Pequeño pecado.

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Castiel terminó por convencerlo de descansar al menos un momento, hasta que sus heridas cicatrizaran. Mike dormía abrazado al cuerpo del ángel, que acariciaba su cabello. No había pasado demasiado del ataque y la sensación de estar a punto de perderlo todo seguía en ellos. De a ratos, el menor miraba hacia la puerta, rogando que nadie se atreviera a molestarlo, que nada malo pasase hasta que Mike se recuperara.

No podía dormir debido a estas preocupaciones. Después de que Michael le ayudó a descansar, despertó a los cinco minutos y no volvió a pegar ojo. También pensaba en lo que estaba haciéndole Amara a la tierra y si sus amigos estarían a salvo.

Agudizó sus sentidos y escuchó correr a sus hermanos por el pasillo, algo pasaba. Se liberó lentamente del agarre del mayor, deslizándose lejos de la cama. Alguien tocaría la puerta en nada, y no quería que eso perturbara el sueño de Michael.

El arcángel no necesitaba más malas noticias, pero estas llegaban como hojas de otoño cayendo a su alrededor, tapándolo en problemas. Al parecer, los Winchester creyeron que liberar a Lucifer sería lo más conveniente.

El ángel que informó a Cas se marchó, pidiendo que Mike fuese informado. No lo haría inmediatamente, Castiel no lo creía urgente después de todo lo que pasaba. Pero cuando se dio la vuelta para volver a la habitación, Michael estaba apoyado en el marco de la puerta, acomodándose el traje para irse.

- Tienes que descansar. – Repitió el menor por décima vez.

- No hay tiempo para eso. – Objetó nuevamente el otro.

Una vez más, Cas corría detrás del arcángel, intentando cambiar su irrefutable decisión de poner su vida en riesgo por su trabajo.

Los ángeles preguntaban si debían salir a hacer algo ahora que un nuevo enemigo se presentaba, pero Michael continuó con el protocolo de cierre absoluto. Las cosas no podían empeorar más, y Lucifer podría aprovecharse de su debilidad para apropiarse del cielo, algo que deseaba evitar.

- Joshua, ven conmigo. – Ordenó Michael. – Castiel vuelve a la habitación.

- ¿Por qué? – Ese tono de reclamó que molestaba tanto a Mike y que el otro abusaba de usar cuando estaba enojado.

- Porque es una orden.

El ángel le desafió con la mirada unos segundos, pero terminó por obedecer. Sus hermanos estaban ayudando y él quería participar también, saber al menos como estaba la tierra.

Volvía a ser el prisionero de siempre, mirando a la puerta hasta que esta se abriera. Bostezo cansado, se supone que como ángel ya no debía sentir eso, pero Michael cambio algo en él para que pudiese dormir, y ahora el aburrimiento le adormilaba.

Se dejó solo la camisa puesta y su ropa interior, metiéndose en la cama, mezclándose con el aroma del arcángel. ¿Qué más podía hacer?




Como nunca en todos los miles de intentos en su vida, su padre respondió a su llamado, prometiendo presentarse en el cielo, pero Mike se negó. Bajaría a tierra. Dejó a Joshua a cargó y se preparó para ver a su padre después de tanto.

- Si reciben otro ataque, vuelve a repetir el protocolo. – Ordenó al ángel. – Yo intentare hacer lo posible para protegerlos desde abajo.

- Si, Arcángel Michael. – Sonrió el amable Joshua. – No olvide enviar saludos a nuestro padre.

No existía recipiente que le albergara por mucho tiempo como lo haría un Winchester, por lo que Dean se ofreció voluntario. El bunker brillo como si un rayo hubiese impactado en el interior, y al regresar, Dean vestía un traje negro contrario a su acostumbrada camisa a cuadros.

- Bien, habla. – Apresuró Michael, tomando su lugar en la mesa del bunker.

- Es bueno verte, Mike. – Sonrió algo tímido Chuck.

Los verdes ojos prestados le inspeccionaron de arriba abajo, preguntadose porque su familia era tan distinta a él. Chuck vestia como cualquier humano común, comiendo algún tipo de snack que conocía por Cas y llevando el cabello despeinado.

- El cielo esta desprotegido sin mí, no tengo tiempo para reencuentros de alguien que estuvo huyendo de sus hijos durante eones. – Sentenció.

A veces Dios olvidaba cuan duro era su hijo mayor. Aclaró su voz y empezó a relatar la situación con ayuda de Sam, aunque Mike ya comenzaba a tener una gran vista del panorama con solo revisar la mente de Dean. Hurgar en el cazador le daba ventajas, pero mantenía al humano en regla, lejos de sus pensamientos. No debían saber lo de Castiel.

Chuck llegó rápidamente a la parte en la que le confesaba que Lucifer estaba de su lado, aunque no tan del lado de su padre, pero cooperaría en esto. Gabriel también había decidido unirse, y con la ayuda de sus ángeles y el infierno, podrían enfrentar a la oscuridad.

- ¿Dónde está Lucifer? – Interrogó como algo muy relevante para él.

- En mi habitación. – Rezongó Sam, pues sus cosas estaban siendo usurpadas.

El Winchester menor dio la vuelta, yendo a revisar. A Michael no le sorprendió saber que nadie estaba allí, mantener quieto a Lucifer no era posible en ningún universo. Pero entonces, barajando las posibilidades de adonde pudo escapar, se le cruzó...

- El cielo. – Se levantó rápidamente de su lugar.

- No creo que haga nada malo. – Intentó aplacar la situación Chuck.

- Padre, es Lucifer, ¿Acaso no lo conoces?





El rubio silbaba, caminando como si fuese cualquier ángel común. No fue difícil que le permitieran entrar, estando los ángeles tan dudosos de su lealtad y siendo él tan bueno en la manipulación. El resto se escondía de su presencia, enviando señales de auxilio a Michael.

No supo que era lo que Michael ocultaba en su recinto personal del cielo, pero Gabe le había llenado de curiosidad cuando insinuó sobre los secretitos de la familia. Por lo que, durante todo este tiempo, solo se la paso imaginando que era. Su hermano mayor, el siempre correcto primogénito, era intachable desde el día en que Dios le dio vida. Por alguna razón, nunca fue perfecto para Chuck, por mucho que se esforzara, y eso solo lo hizo aún más perfeccionista consigo y su entorno. Pero... ¿Qué era esa manchita en su excelente repertorio?

Lucifer se moría de ganas por ver el pecado de su impecable hermanito.

Sonrió al encontrar la nueva puerta frente a la oficina de Michael, pues nunca en su vida la vio. Miró a ambos lados, como si realmente algún ángel tuviese el valor de detenerlo.

La luz estaba encendida en el interior y abrió muy lento para no hacer ruido. Conocía esa gracia, por supuesto que sí. En medio de la desordenada cama, abrazado a una almohada, Castiel dormía. Intento no reír al darse cuenta de lo que pasaba entre su hermano y el ángel, no quería despertarle aun. Con su índice, delineó la piel del ángel, subiendo por su muslo hasta su cadera, parando allí donde la camisa blanca comenzaba.

Era un fanático de competir con su hermano mayor, y robarle su pequeño pecado era realmente tentador. Debía agradecer a la tía Amara por esos oscuros pensamientos.

Su dedo índice volvió al recorrido, en el mismo lugar en donde se detuvo, levantando la camisa poco a poco.

- ¡Lucifer! 

Sí, señor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora