A un minuto del para siempre.

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—Yuzucchi... lo que sucede es... —a Haru le costaba encontrar las palabras adecuadas.

En cambio, Mei se puso de pie, tomó el hombro de Haru de forma afectuosa y le dijo;

—Tranquila, todo va a estar bien—, con paso decidido se acercó a Yuzu para decirle; —es mejor que hables con tu amiga ahora. Tú y yo charlaremos más tarde. Te veo en casa.

—Detente ahí —exclamó Yuzu sosteniendo su brazo—, nadie se va a ir hasta que me expliquen a detalle lo que acabo de escuchar, así como por qué sus rostros lucen mal heridos.

Mei, quien había intentado guardar la calma hasta ese momento, perdió por completo la compostura.

— ¿Hablas en serio?, por qué no primero explicas a que has venido.

—Hay algo que necesito discutir con Harumi... —respondió Yuzu con ansiedad en su voz.

—Bueno, para que te hagas a una idea sobre lo que escuchaste, no es tan serio como lo que vienes a discutir.

Yuzu soltó a Mei en el acto y, viendo en dirección a Haru...

— ¿Se lo dijiste...?

Mei tomó de forma brusca el mentón de Yuzu para que dirigiera su mirada a ella de vuelta.

—Eso ya no importa, el hecho es que lo sé. Así que no quiero que culpes a Harumi por esto.

— ¿Y desde cuando la defiendes tanto? —Enfadada, Yuzu apartó la mano de Mei—. Ella es mi amiga.

—También lo es mía.

—Por favor... —musitó Yuzu riendo con ironía— si tan amigas son ¿por qué ella tiene un ojo morado y tú el labio roto?

—No lo entenderías.

Haru, desconcertada, las observaba discutir sin parar. Le parecía increíble como se habían desviado del tema. Y por su cabeza cruzaba; « ¿en verdad pelean por cuál de las dos soy amiga?, esto es ridículo».

La discusión entre Mei y Yuzu se alargó tanto que Haru tuvo tiempo de preparar un café, beberlo y poner en orden sus ideas. Así, al darse cuenta que esa riña no iba a ningún lado...

—Paren por un segundo —ordenaba Haru al ponerse de pie entre Mei y Yuzu—, este pleito de enamoradas se ha salido de control. En primer lugar las dos son mis amigas y nada va a cambiar eso, así que ya déjense de tonterías. En segundo lugar, lo que realmente deberían arreglar, sí arreglar no pelear por ello, es toda esa agua bajo el puente entre ambas. Por el amor de dios son Yuzu y Mei. No dejen que un par de noches de excesos con una castaña, bastante sexy debo admitir, arruine lo que hay entre ustedes.

A Mei le había causado gracia el último comentario de Haru. Pero en cuanto a Yuzu, ella mantenía un semblante serio.

—Ves, justo ese es mi problema ahora mismo. ¿Por qué con Haru eres así? Ni siquiera con Himeko te he visto comportarte de ese modo —se quejaba Yuzu cruzándose de brazos.

Y con una mueca de descontento en su rostro, Mei respondió;

—De verdad no lo entiendes ¿no es así? Eres tú la que nos ha unido. Sólo hay una cosa que es en verdad importante para nosotras en este mundo y eso eres tú. Ahora imagina lo que es saber que la otra siente lo mismo, desear que sus sentimientos sean correspondidos, pero al mismo tiempo implorar porque no suceda... —la voz de Mei comenzaba a quebrarse— Yuzu te amo, pero si dudas que todo ese amor sólo te pertenece a ti, en especial cuando eres tú la que tiene posibilidad de elegir... tal vez sea mejor que...

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