La mañana pasó rápido y ya me encontraba saliendo por la puerta con Lucía, habíamos decidido ir a tomar un café en la cafetería que hay en la universidad y hablar un rato. Cuando entramos no había mucha gente y nos sentemos en una mesa que había un poco más apartada. Nos vino a pedir el camarero y cuando nos trajo lo que habíamos pedido empezamos a hablar, no quería interrupciones. Le conté todo lo que pasó y ella no decía nada, sólo me miraba y ponía cara de sorpresa. Cuando termine de contarle todo seguía callada y yo me estaba poniendo nerviosa.
-Se está enamorando de ti, Barbara.
-Eso es imposible Lucía, sólo nos conocemos desde hace una semana, quizá un poco más, pero en tan poco tiempo no se enamora una persona.
-¿A ti te gusta, no?
-Si...
-Lo sabía des de el primer momento en que os conocisteis en el despacho de ti padre. Me gusta para ti, no es como el gilipollas de...-No la deje terminar.
-Calla, no quiero hablar de él.
-Está bien... Solo te diré que te dejes llevar y disfrutes del momento.
-Si, lo aré. El problema es si papá llega a enterarse algún día, Lucía me va a matar. Empezará con su discurso y eso es lo último que quiero.
-Te sorprenderías de lo que es capaz de hacer un padre por su hija, yo no creo que te mate, al principio a lo mejor se lo toma un poco mal, pero si te ve feliz él también lo será Barbara.
-Si, supongo -le dije no muy convencida.
Así estamos un rato hasta que le mando un mensaje a Víctor para que venga a buscarme y llevarme a casa.
HABLA CHRISTIAN...
Iba de camino a la empresa de Miguel, no estaba muy concentrado en lo que debería y eso me preocupaba, nunca me había sentido así con ninguna mujer, Barbara me estaba volviendo loco, no paraba de pensar en ella, no podía sacármela de la cabeza y solo tenía ganas de estar con ella. Tiene un cuerpo y una piel perfecta, a parte que es preciosa. No sabía en que estaba pensando cuando la invite a cenar conmigo esta noche, no se que podría pensar su padre al ver que la voy a buscar, tengo que buscar una buena escusa para poder llevármela.
Aparco el coche y me dirigí hasta la puerta del edificio, el portero me abrió la puerta y se lo agradecí con una media sonrisa. Entré en el ascensor y escuché una voz que me pedía que no se cerraran las puertas, no podía ser verdad.
-Barbara... -la miré con una sonrisa.
-Hola Christian, ¿qué haces aquí? -me preguntó ella.
-Había quedado con tu padre para acabar de solucionar unos asuntos, ¿y tú?
-He venido a verle -dijo encogiéndose de hombros.
Las puertas del ascensor se cerraron y ahí estábamos los dos solos, en silencio. La miraba de reojo y podía ver como se arreglaba un poco la ropa mientras se miraba en el espejo. Quería besarle, necesitaba sentirla.
Me puse detrás de ella y la abracé por la cintura, ella me miró sorprendida y se giro, quedemos frente a frente, muy cerca. Quería besarle pero no sabía si ella iba a aceptarme, que demonios pasaba conmigo. Estaba nervioso y con miedo a ser rechazado, así que no me moví.
Se acercó a mi lentamente, me cogió de la corbata y me besó.
-Me gustan tus labios -me dijo mirándome.
De golpe las puertas del ascensor se abrieron y nos tuvimos que separar. Ella salió primera y luego salí yo. Entremos en el despacho de su padre y esté nos hizo una seña con el dedo para que esperáramos un momento, estaba atendiendo una llamada.
Cuando Miguel colgó la llamada, fijo la vista primero en su hija, esta se tiro encima suyo y empezó a darle besos en toda la cara, algo que me molestó, no sé por qué.
¡Es su padre! me dijo mi subconsciente. Era cierto, pero ahora que la había tenido en mi cama solo la quería para mí.
-Hola Christian -me dijo Miguel dándome la mano para saludarme.
-Hola Miguel -le respondí yo, de la misma manera.
-Papá, solo he venido a verte, ahora ya me voy que Víctor me está esperando a bajo en el coche -dijo Barbara a su padre.
-Nos vemos en casa, vendré en cuanto termine esto hija, no tardaré mucho, ¿cenamos fuera hoy? -le dijo él.
-Verás, es que ya he quedado para cenar papá -le dijo ella mirándome.
-¿Con quién vas a ir Barbara? -yo de golpe me tense, pero no dije nada.
-Con Christian -dijo ella tan tranquila.
-Está bien. Pórtate bien y no hagas de las tuyas cariño -le respondió él tranquilamente.
Se despide de su padre con un beso en la mejilla y viene hacia mi, hace lo mismo y se despide con la mano de los dos. Me la quedo mirando por unos segundos y le sonrío.
Cuando cierra la puerta el primero en hablar es Miguel.
-Así que vas a cenar con mi hija, veo que os lleváis muy bien -me dijo él con una voz más gruesa de lo normal.
-Sí, nos llevamos muy bien -le dije algo nervioso.
-Me parece bien, vais a trabajar juntos y lo mejor para ambos es que tengáis un buen trato.
-Sí -quería decirle que su hija me gustaba, que me volvía loco, pero seguro que me mataba allí mismo.
-No hace falta que me des explicaciones de ningún tipo, es mi hija y la conozco, sé perfectamente cuando alguien le gusta y por su comportamiento se que tú le gustas. No quiero que le hagas daño, no quiero que juegues con ella y si le haces daño, te juro por lo que más quiero en la vida que es ella, te arruino la vida, por muy amigo mío que seas y mando a la mierda todo lo que tenga que ver contigo en esta empresa -me dijo en un tono amenazador.
-No te preocupes, tu hija me gusta y no pienso hacerle daño, no voy a jugar con ella y tampoco le haré sufrir. Me vuelve loco, tiene un carácter especial, es preciosa y nunca había sentido algo así por nadie. Esto es nuevo para mi, no pienso cagarla, no con ella -le dije muy convencido de mis palabras.
-Eso espero, eres un buen hombre y mi hija se merece lo mejor, ya hemos sufrido bastante. ¿Esta noche ha estado contigo verdad? -la pregunta me pillo por sorpresa y no sabía que responder, no sabía si debía decirle la verdad o no.- Mi hija podrá engañarme, pero tú no. Sé que ha estado contigo. Si ayer la dejé contigo fue por que me fío de ti, sé que no dejarás que nada malo le pase y eso es lo que me hace sentir tranquilo. Os he visto en más de una ocasión, lo de esconderos bien no es lo vuestro amigo. Que yo no haya dicho nada es muy diferente. Ella es feliz y quiero que siga así. No quiero problemas, ¿entendido?
-Más claro imposible, Miguel -le dije contento por como se lo había tomado.
No es que ya fuéramos novios, a penas nos conocíamos, solo sabía que no la quería lejos de mi. Me gustaba, me volvía loco, sólo de pensar en que otro se le acerca me cabrea mucho y no lo permitiré. Es mía, es mía des de el instante en que la vi. Suena mal, lo sé, pero no la quiero con otro, la quiero conmigo, siempre.
¿Estaba loco? No. ¿Amor? No lo creo, no aún. Sólo sé que no podía dejar de pensar en ella, no podía estar con otra mujer, no podía ni siquiera pensar en otra, ella era la única que me hacía perder la cabeza, el sueño y el control sobre mi que tanto tiempo me ha costado tener.
ESTÁS LEYENDO
El socio de papá.
Novela JuvenilBarbara 20 años. Christian 34 años. ¿Para el amor hay edad o simplemente es un número mas?
