Liberación

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Continuación del primer OS de este pequeño libro. Originado del trabajo de @Sheila96716588 y que pretende llevar un pequeño hilo conductor de historias entrelazadas, espero les guste y puedan pasarse por el maravilloso trabajo de esta artista.

Advertencia: la siguiente historia tiene escenas crudas que pueden afectar la sensibilidad de la persona que lo leer, por favor, esta advertido. 


Dios no existía.

Eso Alastor lo tenía muy claro.

Desde muy joven se había puesto a rogar por el mejoramiento de la salud de su madre, sollozando en algunas oportunidades cuando nadie le veía y casi gritando en desesperación cuando los ataques brutales atacaban el cuerpo ya magullado de quien le había dado la vida. Había sido muy difícil para él postrarse en el suelo con una última suplica, esta vez acompañada por la única alma que podía permitir acompañarlo en ese estado tan vergonzoso.

Pero eso no sirvió de nada.

En ese día donde la lluvia era incesante. Su mente lo consumía tormentosamente, voraz y terrible como aquella infame lluvia que lo acobijaba.

El niño de apenas trece años seguía observando impávido la lápida que frente a él se erguía, recordándole claramente la realidad que le atormentaba casi como una inclemente daga enterrada en sus entrañas. El nombre de su madre impreso en la terrible placa de concreto solo le recordó lo miserable y asqueroso que era el mundo, lo jodido que estaba y lo solo que ahora estaba.

Su madre se había ido.

Luego de tantos años con su cuerpo maltrecho y débil, la enfermedad solo tuvo que terminar el trabajo en un acto fulminante mientras menos lo esperaban, destruyendo todo lo que Alastor había conocido y amado. Destruyendo la celeridad de su hogar hasta la más mínima fibra, contrayendo su ánimo, descomponiendo su eterna sonrisa que no podía salir en un día tan oscuro.

Ni siquiera sentía que las lágrimas pudieran salir más, aunque había intentado retenerlas durante todo el funeral. Su madre no le hubiera gustado verlo visto llorar, siempre diciéndole que nunca estaría completamente vestido sin una sonrisa. Pero en ese instante de gran debilidad, ni siquiera él se sentía capaz de sobreponerse para sonreír y despedirla correctamente.

Entonces, como si la lluvia hubiera dejado de caer sobre su cabeza, alzo la vista encontrando la mirada triste y melancólica de su amada Charlie sosteniendo firmemente el paraguas sobre él, sin importarle mojarse ella.

Respetando su espacio como siempre le había solicitado, su querida nana, le seguía acompañando en un momento tan duro como el que estaba pasando. En solo tres años se había convertido en un ser irremplazable al que sería incapaz de alejar, se había calado tan profundamente en su pecho que ahora era imposible observar una vida sin ella a su lado. No era como una madre, era diferente al amor que alguien podría darle a una hermana, pero ese sentimiento que tenía era tan cálido que no le importaba cual nombre tuviera, simplemente se dejó envolver, especialmente ahora que lo había perdido todo.

Su padre no había aparecido en el funeral. Había arreglado todo desde afuera, sirviendo solo la presencia de Charlie y el mismo Alastor para presenciar todo. Si desde antes Alastor había detestado a su padre por preferir el trabajo por encima de la salud y el bienestar de su madre, el simple hecho de haberlos abandonado cuando ella rogaba por el en sus últimos momentos había provocado un odio sin igual dirigido al que era el progenitor de sus días. No le importaba, no podía perdonarle ello, de igual modo, siempre estaba ausente.

Pero, a pesar de no preocuparse por ese aspecto. El dolor seguía persistiendo en torno a la pérdida de su madre. La ausencia ahora completamente prolongada lo había atacado más fuerte de lo que espero en un momento, llegando incluso a pasar horas y horas sentado frente a la tumba de su madre en el cementerio. Algunas veces no comía, otras veces no lograba alcanzar el suelo, simplemente estaba allí, persiguiendo a su madre.

Pasajes brevesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora