Cada coincidencia es un mensaje, una pista sobre un aspecto particular de nuestras vidas que requiere atención. Y Leah... debió prestar más atención.
*Fueron amigos en su adolescencia pero el destino los separó, llevándolos por caminos distintos e i...
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Harry.
Apagué la música que sonaba en ese minuto del radio del vehículo y solté un suspiro mientras apoyaba mi nuca en el respaldo del asiento. Había estado esperando por un largo rato que mi madre apareciera, pero al parecer, a ella se le había olvidado que estaba estacionado fuera de la tienda.
Hace una hora atrás, me había pedido acompañarla a comprar un par de cosas para realizar una cena, ya que parte de la familia y amigos nos visitarían para pasar una tarde agradable. Solo que no había contado que ella me dejaría esperando en el vehículo, con la escusa de que no iba a demorar demasiado.
Tomé las gafas que mantenía guardadas en el auto y me las coloqué, preparándome para salir del vehículo e ir en busca de mi señora madre, pero al bajar, la noté caminando con varias bolsas en ambas manos.
—¿Por qué quisiste ir sola? —caminé con presura, quitando las bolsas que llevaba—. debiste haber dejado que te acompañara.
Suspiró.
—Te hubiera dejado ir, pero... —hizo una mueca—. conozco a las muchachitas de ahí —dijo.
Reí.
—Ya estoy acostumbrado a eso mamá.
—Lo que digas Harry.
Abrió la puerta trasera del vehículo, dándome el acceso para guardar las bolsas de compras. Luego de eso, la cerré, indicando a que subiera nuevamente al asiento de copiloto para marcharnos de ahí.
Rodeé el auto mirando de reojo a mi alrededor, notando que se encontraba vacío el estacionamiento del supermercado.
—¿Te gusta vivir en Manchester? —le pregunté una vez dentro.
—Sí, es tranquilo... aunque Holmes lo era más.
—¿No venderás la casa?
Lo pensó unos momentos antes de contestar.
—No quiero hacerlo, además... aún voy ahí —explicó—. y a ti también te gusta ir a ese lugar —me recordó.
—Tienes razón, me gusta, es agradable.
Encendí el motor del vehículo y conduje hasta la salida del estacionamiento, llegando a la carretera, en donde el semáforo indicaba rojo.
—Invité a tu novia —soltó de la nada.
Agradecía que en ese momento hubiéramos parado en luz roja, porque podía asegurar que hubiera frenado al escucharla.
La observé algo inquieto y apreté mis labios tratando de tener un poco de paciencia. Mamá aún no sabía que había terminado con ella, pero creía que lo sabía al ver las redes sociales; ya que mi vida estaba publicada para todos en esos lugares. Anne me miró sin comprender el comportamiento que estaba teniendo y, muy pronto arrugó su entrecejo.