La puerta se cerró con un sonido bajo, amortiguado, casi reverente. Como si incluso la madera comprendiera que había cosas que no debían interrumpirse. Dentro, Némesis respiraba con dificultad contenida, esa respiración irregular de quien ha sobrevivido a algo que el cuerpo todavía no termina de entender. Afuera, el pasillo conservaba el eco del ritual, una vibración residual que parecía adherida a las piedras. El aire no fluía igual. Pesaba.
Meliodas caminaba sin registrar del todo el trayecto. Sus pasos eran automáticos, pero su mente no lo era. No estaba pensando con claridad; estaba repasando imágenes. La negrura latiendo bajo la piel de Némesis. La forma en que esa energía se aferraba como si tuviera voluntad propia. El instante exacto en que comprendió que no podrían salvar el brazo sin perderla a ella. La decisión. El filo. La sangre.
Lo cruel que había sido todo.
Lo cruel que había sido para ella desde el principio.
La habitación estaba en una de las alas más alejadas del castillo, y aun así el recorrido hasta el gran salón se le hizo demasiado breve. Necesitaba más tiempo. Más distancia. Algo que lo ayudara a ordenar lo que acababan de hacer. Pero el castillo no concedía treguas, y al cruzar las puertas abiertas del salón principal, el peso de las miradas lo recibió de golpe.
Los Pecados estaban allí, dispersos por el espacio sin un orden claro. Nadie hablaba. Nadie fingía normalidad. No habían formulado la pregunta que les quemaba la garganta, pero la pregunta estaba en el aire. La habían sentido durante semanas. Desde que Némesis fue aislada porque aquellas raíces reaccionaban violentamente a cualquier proximidad. Desde que empezó a debilitarse de forma alarmante. Desde que Meliodas iba y volvía cada día con el gesto un poco más tenso, un poco más serio.
Él les había contado lo necesario. El brazo. La maldición. La intervención de Merlín. El riesgo creciente. Pero lo que sucedió dentro de esa habitación había sido algo más profundo que una simple purificación.
Habían sentido el zumbido del ritual recorrer el castillo como un latido forzado. Habían sentido el momento exacto en que la energía se rompió, abrupta, cortada. Algunos habían visto la sangre. Y todos, absolutamente todos, habían visto la expresión de su capitán al salir.
Meliodas avanzó hasta quedar frente a ellos con pasos medidos, como si cada uno estuviera calculado para no dejar escapar nada de lo que realmente estaba sintiendo. Su expresión era serena, casi neutra, pero en él esa calma nunca era inocente. Era contención. Era una decisión consciente de no permitir que lo que había visto en esa habitación se filtrara sin control.
Los Pecados estaban nerviosos, pero nadie se movió cuando él entró.
Ban fue el primero en hablar. Su tono carecía de burla, y eso por sí solo ya era grave. Sus ojos rojos estaban fijos en los de Meliodas, atentos, casi buscando grietas.
— Dime que no fue lo que parece.—
Había tensión en su voz, pero también algo más crudo, más personal. Había visto el destello de energía. Había olido la sangre.
Meliodas sostuvo su mirada sin apartarla.
— Fue peor.—
La respuesta no fue alta, pero atravesó el salón como un golpe seco. Diane frunció el ceño, negando apenas con la cabeza, como si pudiera revertir lo que su instinto ya había comprendido. King descendió unos centímetros, su almohada vibrando con inquietud. Elizabeth apretó la tela de su vestido entre los dedos, aún pálida por su propia recuperación, pero olvidándose de sí misma.
Meliodas caminó hasta la ventana y miró hacia el exterior, hacia Lionés reconstruyéndose piedra a piedra. La vida intentando recomponerse. Apoyó la espalda contra la pared y cruzó los brazos, no para protegerse, sino para mantener firme el pulso. Permaneció en silencio unos segundos, demasiado largos, antes de hablar.
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◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -
Fanfiction𝑺𝑰𝑵𝑵𝑬𝑹 ┆❛ 𝙏𝙚𝙣í𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙤𝙟𝙤𝙨 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙡𝙖 𝙡𝙡𝙪𝙫𝙞𝙖, 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙡𝙤 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙤𝙣𝙙𝙖𝙨 𝙮 𝙪𝙣 𝙖𝙡𝙢𝙖 𝙩𝙖𝙣 𝙫𝙖𝙨𝙩𝙖 𝙮 𝙥𝙧𝙤𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙚𝙡 𝙤𝙘é𝙖𝙣𝙤. . . 𝙎𝙪𝙥𝙤𝙣𝙜𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙨𝙤 𝙩𝙚𝙣𝙞𝙖 𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙧�...
