HABLA CHRISTIAN...
-Estoy embarazada -dijo.
No me lo podía creer, no daba crédito a lo que mis oídos estaban escuchando, estaba feliz y a la vez tenía miedo.
Miedo por no saber como afrontar la situación, miedo por si ella no quería tenerlo, miedo por la situación, miedo por si me dejaba al haber visto lo que vio en mi despacho, que no era lo que parecía, miedo por si no podía ser un buen padre. Mucho miedo.
-Dime algo Christian -dijo ella nerviosa.
Sin decir nada le cogí con la cara con mis dos manos, la miré y se me escapó una lágrima sin querer. Le bese, me beso, nos besamos, como si con eso lo dijéramos todo.
-Te amo Barbara -le dije ajuntando su frente con la mía.
-Yo también a ti, Christian. Pensaba que te ibas a enfadar y que me ibas a dejar por esto -dijo bajando la mirada al suelo.
-Como voy a enfadarme, Barbara. Eres la mujer de mi vida, la luz que me guía, la madre de mi futuro hijo y sobre todo la mujer que más amo en este puto mundo.
Nos levantamos y salimos al jardín para dar un paseo. Le puse mi brazo al rededor de sus hombros y ella se acercó a mi.
Me encanta esta mujer, con tan solo 20 años, lo que puede llegar a causar en mi, igual que yo en ella. Aun sentía como se pone nerviosa cuando me acerco mucho o cuando le rozo.
Caminábamos sin decir nada, con muchos sentimientos encontrados, pero felices por la noticia.
-Barbara, sé que eres muy joven y esto para ti tiene que ser muy fuerte, solo quería decirte que si al final decides no tener a ese bebe yo voy a estar a tu lado y te apoyaré en todo lo que sea.
-Quiero tenerlo, Christian. Creo que si ha llegado ahora es por que era el momento, no me importa la edad que tenga ni me importa nada, ahora mismo solo pienso en el bebe, en ti y en mi.
-Yo también la verdad, no podré separarme de ti en ningún momento. Barbara, ven a vivir conmigo. Por favor -le supliqué.
-Si, creo que será lo más correcto, mi amor. En eso pensaba yo ahora -dijo ella mirándome con miedo.
-Todo saldrá bien pequeña -dije besándola en la frente y abrazándola.
-Eso espero, Christian, eso espero. Mañana tengo visita en el médico para revisar que todo vaya bien con el bebé, ¿quieres venir?
-No me lo perdería por nada del mundo. Estoy deseando contárselo a todo el mundo. ¡VOY A SER PAPÁ! -no podía estar más feliz.
-No grites tanto, Christian, mi padre está dentro y hasta que mañana no vaya a la visita del médico no quiero que nadie sepa nada, quiero que nos digan que todo está bien, entonces luego, lo contaremos. Si te parece bien.
-Me parece bien, aun que todo está bien, ese hijo es nuestro y es muy fuerte.
Ella me miro con su bonita cara y yo no pude resistirme en besarle los labios otra vez.
-Vaya dos tortolitos -escuchamos que dice el padre de Barbara detrás de nosotros.
-Papá -dijo ella regañándolo.
-Vale, vale, no digo nada. Christian acabo de colgar una llamada, eran tus padres, preguntando por como se encontraba Barbara, hemos quedado en hacer una cena mañana aquí, todos.
-Gracias Miguel, con todo el papeleo y demás se me ha olvidado llamarles.
-No te preocupes, tío, está todo bien, ahora.
-¿Nos sentamos? -dijo Barbara señalando la mesa del jardín.
Los tres nos sentamos y empecemos a hablar de todo y de nada a la vez. Estábamos felices por que ya la teníamos aquí y yo sobre todo por qué la tenía y por que tenía el regalo más grande que me podían haber dado dentro de ella, de su barriguita.
-Papá, hay algo que tienes que saber. Iré a vivir con Christian, espero que no te enfades -dijo ella mirando a su padre, se le notaba lo nerviosa que estaba al decir aquellas palabras.
-Sabía que algo me escondíais vosotros dos, pero me parece bien hija, si tu eres feliz yo también, ya lo sabes.
Se me escapó la risa, en realidad lo más fuerte no era eso, pero bueno. Sufría por la reacción de Miguel, es muy protector con su hija y cuando se entere de que está embarazada va a matarme, pero por ella sería capaz de dejar que lo hiciera.
-Te quiero mucho papá -dijo ella.
-Y yo a ti, mi pequeña -dijo él.
Cuando entramos en casa ya era de noche, habíamos pasado toda la tarde en el jardín, hablando y riendo, disfrutando la calma, después de estos días tan malos.
Cuando vi que un coche se la llevaba por delante, me quería morir, quería cambiarme por ella y que me hubiera pasado a mi, no quería escuchar a nadie, quería morirme y pasé todas las horas de allí sin moverme de su lado, no fui capaz de moverme ni un segundo, no dormí, tampoco comí, solo quería que ella estuviera bien y que todo hubiera sido una puta broma. Cuando abrió los ojos y dijo mi nombre, lloré, lloré como nunca antes había llorado, lloré de felicidad y me sentía mal, por que lo que paso fue todo por mi culpa, ella estaba en esa cama sin poder moverse, tan pequeña y débil. Me devolvió la vida cuando abrió esos ojos que tanto me gustaban, me dio la vida cuando escuché que decía mi nombre. Sentí como si nada antes de ella hubiera existido y que mi vida empezó cuando ella apareció. Tan sencilla, tan de verdad, ella tan descarada, tan divertida, ella siendo tan ella. Y no hablemos de su sonrisa, su puta sonrisa, joder, estoy enamorado de su puta sonrisa, es verla y se detiene el mundo, escucharla reír es de las mejores cosas que he podido escuchar en todo este tiempo.
Ella tan perfecta, tan humana, tan de verdad.
Estoy loco, sí, loco por ella, por que es mi oxígeno, sin ella me ahogo, me muero. A partir de ahora seremos tres, pero siempre siendo uno, siempre somos y seremos uno.
No puedo estar tan feliz, por ella, por mi, por nosotros.
ESTÁS LEYENDO
El socio de papá.
Teen FictionBarbara 20 años. Christian 34 años. ¿Para el amor hay edad o simplemente es un número mas?
