Alzó la mano lentamente y recorrió con los dedos la línea de su mandíbula. Su piel era firme, suave, pero debajo sentía el pulso constante. El control.
— Tienes una cara tan bonita. —murmuró, deslizando el pulgar hacia su barbilla — ¿Te consigue todo lo que quieres?—
Ella sostuvo su mirada. Hierro azul contra oscuridad.
— Casi.—
— No me gusta ese "casi". —
— No todo gira en torno a ti.—
La respuesta fue precisa. Controlada. Exactamente como ella.
Y ahí estaba esa hambre otra vez. Hambre de su reacción. Hambre de romper esa superficie intacta. Hambre de esa grieta diminuta que a veces aparecía en su compostura perfecta. Pero ahora había algo más mezclado con ese deseo.
Su mano descendió desde su mentón hasta su cuello, sus dedos rodeándolo sin apretar del todo.
— Todo lo tuyo me concierne. —murmuró, su voz más grave— Y si te falta algo... no pienso permitir que alguien más crea que puede dártelo.—
— ¿Eso es una amenaza? —
— Es una advertencia.—
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