La maldita alarma, otra vez. No lo pienso y me levanto, voy al baño y me meto en la ducha, en cinco minutos estoy lista ya que el pelo no me lo he mojado, me haré una cola alta, luego ya me volveré a duchar. Salgo del baño y veo a Lucía sentada en la cama.
-Vamos dormilona, tienes el baño para ti -le digo con cariño.
No me dice nada, solo asiente y desaparece por la puerta del baño. Voy a mi vestidor a ver que me pongo hoy. Busco un tejano y un jersey, me lo pongo y busco mis bambas, hoy quiero ir cómoda, estoy cansada, tengo sueño y no soy persona ahora mismo.
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Me recojo el pelo y me hago una coleta, me maquillo un poco para quitar las ojeras de mi cara y listo. Busco el bolso y meto lo necesario, los apuntes y el ordenador, hoy es viernes y por suerte solo voy las tres primeras horas.
-Lucía, te espero a bajo que necesito un café con urgencia.
Sin esperar respuesta salgo de la habitación, miro la hora en el reloj y aún tengo media hora para beber el café tranquila.
Cuando estoy bajando las escaleras escucho a papá hablando con alguien. Esa voz... No puede ser verdad. Entro en la cocina y si, no podía empezar mejor el día.
-Buenos días -digo sin más. Saludo a papá con un beso y voy directamente a dónde está la Nana.
-Nana, me pones el café para llevar hoy, me lo tomaré de camino a la universidad, por favor -dije dándole un beso a ella también.
En este momento aparece por la puerta Lucía, que me mira con su típica sonrisa de perdona vidas. No le hago caso y salgo a fuera, necesito un puto cigarro.
Sale detrás de mi y se enciende otro cigarro. No le da tiempo a decir nada, ya que justo en ese momento sale papá.
-Hija, te tengo dicho que no fumes cuando te levantas y menos sin haber comido nada antes. No me gusta que fumes y te lo perdono, pero apaga eso, entra y come, luego fuma lo que quieras -vale, no soy la única que ha dormido como el culo hoy. Papá también.
No le contesto, así que apago el cigarro y entro. Por suerte la Nana ya tiene el café preparado y el de Lucía también. Que mujer más apañada. La quiero mucho.
-Papá, nos vamos ya a la universidad, luego nos vemos. Cuando salga te llamo. Te quieroooo -pero antes de salir me detiene.
-Barbara, cuando salgas de la universidad ven a la empresa, te necesito ahí hoy. Yo también te quiero hija, conduce con cuidado -me da un beso en la frente y se va con Christian, que no me ha quitado la mirada de encima en ningún momento.
No se ni como mirarle a la cara, me da vergüenza después de lo que pasó ayer. De lo que le dijo Lucía y de lo que pasó entre nosotros. Aún no me quito de la cabeza lo que me dijo antes de irme. No puede ser, él también había bebido, se lo noté cuando le besé. Madre mía, podría hacer como que no me acuerdo y ya esta, sí, eso aré.
Minutos después, lleguemos al estacionamiento de la universidad, ni Lucía ni yo dijo nada en todo el camino, la resaca que teníamos era importante y aguantar tres horas se iba a hacer difícil.
Antes de salir del coche Lucía me detuvo.
- Oye, tía, lo siento por lo que le dije ayer al Señor Fierro, te juro que no sabía lo que decía, no te enfades conmigo, por favor -se le notaba preocupada, la verdad no estaba enfadada, molesta sí, pero no con ella, conmigo misma.
-No te preocupes Lu, no pasa nada de verdad. En realidad le dijiste la verdad, algo que yo nunca me hubiera atrevido a hacer. Ahora que ya hemos hablado,¿podemos irnos? Entramos tarde ya -le dije con cariño.
-Si, vamos. Espera un momento. ¡Te gusta! Lo acabas de admitir, ¡TE GUSTA! -me dijo chillando.
-¡Shh! Nos está mirando todo el mundo Lucía, habla más flojo, por favor. Sí me gusta, pero no se lo diré y tu tampoco, ayer ya dijiste suficiente. Es el amigo y socio de mi padre, mi futuro jefe y no hay nada más que decir. Vamos, entra.
Pasaron las tres horas más largas de toda mi vida. No podía creer que el tiempo pudiera llegar a pasar tan y tan lento. El dolor de cabeza no se iba ni con las dos pastillas que me había tomado.
Hoy no tenía que esperar a Lucía ya que sus padres ya habían llegado y se iba a ir directa a su casa, después de dos semanas sin verles era lo normal. Aunque ella y sus padres venían esta noche a cenar a mi casa o eso me dijo antes de despedirse cuando entrabamos a clase.
Le mande un mensaje diciendole que ya me iba, al que respondió enseguida.
Llegué a la empresa y subí directamente al último piso sin saludar a nadie.
-Hola, Cindy -le dije a la secretaria de papá.- ¿Puedo pasar ya?
-Si, Barbara, te están esperando -me dijo ella con una sonrisa amable.
Tenía ganas de llorar, hoy no era mi día, así que, dando un fuerte suspiro, asentí sin decir nada y me dirigí hacia el despacho de papá.
-Barbara, ¿Estás bien cariño? -me dijo Cindy preocupada.
-Oh, sí, no te preocupes Cindy, un mal día, estoy bien -le devolví la sonrisa y entre.
Papá ahora estaba solo, pero había dos cafés en la mesa, supongo estaba con algún socio o algún cliente.
-Hola, mi niña -dijo papá sin mirarme, sabía que era yo, seguro Cindy le había avisado de que ya estaba ahí. Levanto la mirada y su gesto cambio a uno de preocupado. - Pero cariño, ¿que es lo que te pasa?
No dije nada, simplemente me senté en sus piernas como cuando era pequeña y lloré, lo necesitaba. Sabía cual era el motivo por el cual yo estaba así, no dijo nada y me abrazó. El domingo hace 18 años que murió mamá y aunque a penas la recuerde por que solo tenía dos años, me hace mucha falta, muchísima.
-Vamos, cariño. Todo estará bien, ella no querría verte así, princesa. Mira en la mujer que te has convertido, ella estará muy orgullosa de ti y de todo lo que has logrado. Eres una mujer muy lista, buena y muy guapa, no llores mi niña, no me gusta verte así -me dijo en un tono suave y cariñoso.
De golpe se abrió la puerta.
-Perdon, pensaba que estabas solo, no sabía que ya había llegado Barbara, estaré a fuera esperando -Christian, me miró y por un momento vi como su mirada demostraba preocupación, ¿por mi? No lo creo.
-Princesa, ¿estás bien? -me dijo papá.
-Sí, papá, ahora ya sí. Te necesitaba conmigo, ahora ya estoy bien. Quédate Christian, perdón por el teatro que acabas de ver -les dije a ambos.- ¿Papá puedo ir a por un café y vuelvo? Solo serán dos minutos.
Mi padre asintió y no me quito la mirada de encima, se le veía triste.
-Hija, te quiero muchísimo -me dijo antes de que saliera de su despacho.