Capitulo 54 ❦ Ejercitarse

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Desperté a las cinco de la mañana, mi madre seguía dormida, no había ruido más que el de las aves afuera de mi ventana, el curso ya estaba en su mitad final del año y los gemelos se preparaban para los exámenes finales, lo mismo Kayla, ninguno de ellos me había dejado sola desde que volví pero había insistido en que debían prepararse.

Mientras ellos se preparaban para darle la cara a los finales yo estaba aquí, con problemas para mantenerme dormida y una sensación de inutilidad total, decidí no torturarme por otra noche sin poder dormir y en lugar de eso me levanté y baje a la cocina.

Me prepare un café y subí a mi cuarto, miraba hacia fuera por la ventana sin mirar nada realmente, el sol ya estaba saliendo, al ver el amanecer me dió una sensación de calidez única, una pequeña ave voló en dirección al sol y su color cambio, al principio era negra pero ahora sus tonos habían cambiado, sus hermosas plumas tomaron un color azulado precioso y la perdí de vista.

Comencé a dibujar en mi escritorio mientras escuchaba música, no sabía que hacer ahora con mi vida.

Mi hermana había insistido en que fuera a hablar con el director de la universidad y solicitará volver pero mi corazón no se sentía emocionado por ello, creí que mamá haría lo mismo pero en cambio dijo que podía hacer lo que yo quisiera, por primera vez estábamos en la misma página en algo.

No me sentía cómoda en casa sin hacer nada excepto la limpieza, mamá trabajaba pero a mí ni eso me dejaban hacer, todos habían estado de acuerdo en que sería arriesgado para mí conseguir trabajo en la situación actual, obviamente la situación tenía nombre y apellido pero ni siquiera estábamos seguros de que fueran reales.

Todo era casi demasiado irreal, como sacado de un mal episodio de la rosa de Guadalupe,  una chica perseguida por su exnovio psicópata que trataba de asesinar a su actual, actuales, un mal capitulo y tal vez hasta con un mal final, ya casi ni siquiera salía de casa, todo lo que me rodeaba era una posible amenaza y los gemelos no podían quedarse tranquilos, hasta había considerado a un guardaespaldas. Que mierda.

Antes de que me diera cuenta mamá se despedía de mi para irse, ya eran las ocho de la mañana cuando lo noté, decidí hacer las cosas de inmediato y así tendría la tarde libre, pero para hacer qué, les había prometido a todos que no saldría de casa y me mantendría a salvó, aunque no sé si esto sirviera de algo, tal vez Robert estaba fuera de mi casa ahora mismo, observando y analizando cuando entrar y acabar conmigo, todos subestimaban sus sentimientos por mi, no había certeza de que el no intentara matarme solo para permanecer como suya en la muerte, después de lo que había pasado en el callejón del club me hallaba asustada, sus sentimientos habían cambiado, mutado, si es que se puede decir así, siento que ahora estaría dispuesto a todo por lograr atraparme y era algo que usaría en su contra, no estaba lista ahora mismo pero lo estaría, mientras tanto me encuentro a la defensiva en espera de la señal correcta para cambiar y tomar la ofensiva contra el que me ha hecho la vida imposible este último tiempo, ¿Estaba siendo ingenua?, Si, ¿Tenía miedo?, También, ¿La próxima vez lo dejaría salirse con la suya?, No.

No más niña indefensa, la valentia no podía ser solo interna, no me servía tener coraje si no tenía la fuerza para hacer algo al respecto, si algo me había quedado claro de la última vez es que debía hacerme fuerte, asique si encontré algo que hacer por las tardes.

- ¡Llegue amiga! - anuncio su llegada tan altaneramente como siempre

- ¿Cómo estás Ben? - lo saludé con un beso en la mejilla

- Muy bien, en fin chica no hay tiempo que perder - algo que le debía reconocer a Ben no era su estilo no su guardarropa, en cuento se quitó la polera quedó al descubierto lo que deseaba - comencemos

Tres corazones una relación ❦ PRIMER LIBROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora