Los Winchester estaban absolutamente estupefactos cuando Castiel terminó con su relato de las cosas. Sentados frente al ángel, en su mesa de restaurante, no paraban de observarle. Boqueaban, cambiaban de expresión e intentaba pronunciar alguna palabra, pero esto era... insólito.
- ¿Cómo demonios terminaste en este enredo? – Terminó por hablar Dean por los dos.
Castiel creía haber dejado claro cómo se desarrolló cada cosa, evitando algunos detalles que los Winchester no necesitaban saber. Pero Dean se refería a la toma de decisiones tan fuera de lógica para él, cualquiera en su sano juicio hubiese escapado de Michael o muerto, lo más fácil primero.
- Comprendo que no lo entienda, y yo tampoco lo haría sino estuviese de este lado del cristal. – Dijo el ángel, cabizbajo. – Pero no me arrepiento de nada.
- Pues aún estas a tiempo. – Comentó Sam.
- Por supuesto. – Apoyó el hermano mayor. – Tienes que alejarte de ese sujeto.
- No.
Era una decisión tomada e irrevocable para el ángel. No había luchado tanto para ser aceptado por el otro, para ahora renunciar a él. Michael podía haberle hecho daño hace apenas unas horas, pero ese no era él. Era la marca a quien culparía de todo el daño, y no importaban los comentarios ajenos.
- Sabes de lo que es capaz Lucifer, ¿No? – Interrogó Dean, recibiendo la afirmativa de Cas. – Pues eso es exactamente lo que es Michael ahora, Cas.
- Entendemos cómo te sientes, pero va a matarte. – Agregó Sam.
Castiel elevó su mirada, negando suavemente.
- No lo entienden. Le amo, y es todo lo que tengo. – En su voz la desesperación. – Me necesita y yo lo necesito.
- Nos tienes a nosotros, Cas. – Sonrió el pelilargo. – Puedes volver a él... si esto se soluciona.
- Agradezco su sincera amistad, pero no pertenezco aquí, y solo he causado problemas a todos.
Los hermanos no lograron convencerle de nada. Aunque Cas sí aceptó dos abrazos y un deseo de buena suerte, más la promesa de volver a verse. Cumplió su misión rápidamente, y volvió a casa. Rompiendo los anhelos de Michael para que se marchara y huyera de él.
Para su sorpresa, Michael le esperaba en la habitación. Solo con sus pantalones y la camisa desabotonada. Como la noche pasada, estaba agotado. Todo se desarrolló con tanta normalidad que pensó que soñaba. Más rápido de lo pensado, estaba entre los brazos del arcángel, besándolo apacible.
Mantuvieron ese ritmo durante mucho, como si quisieran hacerlo eterno. Ambos necesitaban esa paz, esa calma en medio de tantos tornados. Rodaron entrelazados sobre la cama, sin más intenciones que la apreciar cada suave caricia.
Todo era irrealmente perfecto, hasta que Michael lo notó. La blanca camisa de Castiel, no era tan inmaculada como la recordaba. Al principio, creyó que se trataba del resultado de su pelea anterior, pero eso no era sangre.
- ¿Qué es eso? – Interrumpió el mayor, parando toda acción para observar al ángel bajo su cuerpo.
Cas siguió la mirada de Mike, descubriendo la manchita roja, justo a un lado de donde debería estar su corbata. Quizás no pensar en su respuesta fue su peor error.
- Seguramente Dean me manchó con pie cuando nos desp... -
- ¿Dean? Fuiste a ver a los Winchester. – Confirmó para sí mismo, apartándose del ángel. – Eso explica el repugnante aroma a cazador en tu ropa.
- Pero solo fue...
- ¿Qué mierda haces aquí entonces? ¿Burlarte de mí?
Castiel buscó acercarse. Mike no parecía estar perdiendo el control, pero si sonaba herido.
- Michael, no me iré, ya te lo dije. – Reafirmó, buscando el roce de los labios ajenos.
- Porque siempre haces lo que se te da la gana, ¿No? – Sonrió apartando la mirada.
- Solo no quiero estar lejos de ti, es todo.
Para cuando la mirada del arcángel volteó hacia Castiel, el carmesí adornaba sus ojos y era demasiado tarde para que el ángel escapara. Michael asió por el cuello al menor, apretando con su diestra hasta que Cas pensó que sus huesos se romperían.
- Te quiero lejos, lejos de mi maldita existencia. – Pronunció con los dientes apretados y la respiración pesada. – Desaparece.
Castiel clavó sus uñas en el brazo del arcángel, intentando detenerlo, pero cada segundo empeoraba. Su mirada en lágrimas luchaba con la furia en el rojo sangre de los ojos de Michael.
- No sé qué demonios estaba pensando cuanto te deje vivir.
Levantándolo sin demasiado esfuerzo, Michael lanzó a Castiel fuera de la cama, con la fuerza suficiente para que chocara contra el muro. Recuperando el aliento, el ángel se quedó de lado en el suelo, justo en la posición en que había caído.
- Sabes que odio lo impuro, ¿Cierto? – Comentó el arcángel, acomodando su camisa y poniéndose de pie. – Me causa... asco. Y no me di cuenta antes, pero eres el ser más impuro que se ha cruzado en mi vida, Castiel.
El nombrado se encogió en su lugar, sin levantar la mirada. Recordó aquel tiempo en que Michael solo pensaba en cobrarse su tiempo en la jaula con el sufrimiento de él.
Los pasos llegaron hasta el cuerpo sobre el suelo, deteniéndose justo en frente de su rostro. Con temor, Cas levantó la mirada ante el silencio del otro y tembló de la imagen que encontró. Michael sonreía de lado, con sus ojos ardiendo en fuego y la recordada navaja en sus manos.
- Micha...el... No. –
Pero seguía siendo tarde para que Castiel huyera. Esa navaja no solo atravesaría con facilidad su piel humana, sino que rasgaría su verdadera forma también hasta drenar su gracia sin piedad.
- Cierra la boca. – Apagó su sonrisa. – Sé que amas estos juegos.
Como era esperable, Cas fue elevado con brusquedad, con su cara contra el muro.
- Al fin obtendré mi venganza, ¿No estas feliz? – Susurró contra su oído, manteniéndose bien cerca del otro. – Juguemos, Castiel.
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Sí, señor.
FanfictionMichael quiere castigar al culpable de su desgracia, pero termina descubriendo cuanto Castiel desea eso. Michastiel Michael x Castiel Advertencia: Sadomasoquismo.
