Merlín fue la primera en moverse.
La intimidad no se rompió de golpe; se deshizo con la misma delicadeza con la que se apaga una llama cuando aún queda calor en el aire. No fue distancia, fue urgencia. Se incorporó despacio, como si temiera que un movimiento brusco pudiera arrancar algo más que silencio, y comenzó a trazar símbolos en el aire con la yema de los dedos. No brillaban. No ardían. Eran líneas que no existían para los ojos, solo para la voluntad que las sostenía.
—No debemos apresurarnos —murmuró—. Si el ritual nace torcido, el anclaje se defenderá.—
El ambiente cambió después de decir eso.
No fue un estallido, sino una presión creciente, como si la sala respirara más hondo, como si el espacio mismo se hubiera vuelto más pesado. Las sombras se alargaron apenas, estirándose hacia el centro, hacia el cuerpo inmóvil de Némesis, como si algo antiguo hubiera despertado y comenzara a prestar atención.
Merlín dispuso cuatro objetos a su alrededor, formando un círculo imperfecto, casi humano: una piedra oscurecida por el tiempo, un cuenco de agua quieta, un fragmento de metal gastado y una llama pequeña, contenida en cristal. No eran reliquias de poder, eran recordatorios, de equilibrio, de permanencia.
—Esto no es un hechizo de fuerza —explicó—. Es uno de reconocimiento. Su cuerpo tiene que entender que ya no pertenece a nadie.—
Se arrodilló junto al brazo herido.
Las raíces reaccionaron de inmediato.
Un pulso profundo recorrió su entramado, más intenso que antes, como un corazón que no era suyo golpeando desde dentro. La piel se tensó, oscureciéndose apenas, y Némesis dejó escapar un gemido bajo, involuntario, cargado de un dolor que no necesitaba conciencia para existir.
Meliodas se tensó por completo.
El sonido le atravesó el pecho.
—¿Eso... eso es normal? —preguntó, incapaz de ocultar la inquietud en su voz.
—Sí —respondió Merlín sin apartar la mirada—. Sienten que algo las observa. Y no les gusta.—
Colocó dos dedos sobre la piel, esta vez sin vacilar. La magia fluyó lenta, precisa, como un murmullo antiguo aprendido de memoria. Las raíces se agitaron, contrayéndose, intentando aferrarse, como un reflejo de supervivencia.
—Primer paso —anunció—: despertar el vínculo.
El cuerpo de Némesis respondió con un espasmo leve. Su respiración se quebró, irregular, como si el aire le costara más de lo normal. El ceño se le frunció, y algo invisible pareció agitarse detrás de sus párpados cerrados, como un recuerdo empujando desde dentro.
Meliodas se acercó sin pensarlo. Se sentó a su lado, obedeciendo a Merlín, pero también a algo mucho más profundo. No apartó los ojos de ella ni un solo instante, verla así le dolía de una forma distinta.
No era solo miedo, era la certeza de que estaba luchando... incluso sin saberlo.
—Háblale —le indicó Merlín—. No al vínculo. A ella.—
Meliodas tragó saliva pero asintió, acercándose, cuando habló, su voz tembló, pero no retrocedió.
—Némesis... —susurró, inclinándose hacia ella—. Estoy aquí. De verdad. Estás a salvo... ya no tienes que huir.—
Las raíces se tensaron al instante, crispándose, como si esas palabras fueran una amenaza directa.
Merlín alzó la mano, miró un segundo a su Capitán, asintiendo. —Segundo paso —continuó—: confrontación.— El círculo respondió. El agua del cuenco vibró, formando ondas suaves. La llama osciló, inquieta. La piedra oscura pareció beberse la poca luz que había. —Ahora —dijo— el ritual va a forzar el recuerdo. No el que ella elegiría... sino el que el vínculo necesita para mantenerse.—
El cuerpo de Némesis se arqueó de golpe.
Un grito ahogado rasgó el aire, roto, instintivo, cargado de un terror que no pertenecía solo al presente. Su mano libre se cerró con fuerza, buscando algo desesperadamente, como si se estuviera cayendo.
Meliodas la tomó sin dudarlo.
Entrelazó sus dedos con los de ella, firme, real.
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◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -
Fanfiction𝑺𝑰𝑵𝑵𝑬𝑹 ┆❛ 𝙏𝙚𝙣í𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙤𝙟𝙤𝙨 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙡𝙖 𝙡𝙡𝙪𝙫𝙞𝙖, 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙡𝙤 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙤𝙣𝙙𝙖𝙨 𝙮 𝙪𝙣 𝙖𝙡𝙢𝙖 𝙩𝙖𝙣 𝙫𝙖𝙨𝙩𝙖 𝙮 𝙥𝙧𝙤𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙚𝙡 𝙤𝙘é𝙖𝙣𝙤. . . 𝙎𝙪𝙥𝙤𝙣𝙜𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙨𝙤 𝙩𝙚𝙣𝙞𝙖 𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙧�...
