Cada coincidencia es un mensaje, una pista sobre un aspecto particular de nuestras vidas que requiere atención. Y Leah... debió prestar más atención.
*Fueron amigos en su adolescencia pero el destino los separó, llevándolos por caminos distintos e i...
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Leah.
Hacía un rato atrás nos habíamos despertado con pereza, siendo Becca quien se levantara primero y se marchara a primera hora de la mañana, con la gran excusa de que no estaba "decente" para presentarse frente a Arthur; algo que me pareció realmente estupido.
Además, me había dejado justo en el momento exacto en donde la abuela me daba una de sus charlas de amor... Por lo cual, me encontraba observándola desde el asiento de la cocina mientras ella preparaba un delicioso desayuno.
—¿Y piensas tener hijos mi amor? —preguntó.
Sí, la conversa era incómoda.
—Tal vez en un futuro muy lejano o muy cercano abue...
Llevé la taza de café a mis labios y soplé el vapor que se dispersaba por ella.
Mi querida abuela me observó sobre sus lentes cuando se sentó junto a su taza sobre la mesa y sonrió de una manera extraña; una sonrisa que me anunciaba que quizá diría algo que a mi no me gustaba.
—Pues esos niños saldrán muy bonitos hija, ya sabes... Ojos verdes, rulitos y más aún de atractivos por parte del papá —suspiró soñadoramente—. Como me alegro que no te hayas quedado con ese niño Adrián —arrugó su nariz imaginando quizá algo que no le agradaba—. Por Dios, no...
Sacudió su cabeza luego de unos segundos.
—¿Ojos verdes y rulos? —interrogué con una ceja alzada—. ¿De verdad estamos hablando de Harry?
—¡Aleluya! —soltó alzando sus brazos hacia el cielo—. ¿Cuándo llegará tu novio?
Suspiré.
—Abuela... ya me cansé de repetir que Harry solo es mi amigo.
—Con derecho —apuntó—. algo que me parece tonto, ya que ambos se gustan demasiado.
Hice una mueca.
—¿A qué le tienes miedo cariño?
—No creo gustarle lo suficiente como para tener una relación de pareja —apreté mis labios antes de tomar un sorbo de café.
La abuela sonrió levemente tomando una de mis manos luego de dejar mi café en la mesa. Dio un apretón en ella y habló.
—Si crees no gustarle, podrías conquistarlo. Ya te lo había mencionado una vez. ¿Recuerdas?
Asentí.
—¿Crees que en verdad resulte?
Ella soltó una risa mientras movía su cabeza hacia los lados.
—Mi niña, solo hazlo. Nada pierdes... solo la dignidad —murmura por lo bajo, sin dejar de ocultar su sonrisa luego de tomar la taza de café.