA ASI QUE CUIDADITO CON LO QUE DECÍS CUANDO LO LEAIS)

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Me despertó un suave roce en la frente. Abrí los ojos y la tenue luz que entraba por la ventana dibujaba la silueta de David.

-       Buenos días, preciosa – dijo antes de darme mi beso de buenos días.

-       Hola… - pensé que estaba soñando. Y si así era, no quería despertar - ¿Cómo has entrado?

-       He saltado por el patio ya que he visto que la cristalera que da a la cocina estaba abierta – dijo con una sonrisa.

-       ¿De verdad? ¿No sabes tocar el timbre? – pregunté tirando de él para que se tumbara conmigo.

-       Sí, pero entonces me perdería esta maravillosa vista – me miraba de arriba abajo. Sin perder detalle. Llevaba una simple camiseta de pijama y unas bragas. – Eres la imagen que quiero ver cada mañana. – su comentario de me dejó sin respiración. No pude más que sonreír y besarle.

-       ¿Cómo está esa clavícula? – dijo entre besos.

-       Mm rota, pero no duele tanto ya – no quería hablar, sólo quería besarle y no despegarme jamás de él.

-       Vamos a desayunar – dijo levantándose.

-       Noooo, un poquito más aquí – intenté retenerlo pero fue imposible.

-       Vamos, te tienes que tomar  las pastillas.

-       Sí, pero después. Vamos a quedarnos un ratito más porfiii – dije poniendo ojitos. No funcionó. Me hizo levantarme y bajar a la cocina.

Había preparado café y tostadas, todo tenía una pinta deliciosa.

-       ¿Lo has preparado tú? – pregunté alzando las cejas.

-       ¿Qué pasa?¿Dudas de mis habilidades culinarias? – preguntó llevándose la taza de café a la boca.

-       No dudo de ninguna de tus “habilidades” – se atragantó con el café al escuchar lo que insinué.

-       Me alegra –dijo después de recobrar la compostura.

Me reí tontamente y empecé a devorar las tostadas. Estaban riquísimas y el café, delicioso. Recogimos la mesa después de desayunar y salimos al patio para que me diera el aire. El aire de mi patio sería el único que me daría en el mes siguiente. Estaba bajo encierro domiciliario hasta nueva orden, o hasta que me recuperase, que era lo mismo. Nos tumbamos en la misma hamaca. El debajo y yo entre sus piernas y apoyada en su pecho. Era el cojín más cómodo que podía encontrar. Me acariciaba el pelo lentamente mientras observábamos a las perras jugar. En ese momento decidí contarle mi genial idea, mi sorpresa para mis maluleros.

-       Oye, David. Se me ha ocurrido algo.

-       Miedo me das… a ver, ¿qué has pensado?

-       No me mates. Es sólo una idea y me haría muy feliz poder hacerlo pero necesito ayuda – alcé la cabeza para mirarle a los ojos. Me miraba intrigado. Intrigado y con miedo.

GUERRA FÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora