Capitulo 59 ❦ Eventos repentinos

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Todo lo que soy capaz de ver es muerte.

Mi cuerpo tiembla, mi respiración se acelera y no puedo procesar más allá de lo que mis ojos están viendo.

- ¡Mamá no responde! ¡Estaba con Caroline! - los sollozos de mi hermana no alcanzan a llegar a mis oídos

Mis ojos no dejan de llorar porque tomó lo único que nunca creí que sería capaz de tocar, a mi familia.

Sus ojos penetrantes y esa sonrisa engreída, los cuerpos enormes de los gemelos me envuelven, no me dejan avanzar.

- Haydee...- respondo por el celular - ya de dónde están...

- Dime por favor que están bien - negué con la cabeza para mí misma

- Lo siento...- las lágrimas no dejan de bajar por mis mejillas - lo siento tanto...

El silencio inundó el mundo por un segundo.

Robert movió sus dedos, me ordenaba acercarme e irme con el.

- No puedes...- las palabras de Evan no significaban nada para mí

- Debo hacerlo - dije de inmediato

Voltee hacia los gemelos y los abrace, acaricie sus rostros, besé a Ethan, susurre en su oído, besé a Evan y susurre en su oído.

Caminé hacia el auto, todo estaba pasando en cámara lenta, no despegaba mis ojos de mi madre y mi sobrina, ambas atadas de manos, sus ojos rojos de tanto llorar, entre al auto y las puertas se cerraron a mi espalda.

Robert extendió su mano hacia mi celular, lo observe por un breve segundo y entre suspiros y arrepentimiento se lo entregue, lo lanzó por la ventana y comenzó a avanzar el auto.

Lo último que ví al mirar hacia atrás fue a los gemelos, mis amados, con lágrimas en los ojos.

Mis brazos rodeaban a mi madre y a mi sobrina, no podía dejar de mirar a Robert en caso de que hiciera algo, ni al conductor, esto era más una limosina que un auto. Los ojos de Robert tampoco me perdían de vista.

- No pareces sorprendida - dijo

- ¿De que? - pregunté

El levantó sus brazos y señaló el interior del lujoso automóvil, tenía una sonrisa pretensiosa que me era desagradable.

- No te sorprende todo el dinero que soy capaz de obtener o ¿Si? - negué con la cabeza

- No me sorprende nada de una persona que no conozco - respondí

- Me conoces mejor que nadie mi amor...- extendió su mano tratando de tocar mi rostro pero me aleje

- Ni siquiera se tu verdadero nombre - le dije

Saco de su bolsillo un arma, mi cuerpo automáticamente cubrió a mi madre y a mi sobrina, esperaba servir mejor como escudo que como espada.

- Tranquila...no planeo hacerles daño - dijo Robert, el cuerpo de mi sobrina pequeña temblaba y el de mi madre también, el hizo una señal para que me sentara a su lado 

Mire a mis espaldas, la pequeña parte de mi familia que estaba en peligro, suspiré y me senté a su lado.

Comenzó a acariciar mi cabello pero permanecí quieta, como una muñeca siguiendo su juego estúpido.

No sé cuánto tiempo estuvimos en el auto hasta que llegamos a un terreno sin rastro de naturaleza solo se veía un departamento de solo dos pisos ya viejo y en ruinas, cómo es que no se caía en pedazos.

La puerta metálica doble se abrió haciendo un gran ruido que me molestó, cubrí los oídos de Caroline, salió un hombre, era tan alto como los gemelos y casi el doble de musculoso, llegaba a ser grotesco.

Ambos se saludaron como viejos amigos, entonces el conductor del auto me tomo del brazo bruscamente, hice una mueca de dolor y entonces el cuerpo del chófer estaba en el suelo, el puño de Robert le había llegado como un misil a la cara, había sangre bañando la árida e infértil tierra.

- Creí que fui claro al decir que no le hicieran daño - limpio sus nudillos en sus jeans - avanza - me dijo

Mire a mi madre y a mi sobrina.

- Prométeme que no les harás daño - el asintió

- Si te comportas...no les haré daño - acaricio mi rostro otra vez - dependerá de ti...

Asentí, avance hacia el edificio en ruinas, el mundo se volvía más frío con cada paso que daba dentro de ese lugar, murallas descoloridas, polvo en todos lados y un olor penetrante que no podía reconocer pero que me era familiar.

- Aquí - una puerta sonó horriblemente

Robert señaló una habitación a la que yo entre y mire horrorizada, me dieron unas arcadas horribles que no pude contener, vomité todo lo que mi estómago tenía.

Mi cabeza dolía, mis oídos solo escuchaban un pitido infernal y mis ojos estaban quemados por la imagen frente a mi, una chica, atada de pies y manos, su rostro deformado, todo su cuerpo con hematomas, negros y morados, viejos y nuevos, dios mío, qué le hizo.

- Está chica tenía que servirme como tú reemplazo - dijo el mientras avanzaba hasta ella, acaricio su cabello ya sucio y cubierto de sangre seca - pero no funcionó...no se parecía en nada a ti Elizabeth...- volteó hacia mi

Mire la habitación una vez más, la cama sobre la que estaba la chica no era más que madera, sin colchón, sin nada que la cubriera, su cuerpo desnudo sobre las tablas se quedaría en mi cabeza para siempre.

Robert camino hacia mi y acaricio mi rostro, quería alejarme pero el miedo me hizo sumisa ante el.

- Tranquila mi amor...jamás te haría daño - por qué me mientes...

Tomo mi mano y salimos de la habitación, mire hacia atrás, mi cuerpo tiembla de miedo.

Subimos al segundo piso y entramos a otra habitación que no se parecía en nada a la anterior, tenía una cama perfectamente hecha, sábanas limpias, murallas recién pintadas, hasta una radio y una cajonera, todo se veía normal pero de alguna manera parecía más un motel que un cuarto normal...esto no me gustaba para nada.

Temblaba de pies a cabeza de solo pensar en lo que Roberts quisiera de mi, esperaba que para él fuera suficiente solo mirarme, la imagen de la chica venía a mi cabeza, su cuerpo desecho, su rostro desfigurado y los rostros de mi madre y mi sobrina, quería sollozar, quería tirarme al suelo y gritar.

- Tu te quedas aquí...- acaricio mi cabello- si te comportas tu mamá y tu sobrina estarán bien

Tomo mi rostro entre sus enojar manos, contuve los temblores, el recuerdo de Robert mientras me ahorcaba vino rápidamente a mi memoria, respire profundamente porque sabía lo que quería, alcé mi rostro y cerré mis ojos.

Sentí como sus labios se pegaban en los míos, sentí su repugnante calor, sus manos sobre mis mejillas, contuve el aliento hasta que se alejo de mi, abrí mis ojos, Robert salió de la habitación y cerro la puerta, escuché como la cerraba con llave desde afuera.

Cuando sentí sus pasos alejándose me deje caer de rodillas al suelo, mis piernas se sentían adormecidas, no pude detener los temblores ni mucho menos los sollozos que le siguieron, cubrí mi boca con mi mano para que no se escuchará mi grito contenido, el miedo y el dolor me torturaban, esperaba que con lo que había hecho fuera suficiente.

Tres corazones una relación ❦ PRIMER LIBROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora