CAPITULO 23.-

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La noche de ayer estuvo muy bien, demasiado diría yo. Hoy tengo un dolor de cabeza que no puedo ni abrir los ojos. Papá se ha ido hace un rato y hemos quedado en que la próxima semana iré a verle. No podía creer que ayer Christian viniera con esa tipa a mi fiesta de graduación,no podía sacarlo de mi cabeza y mi mal humor hoy no podía estar peor. Ni un maldito mensaje, ni una disculpa, ni una llamada, tampoco lo esperaba, pero después de a ver estado conmigo varias veces compartiendo la cama... Es un mujeriego, tienen razón los periodistas cuando hablan sobre él. Pensaba que sería diferente, pero no. 

 Cuando le vea no pienso decirle nada, mañana empiezo a trabajar con él y lo único que hablaré será acerca del trabajo, nada más, yo no soy de las que le gusta compartir a un tío. Más tarde he quedado par ir a comer a algún lado con Lucía, pero como aún tengo tiempo voy a darme un baño relajante, necesito despejar la mente. 

Subo a mi habitación y en lo que se va llenando la bañera, voy escogiendo la ropa que me pondré para salir. Una vez llena, me desvisto y me meto dentro.

No sé cuanto rato ha pasado, el agua ya está fría y mis manos arrugadas. Salgo y enrollo mi cuerpo en una toalla para salir del baño. 

Me peino y me visto, ahora ya estoy lista para salir. Me miro al espejo, sacó mi móvil y me hago una foto para colgar a mis redes sociales, las tengo abandonadas. 

Voy al perfil de Instagram de Christian y reviso sus últimas publicaciones, no hay nada nuevo, así que cierro el móvil y lo meto en mi bolso

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Voy al perfil de Instagram de Christian y reviso sus últimas publicaciones, no hay nada nuevo, así que cierro el móvil y lo meto en mi bolso. Escucho el ruido de un coche y bajo hacía bajo, Lucía ya habrá llegado. 

Meto mis tarjetas de crédito junto con mis llaves dentro del bolso y salgo. No me creo lo que veo. Christian bajando de su coche.

-¿Que se supone que haces aquí? -le digo con reproche al ver que él no dice nada. 

-Venia a disculparme por lo de ayer -dijo él mirándome con cierta tristeza, cosa que no me creía. 

-No tienes por que disculparte por nada, te recuerdo lo que te dije ayer, tú y yo no somos nada, ¿entiendes? -le dije lo más fría que pude. 

-Escucha Barbara, yo no quería... -Le corté, no quería escuchar nada más.

-Está bien, Christian, no hay nada de lo que hablar.

-Pero Barb...

-Me voy, me están esperando -le dije viendo aparecer a Lucía por la puerta.- Nos vemos mañana en la empresa. Adiós Christian -me fui sin darle tiempo a responder. 

Subí al coche de Lucía y la saludé, ella me miro extraña pero no dijo nada, simplemente me saludo de la misma manera y se encamino hasta el centro comercial donde íbamos a comer. 

Después de varias compras y de comer en un restaurante nos fuimos a casa, me dejó en la mía y ella se fue a la suya, no sin antes quedar para ir a tomar algo mañana cuando saliera de trabajar. 

Dejé las bolsas de la ropa que compre encima de mi cama, detrás de mi entró la nana y empezó a colocarlo todo en su sitio. Hablemos por un rato y cuando salió de la habitación me tumbe en la cama quedándome dormida. 

Me desperté cuando alguien toco la puerta. 

-Adelante -supuse que sería la nana así que no abrí ni los ojos.

Sentí como la cama se hundía a mi lado y abrí lentamente los ojos. Me levanté de golpe y parpadee un par de veces.

-¿Que haces aquí, Christian? ¿Que quieres?

-Quería verte y explicarte lo de ayer. No es lo que crees Barbara, lo juro.

-Mira, no tienes que darme explicaciones de ningún tipo, no quiero escuchar más mentiras, no me apetece ni hablar, así que si me disculpas seguiré durmiendo. 

-No me iré hasta que no me escuches -dijo él tumbándose en mi cama. 

-Entonces, buenas noches -le dije mientras me giraba y le daba la espalda.

Él no dijo nada, tampoco se movió de ahí, simplemente me abrazó y me acercó hasta él, no se lo impedí, se sentía muy bien. No sabía que me pasaba, cuando él estaba tan cerca de mi, mi cuerpo no reaccionaba como debía. En realidad, sabía que si seguíamos con este juego la que iba a salir perdiendo sería yo. 

Nos quedamos dormidos, al cabo de dos horas me desperté en la misma posición en la que me quedé dormida, él aún seguía aquí, estaba dormido. Sin hacer mucho ruido me levanté de la cama y baje a la cocina, era tarde, la nana ya estaría dormida. Abrí la nevera y saqué agua para ponerme en un baso. 

Cogí el baso y salí al jardín a fumar un cigarro. No llevaba zapatos y noté enseguida el frío en mis pies.

De golpe sentí unas manos en mi cintura que de inmediato supe de quién eran. 

-No hagas eso -le dije sin girar a verle la cara. 

No quito sus manos de ahí, me dio la vuelta quedando de frente a él. Me sacaba una cabeza así que tenía que levantar la cabeza para mirarle a los ojos. Algo que no quería hacer, ya que si le miraba me ganaba.

-Mírame -dijo él levantándome la cara por para verle.

-¿Que quieres, Christian? Ya te he dicho antes que no teníamos nada de lo que hablar. 

-Te quiero a ti, Barbara.

Me quito el cigarro de la mano y lo apago en el cenicero. Me cogió en brazos y me dejo con cuidado en la mesa de la cocina. Empezó a darme pequeños besos en el cuello que me hacían estremecer. Me cogió la cara con sus dos manos y me besó en los labios, al principio no le seguí el juego pero al final me convenció. Puse mis manos en su cuello y lo acerqué más a mi. Al principio era un beso lento que de un momento a otro se volvió desesperado. Ambos nos necesitábamos.

Le desabroche la camisa y el me quito el jersey que llevaba, cada caricia que dejaba en mi cuerpo hacía se me pusiera la piel de punta. Le desabroche el pantalón y se los baje junto con los calzoncillos. No podía creer que su miembro ya estuviera a punto para entrar dentro de mi, sin embargo no lo hizo aún, me subió la falda y de un tirón me arrancó mi ropa interior. Con sus dedos empezó a acariciar mi parte más intima, haciéndome gemir de placer, a punto de llegar al clímax paro. Me acercó mucho más a él y sin esperar más entro dentro de mi, fue algo bruto, pero me encantó. Cada embestida era más y más fuerte y yo no podía parar de gritar del placer que sentía. 

A los segundos los dos nos corrimos. Con la respiración agitada salió de dentro de mi y me miró a los ojos, me dio un beso en los labios y me llevo a la cama en brazos. Se tumbo a mi lado y nos quedemos dormidos en un momento. 

No podía creer lo que había ocurrido momentos antes, eso no era lo que yo tenía pensado. Mañana empezaba a trabajar con él, él sería mi jefe y no podía permitir que la gente pensará que estaba ahí por acostarme con el dueño de la empresa. Esto no podía saberlo nadie. 

Pensando en lo que había pasado y en lo que pensaría la gente si se llegara a enterar me quedé dormida.




El socio de papá.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora