Cap. 25 El Pequeño Terremoto "Heros Rial"

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Viajar en dos ruedas se me estaba haciendo costumbre; si antes me decían "Clari,  viajarás mucho en esas bestias salvajes" hubiera reído o peor, temido pero ahora me siento genial. Me encanta sentir la adrenalina cuando estamos andando un poco mas rápido que la velocidad permitida; sentir el aire golpear mi rostro o los olores nuevos que no sientes al sentarte en un auto.; el calor del contacto humano mientras te aferras a su espalda es increíble.

En cuanto llegamos a la casa de Hans me dirigí a su habitación para dejar la mochila junto a la campera y demás cosas. Salí de allí y lo observé mientras sacaba unas salchichas de la heladera. Su celular sonó en su bolsillo y lo tomó; vio el mensaje tiro la cabeza hacia atrás.

—¿ocurre algo malo? —pregunté acercándome a su posición.

—nada grave, ¿te molestaría ponerlas en el agua a hervir? Tengo que ir por Heros…

—no hay problema. ¿Puedo usar lo que sea de la cocina? —sonreí y asintió.

—toma lo necesites, de paso le damos una sorpresa, hace mucho que no vienes. En unos minutos vuelvo —luego de darme un beso en la frente tomo sus llaves y salió de su hogar.

Escuché su moto rugir y guardé lo que había sacado para cocinar; comencé a calentar agua y encontré pasta junto a una salsa para preparar, observé el refrigerador encontrando carne y piqué verduras bien finitas y chiquitas para que no sean visibles ya que a los hermanos Dial no les gusta la verdura. Como dejé que todo se cocinara comencé a limpiar un poco la cocina y la pequeña sala de estar, había demasiado desastre. No como si hubiera un nido de ratas pero si estaba desastroso. Observé el cuarto de Heros, ya que el de Hans lo había observado antes encontrándolo prolijo, y allí me di cuenta que terremoto debe dar lindos dolores de cabeza en cuanto al orden.
Supongo que para mi amigo debe ser muy duro estar tan poco tiempo con Heros en cuanto se va a pelear o correr, hacerse cargo de todo, comprar lo necesario para comer y asegurarse que esté bien y no le falte nada. Aparte pagar los gastos del colegio y...

Mi querido Hans, eres un gran hermano.

Cerré la puerta de la habitación de Heros y caminé hacia la cocina revolviendo la salsa; en ese instante se escuchó aparcar la moto en la entrada de la casa y al fin se abrió la puerta.

—si te adoro hermano, pero estoy cansado de comer solo salchichas —se escuchó la voz de Heros y sonreí, —¡espera! Hay rico olor, ¡Y no son salchichas! —llegó a la cocina y traté de esconderme pero fue en vano, —¡Clari!

—¡Terremoto! — traté de alzarlo pero ya no pude. —¡oye! ¿Cuándo creciste tanto? —pregunté desordenado su cabello.

—ya soy un hombre, Clari. Estoy feliz de verte, hace mucho que no venias. —Heros tiró la mochila en el suelto  mientras se sentaba en una banqueta al frente de mi.

—Heros... —dijo Hans mirando la mochila, se la señaló y su pequeño hermano le sacó la lengua.

—¿qué hiciste e de comer, Clari? —preguntó el pequeño poniendo la cara que gatito de Shrek. Le hice señas para que se acercara y sonrió, —¡pasta! ¿Le pusiste vegetales? —justo en ese momento sentí dos miradas penetrantes; los hermanos odian la verdura ya que solo comen comida chatarra. Cuando venia y cocinaba ponía vegetales en ella y ni se daban cuenta.

—por supuesto que no. ¿Por qué haría eso si ustedes las odian? —Hans me observó con recelo y fue rápidamente al refrigerador, ¡Hijo de…! Fui más astuta que él, —tiré las que estaban allí porque ya estaban feas y de paso estaba arreglando este cuchitril.

—¡es por culpa de Hans! —señaló el pequeño terre.

—si tu, adale. Los tres sabemos que el desastroso eres tú —Hans señaló la mochila y yo asentí.

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