Michael mordió su cuello suavemente y Cas gimió empujando sus caderas contra el otro. Podía verse a sí mismo en el espejo sobre el lavamanos donde apoyaba su cuerpo, así como la sonrisa lasciva de Mike. Sus manos habían quedado marcadas en el reflejo en algún momento y poco quedaba del pulcro mármol al que se aferraba, pero eso no molestaría a Michael ni a Cas mientras el primero continuara moviendo en ese perfecto vaivén y profanando al menor.
El arcángel sabía los puntos débiles del ángel y no tardó en orillarlo hacia su límite, pero esperaron que su orgasmo quedara musicalizado por el toquido en la puerta de su habitación. Con la respiración agitada, y sin saber si realmente escucharon lo que escucharon, compartieron un último beso.
El golpeteó sonó una vez más y podían escuchar voces colándose desde el otro lado de la puerta.
- Yo voy. – Dijo Mike, intentando normalizar su cuerpo entero.
Castiel cerró la puerta del baño por si acaso, y se quedó allí, preparando un baño de espuma, los cuales se habían convertido en los favoritos del arcángel.
Al otro lado de la puerta estaban Chuck y sus dos hijos menores, con sonrisas radiantes. No esperaban ver a Michael con el cabello despeinado y vistiendo solo una toalla en su cintura.
- ¡Oh! Estas desestresandote, travieso. – Rio Lucifer, entendiendo la situación.
- Llegamos en mal momento. – Comentó avergonzado Dios.
- Yo creo que es el momento perfecto. – Rio también Gabe.
- ¿Qué quieren? – Interrogó Michael.
Los tres estuvieron discutiendo en susurros quien de ellos debía hablar y por supuesto, Chuck fue el elegido.
- Tenemos una solución a tu problema. – Comenzó Dios.
- Pareces vendedor de tele-tienda. – Comentó Gabriel por lo bajo.
- El punto es simple. Se me ocurrió como equilibrarte.
- Es interesante. – Interrumpió Mike. – Pero, ¿Podrían esperar a que este limpió y vestido para hablar?
- Travieso. – Volvió a burlarse Satán.
Michael no tardó demasiado en estar listo, incluso disfrutando de su baño de espuma. Se reunieron nuevamente en el trono, evitando los snacks esta vez.
- ¿Qué propones entonces para algo así? – Interrogó Mike.
- Lo que tienes es una... llave en sí. – Explicó Chuck, con la típica emoción con la que presentaba a una nueva creación. – Pues solo tendríamos que darte una llave que se equipare a la que tienes.
- ¿Eso no trastornaría sus sentidos de nuevo? – Preguntó Castiel.
- Para eso estas tú, Cassie. – Señalo Lucifer. – Puedes controlar al malo, podrás con el bueno.
De nuevo, el primogénito no estaba del todo seguro con esto, no si Cas estaría de nuevo implicado.
- Podemos encadenarte si sientes que algo puede salir mal. – Ofreció Dios. – Pero estaré allí en todo momento.
Esas palabras calaron profundo en Mike, allí donde se sentía abandonado hace demasiado tiempo. Sin embargo, había cierto tono que le hacía sentir seguro de nuevo con sus promesas.
- Hagámoslo. No hay mucho que perder.
Como una pequeña organización, se dirigieron adonde encerraron a Michael la última vez. Chuck creía que tal vez, algo de energía se liberaría y podría trastornar un poco el cielo si se hacía en cualquier parte.
Michael se quitó el saco y apartó la camisa de su antebrazo, y se sentó decidido en la silla frente a Chuck. Castiel estaba a su derecha, un poco apartado por si acaso, y resguardado por los otros dos arcángeles.
- Lo haré rápido e intentaré no hacerte mucho daño. – Prometió Dios.
El rojo de su marca reacciono al tacto de Chuck, encendiéndose como brasa caliente. Michael estaba a punto de gritar y golpear a su padre por el recuerdo de las promesas rotas que le atacaron de repente, pero Castiel se cruzó en esa línea de pensamientos, como Lucifer le había sugerido. Regresó a la normalidad su respiración y relajó su brazo entre las manos de su padre.
En una brillante luz blanca, el índice de Dios delineó un nuevo símbolo sobre el de la marca de Caín. Era similar a la clave sol, pero a la mitad Michael tuvo que morderse los labios hasta sangrar.
- Solo un poco más. – Apoyó Chuck, manteniendo firme el brazo de su hijo que intentaba instintivamente huir del dolor.
El delineado acabó, pero Dios presionó su palma contra las marcas y Michael gritó como nunca antes. Aunque fue doloroso, terminó rápido, y la llave del cielo quedó plasmada en blanco en el brazo de Michael, sobre el rojo de la anterior.
Y como lo previó Castiel, fue una revolución a los sentidos del primogénito. En cuanto el ángel estuvo de vuelta entre sus brazos, Mike no pudo dejar de llorar. Sollozaba con la desesperación y el dolor de un niño, sin poder detenerse.
- Creó que lo jodimos para peor. – Susurró Lucifer a Gabriel.
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Sí, señor.
FanfictionMichael quiere castigar al culpable de su desgracia, pero termina descubriendo cuanto Castiel desea eso. Michastiel Michael x Castiel Advertencia: Sadomasoquismo.
