CAPITULO 32.-

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Cuando estaba en el baño duchándome, escuché ruido fuera y me imaginé que sería Christian. Tardé un poco más de la cuenta y cuando salí de ahí no había nadie en la habitación, sólo una cajita encima de la cama y una tarjeta al lado. No sería para mi, pero la curiosidad me mató. Así que me acerqué y cogí la tarjeta.

*Barby... Quiero arreglar las cosas contigo, sólo espero que aceptes cenar conmigo está noche y poder solucionar nuestras diferencias. Si no bajas imaginaré que no quieres saber nada de mi. En ese caso prometo no volver a molestarte nunca más.  Te espero a las 9 y media en el restaurante de abajo.

Con amor, CF*

Sentí como un cosquilleo subía y bajaba en mi barriga, este hombre podía conmigo, era algo así como mi debilidad y eso no era bueno, nada bueno. 

Abrí la caja que había al lado de la tarjeta y me quedé de piedra cuando vi lo que contenía. Sin duda esté chico tenía muy buen gusto. Me encantaba y sin pensarlo me lo puse. 

Me miré al espejo y sí, me quedaba perfecto

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Me miré al espejo y sí, me quedaba perfecto. 

Toda ilusionada saqué de mi maleta la ropa que iba a ponerme, no sin antes mirar la hora en mi móvil y ver que me quedaba muy poco tiempo para arreglarme, así que corriendo, fui al baño y me maquillé un poco y arreglé mi cabello. 

Me puse el vestido que había elegido y me sentía muy bien, sentía que me podía comer el mundo, me sentía poderosa, me sentía capaz de seducir y volver loco al chico que me volvía loca a mi. 

Sentía cosas por él y creo que hacía tiempo que me había dado cuenta pero no lo había admitido, ahora mismo lo admito, creo que me estoy enamorando

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Sentía cosas por él y creo que hacía tiempo que me había dado cuenta pero no lo había admitido, ahora mismo lo admito, creo que me estoy enamorando. 

Tenía ganas de besarle, tenía ganas de hacerlo mío, tenía ganas de besarle cada rincón de su cuerpo, me sentía excitada sólo con pensarlo, me esperaba una noche larga pero maravillosa si todo salía como pensaba. 

No tenía que coger nada ya que cenaríamos aquí, así que dejé el móvil en la mesilla, cogí mi llave de la habitación y salí cerrando la puerta. 

En la recepción le pedí a la chica que me guardara la llave así no tenía que llevarla en la mano, ella asintió y yo me encaminé hacia el restaurante. Le di mi nombre al camarero y este me acercó hasta una mesa que estaba alejada de todas las demás. Christian no se dio cuenta de que estaba ahí y puse mis manos en sus hombros para llamar su atención. No sé por qué, pero me había quedado muda por momentos. 

Él se tenso y enseguida se dio la vuelta para verme, se levanto y me miro, primero a los ojos y luego al collar que llevaba. Le di una sonrisa tímida y el me la devolvió, me tomo la mano y me llevo hasta la silla que había en frente de la suya. 

-Por un momento pensé que no vendrías Barbara... -dijo el agachando la mirada.

Le cogí una mano que tenía encima de la mesa y él me miró. 

-No he dudado en ningún momento, Christian. Me sorprendes cuando eres así y eso me gusta, me gusta mucho... 

-Escucha Barbara, tengo algo que decirte, sé que es muy precipitado, que nos conocemos des de hace un mes, que esto no es correcto como dices tú, pero eres lo que quiero ahora y no pienso dejarte ir. Como te lo digo Barby, yo... Esto, me está costando mucho más de lo que pensé. 

-No hace falta que lo digas si no estás preparado Christian -le dije levantándome de la silla y acercándome a él. 

-Pero tengo que hacerlo Barbara, quiero que sepas que yo... -Le corte con un beso. 

-Yo también Christian -le dije sin dejarle terminar la frase. 

Los dos sabíamos de lo que hablábamos, los dos hablamos de amor, de que nos queremos, de que no podemos vernos con terceras personas, de que cuando estamos juntos el tiempo se para. Y por fin lo habíamos admitido.

-Estoy enamorado de ti, Barbara -dijo él después de otro beso. 

Me senté en sus piernas y empecé a besarle como nunca antes había hecho, ni con él ni con ningún otro. Le besaba con amor, con desesperación, como si sus besos me dieran el oxigeno que me faltaba minutos antes. 

-Estás preciosa, ¿lo sabías?

Solté una carcajada y lo volví a besar. 

-Toda para ti, guapo.

Cuando nos trajeron la cena, comimos entre risas y varios besos de por medio. Con el segundo plato ya no podía más, estaba tan llena que iba a reventar. 

-No puedo comer más, Christian, estoy muy llena.

-Entonces, ¿no quieres postre? -me dijo levantando una ceja.

-Si el postre eres tu sí -le dije juguetona. 

-Demos una vuelta antes de ir a por el postre, pequeña -me dijo ofreciéndome sus mano para levantarme. 

Paseamos por un rato de la mano y cuando llegamos a un pequeño mirador que tenía el hotel nos sentamos en un banco. 

Pensé en lo que teníamos, en lo que eramos, ¿eramos novios? ¿amigos con derechos?

-¿Que piensas? -dijo él mirándome. 

-¿Que somos? -le dije sin más. 

-Yo también pensaba en eso, la verdad es que me gustaría ser tu novio, si tu quieres, claro -dijo él nervioso jugando con sus manos. 

-Me encantaría Christian, eso es lo que realmente quiero -le dije acercándome a él peligrosamente. 

-Ven aquí guapa -dijo él cogiéndome de la cintura y sentándome encima de él.

Le besé, le besé con desesperación. Empecé a desabrochar su camisa para poder tocarle, pero el me detuvo. 

-Aquí no traviesa, puede venir alguien en cualquier momento -dijo él en mi oído. 

No le hice caso y seguí a lo mío, sentí como suspiraba con frustración, a punto de dejarse llevar por la excitación del momento. 

Besé su cuello y fui bajando muy despacio por su pecho, saque la lengua y empecé a trazar pequeñas líneas con ella, sabía que eso le volvía loco, por eso lo hice. Noté como sus manos iban a mi trasero y me apretaban contra su erección. 

-A la mierda -dijo el subiendo mi vestido y empezando a tocar mi intimidad. 

-Así me gusta, déjate llevar. Te necesito dentro de mi Christian -le dije en un jadeo. 

-Eres muy caprichosa, ¿lo sabías? -dijo él susurrando. 

-Hazme tuya, Christian.

No le falto nada más, me rompió mi ropa interior y se bajo el pantalón. Me subí encima y empecé a cabalgar encima de él. Estábamos solos no había nadie, todo estaba en completo silencio, sólo se escuchaban nuestros gritos y nuestros jadeos, hasta que juntos lleguemos al clímax. 

-Como nos haya visto alguien... -dijo él pensativo. 

-Dime que no te ha gustado, dímelo y no volverá a ocurrir nunca más -le dije en el oído.

No dijo nada, simplemente me miro y volvió a besarme, está vez con delicadeza y amor.







El socio de papá.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora