Cada coincidencia es un mensaje, una pista sobre un aspecto particular de nuestras vidas que requiere atención. Y Leah... debió prestar más atención.
*Fueron amigos en su adolescencia pero el destino los separó, llevándolos por caminos distintos e i...
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Harry.
Leah y yo estábamos en el hotel instalados. Habíamos viajado por un par de horas desde Inglaterra a este lugar paradisíaco. Era un tipo de isla, aunque de igual manera conectaba con algunas ciudades por vía terrestre. La playa era genial, tenía una vista increíble desde mi habitación del hotel y, sabía que Leah también, ya que había pedido una reservación de habitaciones juntas.
Estiré mis brazos mientras veía por el ventanal del balcón y caminé hasta la puerta para ir a tocar la suya. Al hacerlo, Leah abrió de inmediato, mostrándose en un lindo vestido color amarillo junto con su cabello tomado en una colita.
—¿Ya te has acomodado? —pregunté sin pedir permiso al ingresar a su habitación.
—Este lugar es increíble —comentó al cerrar la puerta—. aún no puedo creer que me hayan adelantado mis vacaciones —suspiró feliz.
—Fue un gran alivio. Creí que no podrías venir conmigo.
Me senté en el colchón mirando como se paseaba por el cuarto, acomodando su maleta en uno de los closet que tenía la habitación. Pronto ella se acercó alegre, colocando sus manos por la espalda, como si estuviera esperando algo impaciente.
—¿Qué sucede?
—¿Iremos a visitar la isla?
Sonreí.
—Claro que sí... ¿quieres ir ahora?
—Me encantaría —amplió su sonrisa—. ¿pero estás cansado?, ha sido un viaje algo largo —comentó sentándose a mi lado, posando ambas manos por debajo de sus muslos mientras sus pies colgaban.
—No te preocupes por mí Leah, estoy acostumbrado a estos tipos de viajes.
Estiré mis brazos a la vez que caía hacia atrás, dejando que mi espalda descansara sobre el colchón.
—Dudo mucho que estés listo para salir.
Cerré los ojos.
—¿Quieres ir a la playa o a pasear por la zona? —interrogué.
Sentí como Leah se estiraba a mi lado. Abrí uno de mis ojos y la noté apoyando su mentón en una de sus manos mientras me observaba curiosa; se encontraba boca abajo, su cabeza estaba ladeada ligeramente a la vez que sus ojos me miraban.
—¿Qué sucede?
—Te ves muy lindo relajado —soltó.
Sonreí nuevamente.
A veces me impresionaba que ella fuera tan directa, ya que antes... no lo era. Mi mirada cayó en su cuello, en donde descansaba el colgante que le había dado para navidad. Inevitablemente miré de más, ya que aquella cadena caía un poco más abajo, para ser más exacto... entre sus pechos.