CAPITULO 9.-

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Cuando salimos de casa con papá, subimos al coche y ninguno de los dos dijo nada. Lleguemos a la floristería para comprar las flores favoritas de mamá. Siempre que podía iba a verla, pero sólo le llevaba sus flores favoritas una vez al año. El día de su cumpleaños y el día que murió. 

Ella estaba enferma y la enfermedad pudo con ella. A veces, por mucho dinero que tengas, por muy buenos hospitales que te acojan y aun que te atiendan los mejores doctores, no puedes hacer nada. Simplemente, tu cuerpo se apaga poco a poco hasta que llega un día que ya no puede más y entras en un sueño profundo, con la diferencia que no vuelves a despertar nunca más. 

Al principio fue muy duro para mi y sobre todo para papá, yo era muy pequeña, a penas tenía dos años cuando falleció.  Ahora hemos aprendido a vivir con ello, no niego que me haga falta, la recuerdo muchísimo y papá igual. 

Ahora nos encontramos de camino al cementerio donde está. Vengo muy a menudo, sobre todo cuando tengo un mal día o simplemente cuando necesito un poco de paz. Por muy extraño que parezca allí me encuentro tranquila y protegida, la siento de nuevo conmigo aunque solo sea por unos instantes. 

Llegamos y aparcamos el coche, no hay nadie hoy y la verdad lo agradezco. Bajamos del coche y vamos directos hasta dónde está mamá. Pongo las flores en un jarrón y lo dejo a su lado, me pongo la mano en los labios en modo de beso y toco el mármol. Está frío. Se me cae una lágrima y noto como papá me abraza por la espalda. No decimos nada ninguno de los dos y ahí nos quedamos por unos minutos. 

-Siempre se van las personas buenas -le digo a papá que me mira con cariño y a la vez con tristeza.

-Nadie se va si su recuerdo vive dentro de ti, justo aquí -dijo el señalando el corazón.

Le abrazo por un rato más, nos despedimos de mamá y nos vamos hasta el coche. El camino hasta casa fue silencioso, ni papá ni yo dijo nada. Somos muy parecidos con el carácter. 

Lleguemos a casa y me senté en el sofá, la nana vino y me acaricio la mejilla. Me acabé tumbando en el sofá quedándome completamente dormida. 

-Mi niña, despierta. Vamos, come algo y luego ve a ducharte, hay que arreglarte para la gala de esta noche -me dijo la nana apartándome el pelo de la cara y dejándolo detrás de la oreja. 

Solo asentí y me levante despacio. Me levante del sofá y fui directa a la cocina. Allí vi un plato con la comida.

-¿Papá ha comido? -le pregunté a la Nana.

-Si querida, el ha comido hace un rato, Ahora siéntate y come Barbara, necesitas alimentar ese cuerpecito y estar bien para luego. 

Una vez he terminado de comer subo a mi habitación, miro la hora en el reloj y aun tengo tiempo. Son las cuatro de la tarde y hasta las ocho no nos vamos. Empiezo a llenar la bañera de agua caliente, cuando ya esta llena echo sales de baño, me quito la ropa y me meto dentro.

Ahora mismo daría las gracias a quién fuera por la depilación láser, por que si tuviera que depilarme no lo haría, me da muchísima pereza. Destapo un poco el botón de la bañera para vaciar un poco de agua en lo que me enjabono el cabello, me lo enjuago y vuelvo a poner el tapón. Me aplico una mascarilla en el pelo y me pongo cómoda en la bañera. 

Pasa un buen rato y decido salir ya o acabaré demasiado arrugada y me confundirán con mi abuela. Me río sola por el estúpido pensamiento que he tenido. 

Busco en mi cajón la ropa interior que usare esta noche, no usaré sujetador ya que la espalda del vestido es descubierta. Me pongo una bata de seda para estar más cómoda y aviso a la Nana para que me ayude con el peinado. He decidido hacerme un moño para que la espalda se vea bien y verme más elegante. Siempre lo llevo suelto o con coletas. Así que hoy he decidido cambiar un poco mi look. 

El socio de papá.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora