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- ¿Amber? ¿Que haces acá? - sonrió de lado. ¡Dios mio! No me hagas eso que me muero.

- Disculpe, señor Vélez. Valentina me dijo que me venga a bañar aquí ya que usted no estaba. - Estaba muy nerviosa. - No quiero ser grosera, pero, ¿podría salir? Quisiera terminar de cambiarme y luego le explico bien. - Este asintió y salió del baño.

Apenas terminé de cambiarme y arreglarme salí del baño, encontrándome con él sentando esperándome.

- Amber. - Dijo apenas me vió. - ¿Te acuerdas lo que pasó cuando eras chica? - preguntó algo nervioso. Por favor, que no se refiera a lo mismo que yo estoy pensando.

- No se a lo que se refiere. - dije rápido. Mí corazón empezó a latir muy fuerte.

- Hace algunos años me dijiste que estabas enamorada de mí. - Dijo seguro.

- ¿Yo? - pregunté desentendida. - te habrás equivocado. - reí nerviosa.

- No. Y se muy bien que tú te acuerdas. - se acercó a mí. - Entonces, ¿Por qué estás nerviosa? - colocó mí cabello que tenía en medio de mí cara atrás de mí oreja.

- Por la situación que usted me está haciendo pasar, señor. No sé de dónde sacó semejante disparate. - me fui de ahí dejándolo solo. ¡Joder! No se había olvidado de ese día. Mí sangre hervía y mí corazón no dejaba de latir por aquel momento tan incómodo que él me había hecho pasar. Después de la vergüenza que había pasado, jamás volvería a verlo.

- ¿Tienes algo? - Me preguntó ella sentada desde su mesa de cosméticos.

- No, nada. Solo que tu papá estaba en la habitación. - arquee una ceja. - ¡Valentina tu papá no se fue a ningún lado! - Me alteré.

- Te juro que yo misma vi que salió, Amber. Capaz se olvidó algo o volvió.

- Señorita, Valentina. - dijo entrando la mucama de los Vélez en el cuarto. - Se encuentra la madre de Amber en la sala.

- ¿Tú mamá? - me miró confundida. - ¿Qué hace acá?

- No lo sé. - bajé rápidamente a la sala para ver qué quería mí madre.

- Mamá. - dije ya en las escaleras. - ¿Pasó algo?

- Tengo que hablar contigo, cariño. - me tomó de los hombros.

- ¿Qué ocurre? - Nos sentamos en el sofá.

- La tía Sandra. - dijo al borde de las lágrimas. - Está muy mal, tengo que viajar urgente a Europa. Y por eso venía a hablar con el papá de Valentina para ver si podrías quedarte aquí hasta que yo o tu hermana vuelva de Estados Unidos.

- Mamá, no. - dije nerviosa. - ¿No puedes llevarme contigo? - No quiero quedarme aquí y menos si estoy con Christopher las 24 horas del día.

- No puedo, Amber.

- Señora Taylor. - dijo Christopher mientras bajaba las escaleras. - Que alegría verla acá.

- Lo mismo digo, señor Vélez. - sonrió amable mí madre. - Tengo que hablar con usted.

- Bien. Pase a mí despacho. - dirigió a mí madre hasta el despacho de Chris. - Ahí vamos a poder hablar tranquilos.

- ¿Que pasó? - Apareció Valen.

- Vamos, en el camino te cuento. - Agarramos nuestras cosas y nos fuimos.

(...)

- ¡Entonces te quedarás conmigo! - gritó.

- Amiga, me vas a dejar sorda. - reí. - Y si, hasta que mí mamá o mí hermana vuelvan.

- ¡Que bueno! Estoy tan contenta. - yo por dentro gritaba de emoción al pasar todo el día con Chris, pero a la vez me ponía muy nerviosa estar cerca suyo.

- Yo también. - sonreí.

(…)

A la salida de la escuela fuimos a la casa de los Vélez, ahí me estaba esperando Chris para llevarme a mí casa a buscar mis cosas.

— ¿Tú no vienes? — le pregunté a Valen.

— No, estoy muy cansada. Quiero darme un ducha y dormir un rato. vayan ustedes. — gracias por dejarme de nuevo a solas con él.

Subí al auto de Christopher para llevarme a mí casa a buscar ropa y cosas que necesitaría hasta que mí mamá vuelva de su viaje.

— Estás tensa, Amber. — me dijo poniendo sus manos al volante. — relájate.

— Nada que ver. — Miré por la ventanilla.

— ¿Estás nerviosa? ¿Por qué? — me miró rápidamente para luego volver su vida al frente.

— Tú me pones nerviosa. — balbucee. Lo escuché reír.

— ¿Yo? No tienes por qué estar nerviosa conmigo. — me di vuelta para mirarlo y me estaba viendo. Corrí rápidamente mí mirada a la calle.

— Tenías razón.  — yo no entendía a lo que se refería.

— ¿Sobre qué?

— Ya no eres una niña, eres toda una mujer. — menos mal que no me estaba viendo, rápidamente mis mejillas tornaron un color rojizo.

— Al fin te diste cuenta, Vélez. — sonreí.

— Hace mucho me di cuenta. — Su mirada seguía al frente. — Bien, te espero aquí. — dijo estacionando su auto al frente de mí casa. Bajé del auto no sin antes darle una última mirada a él que estaba distraído mirando no se qué cosa.

Tenía una duda y no quería quedarme con esa intriga que tenía. Así que me volví.

— ¿Pasó algo? — preguntó viéndome subir nuevamente al auto.

— ¿Te acuerdas esa vez que estuve bailando en tu casa con Valen? — tomé aire y pensé las palabras para decirlas. — ¿Por qué me estabas mirando de esa manera? — ahora el que se había puesto tenso era él.

— No te estaba mirando, Amber. — se había puesto nervioso.

— Y aquella vez, que me dio un beso al lado de mis labios, ¿Por qué lo hizo?

— No se a que viene esto. No entiendo.

— ¿No entiendes? — sonreí. — Chris, veo en tu mirada algo que quieres decirme. — tragué saliva. — siempre cuando estamos juntos siento que me quieres decir algo. Y te juro que me dan mucha intriga. — él no dijo nada. — Ahora estás nervioso, y no me dices ni una palabra. Me haces pensar que lo que digo y pienso es verdad.

—¿Qué es verdad?

— Que te pasa algo conmigo. Christopher, mírame a los ojos y decime que no te pasa nada conmigo y yo me dejo de hacer esta gran historia que inventé en mí cabeza.

— Amber, yo...


(…)

Amor imposible (CV y Tú) Semi-hot. {TERMINADA}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora