Estaba dando un paseo por las playas de Valencia, pues esa era ahora mi ciudad. Trabajaba para una empresa de mi país, Italia, y me habían enviado a la nueva sucursal de Valencia. Acepté encantado, quería huir de mi pasado, olvidar todo lo ocurrido. No quise pensar en eso. Me paré de cara a la playa, las olas mojaban mis pies. Me encantaba ver el atardecer en la playa. Sentí una mirada en mi espalda, me giré y me sorprendí.
No me lo podía creer, ¿en serio?. Llegué a Madrid dos días antes y una chica intentó matarme en lo que eran mis primeras veinticuatro horas en España. La chica era bajita y delgada. Con los ojos y la sonrisa más dulce que había visto en mi vida pero que fuera guapa no hacía que olvidara el hecho de que había intentado matarme.
La chica que me devolvía la mirada era ella, mi asesina. Me miraba con la misma cara de incertidumbre que yo a ella. ¿Me habría seguido?. Era ella sin lugar a dudas, esa mirada la reconocería en cualquier parte del mundo. A veces el destino era así. No supe si reír o llorar. Fui andando hacia ella, que con su bikini negro, azul y morado recogía su toalla. Tenía la piel roja, al parecer yo no era su único objetivo, pretendía matarse a ella misma también.
Me ignoró mientras me acercaba, estaba dándome la espalda. Se agachó para recoger su ipod y me ofreció las mejores vistas de la playa. Ni el mar ni el atardecer. La mejor vista era ella agachada. ¿Lo hacía para provocarme?
Cuando se incorporó dio un traspié y se fue para atrás. ¡Me pisó! Sí, definitivamente quería lesionarme.
- ¿Te veré alguna vez sin que intentes matarme? – pregunté mientras las sujetaba por la cintura. Su piel, aunque irritada por el sol, era la más suave que había tocado jamás. A esa escasa distancia pude ver que iba llena de tatuajes. Todos en sitios muy sugerentes.
- ¿Me sueltas? – preguntó borde. Inmediatamente la solté y ella se giró – no intento matarte pero como vuelvas a tocarme, me lo plantearé. – Menudo genio se gastaba la españolita.
- Lo siento, solo ha sido para que yo te caigas – me miraba desafiante. Tenía unos ojos café preciosos pero lo que más me llamó la atención era la tristeza que los inundaba. – Soy Seth – dije mirándola fijamente.
- ¿Y? ¿Qué quieres, un autógrafo?
- ¿Para qué voy a querer yo un autógrafo tuyo? – me había cabreado, ¿Quién se creía que era para hablarme así? – No pretendía molestarte, guapa. Solo me he acercado porque me parece una bonita casualidad encontrarnos tantas veces y creí que lo correcto sería presentarme – Ella me miraba con los ojos como platos y yo, sin más, me di la vuelta y eché a andar. ¿Qué se creía esa tía?
- ¡Seth! – escuché como me llamaba pero no hice caso y continué andando. Al poco noté que estaba a mi lado. – Perdóname, tengo un mal día y he sido una borde. – Me giré y la vi con una enorme sonrisa, extendiendo la mano hacia mí. – ¿Empezamos de nuevo?– preguntó.
- Sin atropellos ni puertas, por favor – estreché su mano y sonreí. – Soy Seth, como ya he dicho. ¿Y, tú? ¿Cómo se llama mi futura asesina?
- Me llamo Ma… Lucía – dijo dudando ¿dudaba de su propio nombre? Me leyó el pensamiento porque rápidamente explicó – Bueno soy María Lucía pero llámame Lucía solo
- Muy bien, Lucía, cuéntame ¿cómo es que te veo en Madrid y ahora aquí? – no podía dejar de sonreír como un imbécil.
- Estoy de vacaciones – contestó.
- Uy, yo pensaba que era el destino que quería unirnos – dije muy serio. Su cara cambió y me miró como si estuviese loco – No pongas esa cara, que es broma.
- ¡Gilipollas! – dijo riéndose y dándome un puñetazo en el hombro.
- No me des más golpes, aún llevo marcas de los últimos – le enseñé los raspones que tenía en los brazos.
Seguimos caminando hacia su hotel, el mío estaba cerca. La chica era muy agradable. De vez en cuando sonaba su móvil, ella lo miraba y sus ojos y su sonrisa entristecían pero siempre cortaba la llamaba. No pregunté, no era de mi incumbencia.
- ¿Te apetece desayunar conmigo mañana? – pregunté cuando llegamos a la puerta de su hotel. – No puedo cenar esta noche, tengo una cena con mi empresa.
- Vale – contestó tras pensarlo unos minutos. Minutos que se me hicieron eternos pensando que diría que no. - ¿A las diez en aquel bar? – dijo señalando un pequeño bar que quedaba a mi espalda.
- ¿A las diez? ¿desayunas a las diez? – pregunté.
- Odio madrugar. Y, además, si no me gusta el desayuno o tu compañía no me arrepentiré por haber madrugado – dijo con una pícara sonrisa.
- Te encantará el desayuno y no te aburrirás, te lo aseguro – le dije devolviéndole la misma sonrisa pícara.- Entonces nos vemos en el bar a las diez. Hasta mañana, Lucía – le di un beso en la mejilla.
- Hasta mañana, Seth.
Me di la vuelta sonriéndole por última vez y fui hacia mi hotel. Llegaba tarde a la cena de empresa, me iba a matar pero había merecido la pena, el destino me había vuelto a poner esa hermosa sonrisa delante. El día que nos cruzamos en Madrid iba con un cabreo tremendo y no pude apreciar nada de ella. Solo más tarde me di cuenta de lo guapa que era y de lo triste que parecía. No soportaba ver a nadie triste, mi objetivo para el día siguiente sería hacerla sonreír todo lo que pudiera. Sus palabras sobre no gustarle mi compañía habían herido mi orgullo, haría que aquel desayuno fuese inolvidable para ella.
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GUERRA FÍA
RomanceMi vida puede llegar a ser muy complicada. Vivo encima de un escenario sin tiempo para el amor pero ¿qué pasa cuando te enamoras de tu representante, un hombre que está casado, o cuando el destino te pone delante el que puede ser el amor de tu vida...