calumnias

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Al despertar escuché algunos gritos provenientes de la puerta principal. Bajé rápidamente ya que mi cuarto quedaba en el segundo piso; en la puerta estaba doña Ana discutiendo con un hombre calvo, alto en talla y bastante musculoso que reclamaba el pago de la cuota que le correspondía a doña Ana pagar por el local.
Me acerqué a la puerta y vi a Valeria escondida en un lugar cercano a la pared imposible a la vista del hombre.
- que sucede - pregunté interrumpiendo la discusión.
- este hombre Alejandro, dice que si no le pago se llevará a Valeria con el cono garantía.
Esas palabras me llenaron de coraje. Saqué de mi bolsillo un anillo de oro puro con un diamante en la punta.
- le daré esto si nos entrega las escrituras del lugar.
- no lo quiero, quiero a la mujer. - dijo el sujeto.
- será mejor que tomes esto, no te voy a entregar a mi novia. - dije para evitar que el hombre diga insitiendo.
- tu, pequeño idiota, ¡esa mujer es mía! - exclamó.
- entonces déjame preguntarle. - dije - ¿es cierto que eres de este hombre, Valeria?
- no, nunca acepté sus propuestas y menos le di esperanzas - dijo escondiendose detrás de mi.
- me importa un pepino si tu no quieres, suficiente con que yo quiera.- dijo el sujeto intentando entrar por la fuerza.
Valeria estaba asustada y me sujetaba el polo que traía puesto.
El hombre me golpeó en el rostro, aunque yo me dejé golpear para ver que tan fuerte. Me decepcioné al ver que el sujeto se sobaba la mano con la que me golpeó y yo apenas y sentí el golpe.
- ya te quedó claro que nunca me vas a poder ganar, ahora toma este anillo y vete, espero las escrituras aquí, tienes hasta las 4 de la tarde, si no las traes, acabaré contigo.
El sujeto no quería dar su brazo a torcer y me retó a una pelea uno a uno afuera. Acepté sabiendo lo débil que era el tipo.
El hombre atacaba sin descanso, pero cada golpe que lanzaba lo esquivaba fácilmente. Habían algunas personas observando el problema y varios animaban al hombre a golpearme hasta caer. Yo sentí que la estaba haciendo larga, así que esquivé uno de sus ganchos y con un golpe suave con el codo lo dejé sin aliento. Todos los que hacían ruido se quedaron callados ante ese golpe y solo se limitaron a observar.
- ni siquiera fue un golpe fuerte, quiero las escrituras de la casa, ahora solo tienes hasta las 3. - le dije dandole la espalda y caminando hasta donde estaban Valeria y su madre.
- el hombre ya nos las molestará más - les dije.
Valeria sonreía tiernamente algo enrojecida y su mamá me agradecía por lo que sucedió.
Regresamos a la casa y me cambié rápidamente, luego bajé nuevamente y escuché como doña Ana le encargaba a Valeria comprar ciertas cosas del mercado.
- entonces hija, solo traes eso, ve con cuidado, si alguien te molesta no les hagas caso.
- yo iré con ella - interrumpí
- te lo voy a agradecer hijo - dijo la señora.
Valeria nuevamente enrojeció y sonrió como solo ella sabía hacerlo.
Estabamos a punto de salir de la casa y Valeria me dijo que esperara un minuto, que tenía algo que hacer. Dibujó algo con los dedos en el aire, una especie de símbolo y luego ante mis ojos se abrió un portal de donde salió Hermes.
- listo, ahora si vamos. - dijo ella.
El perrito saltó a mi pero no con intención de morderme, fue más bien como expresando su cariño.
Salimos entonces a las calles a buscar lo que doña Ana pidió, por impulso mío tomé de la mano Valeria y la dirigía mientras ella enrojecida y nerviosa me indicaba a que lugares teníamos que ir.
La gente nos observaba y ahora la respetaban; ya que tenía mi compañía, un tipo blanco, alto y corpulento, además de ser bien parecido y serio.
Las personas que la despreciaban ahora le hablaban bien y más tranquilos.
Seguimos caminando hasta el mercado y llegamos al puesto del sujeto que intentó abusar de ella. Apenas me asomé a el puesto el hombre temblaba de miedo.
- quiero 10 zanahorias y un saco de papas. - dijo Valeria consciente del lugar donde estabamos, pero tranquila porque yo estaba ahí.
El hombre nervioso fue por lo que Valeria le pidió y yo lo observaba fijamente con un rostro de pocos amigos.
- apurese que no tenemos todo el día- le dije al viejo del puesto.
El hombre inmediatamente aceleró lo que hacía y varias veces hacía movimientos torpes por el miedo.
- ¿donde están los otros? - le pregunté al hombre con voz grave y sería.
- no lo sé señor - dijo tartamudeando.
Ya no había más que hacer ahí, me puse el saco de papa en uno de mis hombros y los otros objetos los llevaba en mi otra mano y partimos nuevamente al siguiente lugar
- Valeria, cuando lleguemos a tu casa, quiero darte algo.
- bueno - dijo enrojecida.
Pasamos por muchos lugares de la ciudad, ella tenía a su perrito con un collar y una correa con el cual se ayudaba y la guiaba.
Compramos varias cosas las cuales obviamente cargaba yo, algunas veces ella quería ayudarme, pero yo no la dejaba.
- ¡ya llegamos ma'! - dijo ella quitándose el sombrero que tenía puesto.
Puse las cosas en el suelo y corrí a por mis cosas. De ellas saqué el báculo y le talismán que sospechaba debían ser De ella.
- esto es lo que quería darte - le dije
Ella con algo de esfuerzo se sentó en el sofá.
- ¿que cosa? - preguntó.
- esto.
En su mano derecha puse el báculo y en el izquierdo el talismán. Ambos objetos no dejaban de brillar; el talismán se desvaneció y el báculo de igual forma.
- ¿donde están? - preguntó sorprendida- juraría que los tenía en mis manos.
- tranquila, esos objetos funcionan así, dentro de ti visualiza lo que sentiste al tocar los objetos.
Ella guardó silencio por un rato mientras se concentraba; en sus manos nuevamente aparecieron los objetos.
- aquí están - dijo sonriendo.
- estos objetos son armas que saqué de unas ruinas, te enseñaré a usarlos y también a mejorar tus invocaciones.
- está bien- dijo ella.
Alguien tocó la puerta mientras hablabamos.
- quizás es el tipo de la mañana, seguro viene a entregarnos las escrituras. - le dije poniendome de pie para abrir la puerta.
Abrí la puerta y no vi al tipo solo, estaba acompañado de los 4 sujetos que golpee el día anterior, además de algunas otras personas y varios soldados.
Estos últimos tenían armas de fuego, al parecer el mundo no había cambiado tanto según pude ver.
- ¿ya traes las escrituras? - le pregunté al hombre que había golpeado en la mañana sin importarme los demás.
- no mocoso, pero traigo a estos soldados que vienen por ti
- ¿a si? ¿y a donde me llevarán?
- a cárcel obviamente.
- bajo que cargos.
- golpear a 4 hombres indefensos y apropiarte de esta propiedad ilícitamente.
Valeria parecía intranquila desde dentro.
- ¿sucede algo Alejandro? - preguntó Valeria.
- nada importante, ya regreso - le respondí.
Salí cerrando la puerta lentamente.
- ¿entonces me llevarán preso por golpear a estos sujetos? - pregunté a los soldados- ¿y saben la razón por la cual hice eso?
Los soldados se miraron unos a otros.
- este sujeto nos golpeó sin razón alguna, ¡deben detenerlo!. - gritó el viejo dueño del puesto de frutas y verduras.
- y que hubieran hecho ustedes, señores soldados, ¡si hubieran visto que estos sujetos intentaron abusar de una mujer indefensa!
Los soldados sorprendidos enseguida respondieron.
- no sabíamos nada de esto- respondió uno de los soldados.
- ¡miente! - grito uno de los muchachos.
La gente comenzaba a tomarme a mi como mentiroso.
- ¡abusivo! ¡mentiroso! ¡salvaje! ... - gritaban los pobladores.
Los soldados me tomaron de las manos e intentaron ponerme un par de esposas. No me resistí y me los pusieron.
Toda la gente me insultaba, hasta que salió Valeria de la casa.
- ¡dejenlo en paz! - gritó ella - el no hizo nada malo.
el tipo quien era dueño del local fue hasta ella y le tapó la boca para que no dijera nada.
- ¡con ella no te metas insecto! - grité dándole una patada lateral que lo lanzó hasta el árbol ubicado 10 metros detrás de el.
Los soldados se quedaron sorprendidos al ver lo rápido que me escapé de ellos y golpee al hombre.
Las esposas aún las tenía puestas, levanté el rostro de Valeria para ver si tenía algún rasguño.
- ¿estás bien? - le pregunté.
- si, pero tu...
- yo estoy bien, descuida.
Bajaba mi mano lentamente cuando el suelo comenzó a temblar de manera brutal.
- ¡¿que sucede?! - gritaron las personas a mi al rededor.
A lo lejos, la enorme montaña en la que me había topado con muchos mostruos y donde Heimdal y yo no dejabamos de tener una sensación de peligro, se estaba moviendo.






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