Memorias de vuelta.

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Aún era temprano, Ume y Sho habían salido ya que debían encontrarse con el abuelo de Mei.

Sin embargo, en la sala ninguna se había percatado de que estaban ausentes, pues se hallaban por demás adentradas en sus propios dilemas...

Harumi sentada en el sofá se asomaba por el hombro de Yuzu, quien acomodada en la alfombra y entre las piernas de la castaña, escribía con toda calma recargada en la mesita de centro.

Ya que las letras que esbozaba la rubia eran lo suficiente grandes se podía leer con claridad lo que decían y, por lo que se alcanzaba a descifrar eran cosas que le habían sucedido últimamente a Yuzu.

  ̶  "Está claro que Yuzucchi busca como sobre llevar todo lo que le ocurre, ojala hubiese un modo en que pueda serle de más ayuda..."  ̶  un pensamiento que fue interrumpido al sentir la mirada fría de Mei sobre ella    ̶  ¿Te sucede algo?

La pelinegra no respondió, sólo se limitó a mantener sus ojos violetas sobre ella.

Esto irritó un poco a Haru, así que tomo un cojín y se lo lanzó para hacerla reaccionar. Lo que no se esperaba era que Mei le devolviera el favor con mucho más fuerza.

Con una mano sobre su nariz, esperando a que el dolor pasara se quejaba con su amiga;

  ̶  ¡Yuzucchi, dile a tu hermanita que se controle!

Desde el otro sofá   ̶  ¿Qué me controle yo?, ¡tú fuiste quien empezó!

  ̶  Sí pero yo no fui tan agresiva, además no dejabas de verme.

Enfadada porque la hubiesen distraído de su actividad, Yuzu se puso en pie y reprendió a amabas.

  ̶  Contrólense las dos, estoy intentando tener un momento de paz y ustedes se ponen a pelear como un par de mocosas sólo porque se ven feo.

  ̶  Pero...    ̶  intentaron apelar ambas al unísono.

  ̶  Pero nada   ̶  tomó sus lápices y la libreta, dirigiéndose a la alcoba que solía compartir con Mei. Y Justo antes de cerrar la puerta...  ̶  quédense aquí, arreglen lo que les haga falta, no quiero verlas seguir esta riña cuando regrese.


Estando a solas luego de esa reprimenda, ambas tenían sus rostros enrojecidos hasta las orejas. Haru volteo en dirección a Mei y comenzó a morirse de la risa.

  ̶  No es gracioso, la hicimos enfadar.

  ̶  Vamos Aihara debes admitir que es algo irónico que ella nos regañara de esa forma. Además tiene razón, lo último que necesita es que la perturbemos con nuestros problemas.

  ̶  Pues no debiste lanzarme una almohada en primer lugar   ̶  se quejó aventándole otro de los cojines que estaban sobre los sillones.

  ̶  ¡Oye!, primero te pregunté qué era lo que sucedía, pero sólo te quedaste ahí como estatua de hielo ̶ le reclamó dándole un par de almohadazos a un costado.

Continuaron su pelea hasta encontrarse en el piso ocasionándose cosquillas. Quizá este era el enfrentamiento más tranquilo que habían tenido, sin embargo a pesar de las risas que se escuchaban, las dos sentían que algo iba verdaderamente mal.

Mei decidió apartarse un momento para recuperar el aliento.

Harumi, apoyada sobre sus antebrazos se quedó viéndola...  ̶  es extraño verte reír.

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