-Escucha Christian, yo también necesito ahora mismo esto -le dije mirándolo.- Pero no creo que sea buena idea, eres amigo de mi padre, el podría enfadarse mucho y encima dentro de nada serás mi jefe -le dije cuando me separé de él después del beso.
-Tienes razón Barbara, pero me gustas muchísimo, me vuelves loco y lo siento por esto, pero ahora tú padre me da lo mismo, lo único que me importas eres tú.
No pude evitar reír por lo último que había dicho.
-Estamos borrachos Christian y a lo mejor mañana te arrepientes de esto y...
No me dejó terminar, me cogió de la cintura y volvió a besarme, un beso desesperado. Este hombre me estaba volviendo loca, si seguía así iba a poder conmigo.
Empezó a subir y bajar la mano por mi espalda, me cogió en brazos y eso hizo que mis dos piernas se pusieran al rededor de su cintura. Él puso sus manos en mi trasero y empezó a presionarme contra el para notar lo duro que estaba, no podía más, esto sería una locura pero tenía que hacerlo.
-Esta bien, me has convencido -le dije dándole pequeños besos en el cuello.
-No hagas eso o no llegaremos a mi casa y tendré que hacerlo aquí en la calle Barbara -me dijo el bajándome para poner los pies al suelo.
Subimos al coche y nos dirigimos a su casa, el trayecto es corto y en menos de diez minutos ya estamos en su apartamento que está en el centro de la cuidad.
Llegamos a la puerta y el portero nos abre la puerta. Subimos al ascensor y nuestras miradas se encuentran cuando se cierran las puertas.
Empezamos a besarnos y solo se escuchan gemidos por parte de ambos, me choco contra la pared por la presión de Christian, nos separamos por falta de oxigeno y de golpe las puertas del ascensor se abren.
Entramos en el apartamento y seguimos con los besos calientes. El empieza a quitarme el vestido y cuando ya lo ha echo me quedo en ropa interior y con mis botas puestas.
Me da pequeños besos por todo el cuerpo haciéndome estremecer, hasta llegar con sus manos a la cremallera de mis botas, me las quita lentamente y me coge en brazos para sentarme encima de una mesa. Sigue dándome besos por el cuello y bajando hasta mis pechos. Empiezo a desabrochar su camisa y se la quito. Le desabrocho el cinturón y los pantalones, se los quita con rapidez.
Me desabrocha el sujetador y me mira con lujuria, me paso la lengua por los labios para humedecerlos, se baja el bóxer y queda completamente desnudo ante mi. Se me vuelve a secar la boca al ver la grande erección que tengo delante de mi. Es tan grande que no sé si va a entrar.
Empieza a jugar con mis bragas y de golpe me los arranca rompiéndolos y los tira a no se donde. Antes de seguir haciendo lo que hacíamos paro.
-Dile a tu padre que hoy no vas a dormir. No pienso dejarte ir esta noche -dijo él mirándome intensamente.
Me acerqué al bolso y cogí mi teléfono, le mande un mensaje a papá diciéndole que dormiría en casa de Lucía, luego le mandé uno a Lucía para contarle lo justo por si papá la llamaba prometiendo-le que mañana le contaría todo. Sin esperar ninguna respuesta dejé el móvil encima de un pequeño mueble.
Me di la vuelta y me encontré con Christian detrás de mi. Me cogió en brazos y me llevo hasta su habitación. Me dejó encima de la cama con mucho cuidado para luego seguir con sus besos por todo mi cuerpo, cuando llego a mi parte más intima, empezó a dar besos por los lados hasta centrarse en lo que mi cuerpo le pedía. Chupó y mordió un poco mi intimidad, metió dos dedos dentro y empezó a jugar con ellos. Estaba muy húmeda, necesitaba tenerlo dentro de mi, ahora.
El se tumbo y en un rápido movimiento me puso encima de él. El quería entrar ya, le pare. Empece a dar besos por todo su cuerpo hasta llegar a su parte. Empece a pasar la lengua por toda su intimidad, me la puse en la boca y empecé a chupar, primero lento y luego más rápido. Escuchaba sus gemidos, resonaban por toda la habitación. Pare y me subí encima de él. Puse su sexo en la entrada de mi intimidad y poco a poco lo fui introduciendo dentro.
-Eres perfecta para mí, Barbara - dijo el en un gemido.
No dije nada, solo solté un gemido. Hacia mucho tiempo que no me sentía tan bien.
Subía y bajaba encima de él, se sentía muy bien, demasiado. El me separó de golpe y tenía una mirada de frustración.
-Por dios, Barbara, no me he puesto preservativo y casi me corro dentro de ti - dijo enfadado.
-Si eso es una preocupación, déjame decirte que tomo pastillas anticonceptivas.
El puso cara de alivio y se acerco a mi peligrosamente. Me cogió en brazos y me apoyó en la pared.
-En ese caso señorita, déjame hacerte mía de nuevo.
Me penetro con fuerza y yo solté un grito de placer.
-Eso es, preciosa, grita para mí.
Me deje llevar y empecé a gritar, escuchaba sus gemidos y de un momento a otro los dos lleguemos al clímax.
Me dejó en la cama delicadamente y me dio un pequeño beso en los labios. Se tumbo a mi lado y me abrazo por la espalda.
No se en qué momento nos quedemos dormidos, se sentía muy bien. Estaba tan relajada que no pensaba en nada. Había sido el mejor polvo que había echado en toda mi vida.
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El socio de papá.
JugendliteraturBarbara 20 años. Christian 34 años. ¿Para el amor hay edad o simplemente es un número mas?
