HABLA CHRISTIAN...
Maldije cuando me llamaron al móvil y estaba hablando con Barbara y Brian, no me gustaba verles juntos y menos conociendo a mi amigo, le gustan todas, le da igual una que dos.
Escuché que iban a la piscina y él le iba a invitar a tomar algo pero no pude impedirlo, debía atender esa llamada, era importante.
Cuando colgué y guardé el teléfono en mi bolsillo del pantalón, me dirigí a la piscina y me quedé pálido cuando vi a Barbara con su biquini tan tranquila hablando con Brian, se reían y se les veía demasiado bien para mi gusto, estaba cabreado y excitado al mismo tiempo. Me pedí algo en el bar y tome asiento en una silla para seguir observando que hacían esos dos.
Con un cabreo que no aguantaba ni yo mismo, subí a la habitación y me metí en el baño para darme una ducha y aclarar mis ideas.
¿Qué coño me estaba pasando? ¿A caso me había enamorado? Eso era imposible, si que me gustaba, joder, y a quién no, es guapa, tiene un cuerpo de infarto y encima es buena chica y muy simpática. No puedo pensar nada malo de ella, todo lo que me viene a la cabeza es bueno. ¿Como podía ser tan tonto? ¿Como la había dejado ahí con mi amigo? Debía luchar por ella, para así poder hacerla mía y que nadie más intente nada con ella. Se me ocurre una idea, así que me ducho rápido, me visto y salgo a hacer unas compras de última hora.
Cuando entré en la tienda una chica me atendió, le dije lo que quería, que era para una chica muy especial. Empezó a enseñarme cosas muy extravagantes y conociendo a Barbara sabía que esto no le iba a gustar.
-¿No tienes algo más sencillo? Esto es muy bonito sí, pero no creo que le vaya a gustar. Como te he dicho antes, es una chica muy especial, y todo esto, -dije señalando lo que había sacado.- no es de su estilo.
-Está bien, creo que tengo algo que le gustará -dijo la chica haciendo una seña en la mano para que esperará un momento.
Cuando me sacó lo que había ido a buscar abrí los ojos, si, efectivamente, esto era para ella, estaba seguro de que le gustaría.
Sin más le dije que me llevaba ese, lo envolvió y me lo entrego. Pagué y me fui en dirección al hotel.
Cuando entré en la habitación, escuché ruido en el baño y supuse que sería ella. Ya había llegado de estar con mi querido amigo Brian, debía de hablar con él para que dejara de intentar ligar con mi chica.
Pensé en invitarla a cenar así que dejé el regalo encima de la cama, saqué una tarjeta de mi empresa y escribí algo detrás. Lo puse ahí, me cambie de ropa rápido y salí, sólo espero que acepte mi invitación.
Salí en busca de mi amigo, quería hablar con él y dejarle las cosas bien claras. Lo encontré en recepción hablando con la chica de ahí.
-Brian -dije a su lado para que me viera.
-Christian amigo, ¿donde te has metido antes? -dijo él.
-He tenido que salir un momento. Tenemos que hablar Brian.
-Por tu cara de pocos amigos me temo que es algo serio tío -dijo riendo.- Sígueme, vamos a un lado más tranquilo.
Nos sentamos en una mesa del restaurante y pedimos un par de cervezas y cuando nos las traen le doy un sorbo.
-Entonces, dime de qué quieres hablar.
-Barbara -le dije levantando una ceja.
-Oh, menuda chica, esta buen... -le corté antes de que dijera nada más.
-No te quiero cerca de ella Brian.
-Así que, es ella la chica de la que tanto me has hablado, ¿o me equivoco?
-Si...
-Entonces, me mantendré lejos. Me lo hubieras dicho antes Christian, sabes que jamás me metería en medio de ti y de tu chica.
Así pasamos un rato, hablando y conversando, me sentía relajado, por fin había aclarado las cosas con Brian y le había dejado en claro que ella era mía, costara lo que me costara, lo sería.
Le pedí que me preparará una mesa en el jardín, alejada de todos los que estuvieran esa noche ahí. Si Barbara aceptaba, claro.
Solo esperaba que dejara de lado su orgullo y aceptara cenar conmigo.
Estaba nervioso, nervioso como nunca antes en mi vida.
Y ahí fue cuando me di cuenta de que estaba enamorado de ella, no podía dejarla escapar, no podía. Tenía que ser mía, tenía que decirle lo que sentía.
Me jodía tenerla lejos, me jodía verla con otro, me jodía ver como sonreía cuando otros le hacían bromas.
Sabía perfectamente que ella también sentía algo por mi, notaba como su cuerpo reaccionaba cuando estaba cerca de ella, como se tensaba cuando le rozaba, como se sonrojaba cada vez que le decía algo bonito.
Ahora mismo me importaba una mierda que fuera 14 años más grande que ella, me importaba una mierda lo que pensaran de nosotros, me importaba una mierda lo que diría nuestra familia. Sabía que su padre aceptaría nuestra relación, él mismo me lo dijo en su momento. El problema no era él, el problema eran mis padres, sus abuelos y los demás. Me daba igual, no me importaba tener que enfrentarme a quien fuera por ella. Valía la pena y así lo iba a hacer.
Aún faltaba una hora para que ella pudiera bajar ya que le había dicho a las 9 y media, no sabía que hacer, no sabía donde meterme, me estaba comiendo la cabeza y estaba como loco para que bajara, si no lo hacía subiría a buscarla. Tenía ganas de besarla, tenía ganas de poseerla, tenía ganas... Me tense cuando sentí unas manos en mis hombros.
Me di la vuelta y primero la miré a los ojos, luego mi vista fue yendo poco a poco para ver si llevaba lo que le había regalado, y para más felicidad si, lo llevaba. Le cogí una mano, la bese y la acompañé para que se sentara en la silla que tenía en frente.
ESTÁS LEYENDO
El socio de papá.
Teen FictionBarbara 20 años. Christian 34 años. ¿Para el amor hay edad o simplemente es un número mas?
