Asuntos sensibles.

314 56 5
                                        

El metal puso en juego toda su resistencia. Cada eslabón vibro, listos para soltarse en cualquier segundo. Michael rugió y buscó tirar más de sus cadenas hacia su hermano. El carmesí de sus ojos se enfrentaba a la sonrisa sobradora de Lucifer.

Lo que más le enfurecía de la situación, no era tanto las palabras del rubio, más bien se trataba de la forma en que sus manos abrazaban descaradamente la cintura del ángel por la espalda.

- ¿Es todo lo que tienes? – Se burló el rubio.

Realmente se estaba divirtiendo con toda esta situación, por muy en serio que fuese todo el asuntó. Su plan estaba surgiendo efecto de forma en que el resto no comprendía, pero él se pensaba ganador.

Como cada semana, dejaba ir al ángel cuando sentía a Michael en su límite. Paso a paso de Castiel hacia el arcángel, este último apagaba su furia como una llama sofocada, hasta hundirse en sus brazos.

Luego de un rato, Michael se quedaba dormido, agotado como si hubiese librado tres millones de guerras él solo. Pero estaba funcionando, Castiel se estaba volviendo su placebo sin que se diera cuenta.

El ángel acariciaba con sumo cuidado el azabache del mayor, percibiendo su suave respirar.

- ¿Crees que funcione? – Preguntó por enésima vez a Lucifer.

- Yo lo llevó bien. Funcionara. – Afirmó, tomando su lugar en el suelo, contra la pared.

- ¿Cuál era tu "calma"?

- ¿Mi "calma"? – Sonrió por el término. – Supongo que... salir. Si aprendía a controlarlo, quizás un día saldría. – Confesó.

- Gracias. – Dijo el ángel.

- ¿Por qué?

- Por no permitir que tu hermano pase por lo mismo.




El ejercicio se practicaba sin falta todos los días y era cada vez más efectivo. Castiel estaba ocupado con un problema interno donde necesitaban su ayuda, por lo que Lucifer tendría que comenzar solo. No había problema en eso para él, o eso fue lo que pensó.

Sin el ángel en la sala, Michael fue mucho más allá de las restricciones de las cadenas. En algún punto, estas empezaron a rechinar y Lucifer tuvo que retroceder.

- ¡Hey, bro! Estaba bromeando, ya cálmate. Traeré a Cassie, ¿Si?

Pero Mike no escuchaba y estaba absolutamente fuera de sus cabales. El primer eslabón se soltó y Satán no lo pensó dos veces. Salió por la puerta, cerrándola con llave, e hizo lo mismo con la siguiente.

Para cuando llegó al altar, con Chuck y Gabriel, respiraba agitadamente apoyado contra la pared.

- El cachorro se soltó. – Dijo con el poco aliento que recuperaba.

Castiel estaba tratando de entender porque las puertas estaban cerradas, pensado en la posibilidad de que Lucifer aún siguiera encerrado allí dentro con Michael. Las luces parpadearon y Mike estuvo libre.

El parpadeó se volvió incansable, hasta que las luces de emergencia en rojo tuvieron que encenderse, desatando el caos en el cielo.

- ¡Cas! – Llegó Gabe hasta el ángel, con Chuck y Lucifer siguiéndoles.

Justo cuando el rubio de los arcángeles estaba acabando de explicar que pasaba, Michael derribó la primera puerta, y solo lo supieron por el estrepitoso sonido del metal chocando contra el techo y retornando al suelo.

- Tienes que detenerlo. – Dijo Satán mirando al ángel.

- ¡¿Estás loco?! – Increpó Gabriel.

- Yo puedo hacerlo. – Intervino Dios.

- ¡No! Echaras todo el trabajo a la basura. – Replicó Lucifer. – Necesita su placebo.

Castiel se paró justo frente a la puerta, como intentado ver a través de ella. Podía escuchar los pasos de Michael, a pesar de la discusión que ocurría a sus espaldas. Recordó el primer momento en que vio a Mike arder por las cosas que Luci le decía y el terror que sintió cuando llegó su turno de acercarse. Esa primera vez, Michael tardó un momento en centrar su atención por completo en él, pero notaba su esfuerzo porque no quería hacerle daño. Y no lo hizo entonces, ¿Por qué le lastimaría ahora?

- Michael. – Llamó colocando su mano sobre la blanca puerta.

Su alrededor estaba en silencio, e incluso los pasos se habían detenido al otro lado del grueso metal. Sabía que Mike estaba a centímetros del metal como él, porque podía sentir su respiración atenuarse poco a poco.

- ¿Puedo abrir? – Interrogó.

- No.

La voz del arcángel sonó rasposa, como un gruñido. El metal rechinó, pero no intentaba abrir la puerta, eran sus uñas desgarrándola.

- Puedo ayudarte.

Extendió su mano hacia Lucifer, que le entregó las llaves por mucho que Gabriel se quejara. Con cuidado, la giró en su cerradura. Al segundo clic, se supone que la puerta estaría abierta. Castiel las corrió con mucho cuidado, mientras Chuck apartaba a Gabe y Lucifer, listó para detener a Michael si se acercaba demasiado al ángel.

La sangre goteaba de sus uñas, pero el resto estaba aparentemente en su lugar. Michael estaba parado allí, respirando por la boca mecánicamente, pero sin el rojo de sus ojos. Inmediatamente se abrazaron y el efecto fue absoluto.

- Prueba superada. – Aplaudió teatralmente Lucifer.

- Lo dejaste salir tú, ¿Cierto? – Preguntó Gabe, ya sabiendo la respuesta.

- ¿Yo? ¡Jamás! – Fingió inocencia. - Solo me metí con asuntos un poco más sensibles que la posibilidad de follarme a su novio. - Elevó los hombros, quitándole importancia. 

Sí, señor.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora