Son presente y futuro.

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Natasha miró por décima vez el reloj que reposaba en su muñeca izquierda , removió su cabello y volvió a acomodarse en en el asiento ante la mirada paciente de su esposo. Ella estaba que moría de los nervios mientras que el capitán américa se sentía muy tranquilo en el estacionamiento de la primaria Nord Anglia Internacional School. La pelirroja observó a su pequeña en el asiento trasero que en ese momento dormía cómodamente en su silla de seguridad. Volvió a mirar su reloj abriendo sus ojos gigantes al notar la hora.

-Ya son las doce con diez minutos.- Le dijo a su acompañante quién soltó una leve risa y quitó su cinturón de seguridad.

-Adelante, ponte tu peluca.

En menos de treinta segundos Natasha ya estaba lista para salir del auto en búsqueda de su primogénito. Después de años de conversaciones y convencimientos por fin Natasha había accedido a enviar a James a la escuela primaria. Con siete años ir a la escuela por primera vez era todo una revelación tanto para él como para su madre.

Espero los quince minutos que restaban para la salida oficial de su hijo con impaciencia. Finalmente el hermoso y rojo cabello de su hijo apareció en el montón de cabezas que corrían a la salida. James caminaba a paso rápido con la mochila firmemente sujeta, al ver a su madre sonrió y corrió hasta ella sobrepasando a todos sus compañeros que venían delante de él dejando en claro las habilidades que poseía. Natasha le dio un abrazo sintiendo como el alivio recorría todo su cuerpo al sentir por fin a su hijo.

-¿Que tal te fue?.

-No fue tan malo.- Dijo el pequeño con una mueca mientras ambos caminaban hasta el auto estacionado unos metros más allá.- Hoy no hubo gimnasia, eso no me gustó pero sabía todas las respuesta de la última clase.

-Eso me parece excelente hijo, nunca temas demostrar cuán inteligente eres.- Natasha le sonrió con seguridad mientras James asentía.

-Pero mantente a raya, recuerda que siempre debemos ser humildes.- Dijo esta vez su padre quién lo esperaba de pie a un lado del auto.

-¡Papá!.- Se lanzó hasta sus brazos y Steve le besó la mejilla. Había estado en una misión la noche anterior por lo que James no lo había visto esas últimas horas.

-Supongo que eras es el más listo de todos ¿no?.- Dijo el soldado. James arqueo una ceja mirando a su padre logrando que este soltara una carcajada.- Sé humilde con los demás hijo, para nosotros siempre serás el mejor de todos.

Finalizaron la conversación y Steve puso a su hijo en su silla de seguridad para luego tomar su lugar como conductor designado por ese día. Nathalie había despertado con energía y hablaba sin parar con su hermano, las palabras aún mal dichas de su hija los hacía sonreír.

-Papá, por aquí no es.- Dijo entonces James mirando por la ventana. Había pasado tanto tiempo conversando con Nathalie que no se había percatado de que no era el camino a su casa.- ¿Vamos al complejo?.- Preguntó emocionado. 

-¿A ve a Vishion?.- Preguntó entonces Nathalie aplaudiendo. 

-Hoy verás a los chicos James.- Respondió Natasha por fin soltando la noticia. Había querido decirle por la mañana para que entrara más animado a la escuela pero hizo la promesa de dejar que Steve también disfrutara de esos momentos.

-¡¿Todos vendrán?!.- Gritó con su rostro iluminado. 

-Torunn llegó ayer y los demás esta mañana. Tony viene en camino.

Al estacionar en el complejo James se bajó tan rápido que ni siquiera dio tiempo a sus padres de ellos mismos bajar.

-¡Jamie, perame!.- Gritó Nathalie corriendo detrás de él. No pasaron muchos segundos antes de que Steve la levantara en sus brazos.- No, papi, quiero Jamie.

Nuestro :  James. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora