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— ¿Te importa? — puse mis manos en mi cintura. — Vete, Christopher. — me di la media vuelta pero él me jaló del brazo pegándome a su cuerpo. — ¿Por qué haces esto? — ya ni me podía mantener parada, estaba apoyada a él.

— Te llevo a casa, estás muy mal, Amber. — me agarró de la cintura para que no me cayera.

— ¡No! — me solté de su agarré pero casi me caigo. Él me volvió a agarrar para que no me caiga. — Déjame, por favor déjame. — mis lágrimas no tardaron en salir.

— Estás muy ebria, amor. — observé sus labios. Definitivamente quería devorarmelos.

— ¿Por qué te haces el que te importa como me siento? Si últimamente no te importa nada de mí. — dije sin controlar la que decía.

— Vamos. — me tomó de la mano y me llevó hasta su auto. Abrió la puerta del copiloto y me sentó con cuidado.

Apoyé mí cabeza en el vidrio. Todo me daba vueltas. Sinceramente era la primera vez que bebía, realmente me sentía muy mal. Puse mí vista en Christopher, él estaba serio mirando al frente.

— Me hubieses dejado en ese lugar. — él me miró.

— ¿Y que ese pendejo te lleve a su casa para cogerte? No. — volvió su vista al frente.

Yo no dije nada más. Cerré los ojos y me quedé dormida.

Sentí que el auto dejó de andar, y escuché unos ruidos raros. Yo seguía con mis ojos cerrados. Christopher abrió la puerta del auto y me sujetó entre sus brazos, coloqué mis brazos en su nunca para que sujetarme mejor y no me caiga.

Me llevó con cuidado a mí cuarto y me recostó en mí cama.

Sentí que aún no se había ido. Yo tenía los ojos cerrados pero aún así escuchaba y sentía todo. Sentí su respiración cerca mío y depositó un beso en la comisura de mis labios. Se levantó y se estaba yendo.

— Chris. — lo llamé. Se dió vuelta para mirarme. Caminó nuevamente hacia donde estaba yo, se volvió a sentar en la cama y me miró.  Me senté en la cama quedando a su altura y lo miré sin decir nada. Mí cabeza me dolía mucho y mí cuerpo no daba más, pero tenía mucha ganas de él, demasiadas. — ¿Por qué te preocupaste por mí? — mordió su labio inferior provocando mis ganas de besarlo.

— Porque no puedo dejarte ir con un tipo que no conoces a su casa, Amber. — se tensó.

— Yo no iba a ir a la casa de Nico para hacer lo que tú piensas, Christopher. — me acomodé en la cama. — A parte, ¿Que te molesta? Si yo puedo hacer con mí vida lo que yo quiera porque soy libre de hacer lo que a mí me de la gana. — dije sincera. Él frunció el ceño.

— Tienes razón.

Lo noté algo raro. Necesitaba besarlo, era ahora o nunca.

Cuando se estaba por levantar para irse, lo tomé de la camisa y lo traje hacia mí. Él me tomó del mentón y acercó su boca a la mía provocando un cosquilleo en mí feminidad.

— Para, — se alejó de mí. Mí respiración estaba agitada. — No puedo, Amber. Estás ebria.

— La otra vez tú estabas ebrio y lo hicimos igual. — mojé mis labios.

— Pero es distinto, tú no sabes lo que haces. No quiero que cuando despiertes pienses que fue un error. Recuerda lo que me dijiste la última vez, preciosa.

— Cómo quieras. — me levanté y empecé a desvestirme. Él me quedaba mirando sin entender. Fui a mí placard y saqué un pijama corto. — ¿Te quedarás toda la noche mirándome como me cambio? — le pregunté arqueando una ceja.

Me coloqué el pijama y me acosté en mí cama. Me tapé hasta la cabeza y cerré los ojos. Sentí que la puerta se cerró, se había ido.

(...)

— ¡Amber! ¡Despierta! — sentí a alguien saltar encima mío.

— ¿Qué pasa? — dije aún con los ojos cerrados, me senté en la cama agarrándome la cabeza. Me dolía mucho. Abrí los ojos y se encontraba Valen con una sonrisa en su rostro. — ¿Que haces vestida? — pregunté con cara de no entender.

— Lo que pasó fue que...

— ¿No dormiste acá? — ella negó. — oh, no me digas que, — abrí los ojos.

— Sh, no le digas a Vélez, por favor. Él cree que me fui a la casa de Mechi porque me sentía mal.

—¿ Entonces te fuiste antes de que Christopher llegara por mí?

— Si. Pero no te enojes. — fruncí el ceño. Agarré mí celular y me fijé la hora.

— ¡Te voy a matar! — grité haciendo que mí amiga se asustara. — Son las 7 de la mañana, ¡Valentina!

— Perdón. — sonrió inocentemente.

— Vete que quiero seguir durmiendo. — me levanté y la empujé hasta la salida.

Genial, ahora no podía volver a dormirme. Me puse mis pantuflas y bajé hasta la cocina, necesitaba tomar algo para la resaca.

Tomé una aspirina y bebí un poco de agua. Apoyé mis manos en la mesada y quedé pensando. Pasé mis manos por mí rostro. Me dolía todo el cuerpo.

— Jamás volveré a tomar. — balbuceé.

— Todos decimos eso después de tomar. — me dí vuelta y estaba él, con un pantalón de dormir y dejando al aire su abdomen. Me apoyé en la mesada mirándolo. Él se acercó a mí, me miró y agarró un vaso del estante, volvió su vista a mí y quedamos pegados.

Tocí nerviosa haciendo que él se alejara.

— Perdóname por lo de hace rato. — recordé lo que había pasado horas antes.

— Descuida, no hay problema, pequeña.

Se sirvió un poco de jugo y lo bebió.

Recibí una llamada de un número desconocido. Atendí.

— ¿Bueno? — hablé.

— Hola, hermosa. — contestó el chico del otro lado de la línea. — ¡Soy Nicolás! Él de la fiesta. — me recordó.

— Ah hola, ¿Cómo conseguiste mí número? — sonreí. Chris aún seguía ahí tomando jugo. Lo observé y tenía su puño cerrado como si fuera a dar un golpe y la mandíbula forzada.

— Mercedes me lo dió. — hizo una pausa. — Me la pasé muy bien contigo. — miré a Chris de reojo y seguía mirándome con el ceño fruncido. — Lástima que tú padre te sacó a la fuerza.

— Él no es mí padre. — reí.

— Por la actitud que tenía parecía, ¿Quién es? — preguntó curioso.

— Espérame un ratito, Nico. — me alejé el celular de la oreja. — ¿Tanto tienes que escuchar mí conversación? — él arqueó una ceja. — con permiso. — Caminé hasta subir a mí habitación. Sentí su mirada en mí.

Algo me decía que Christopher se había puesto celoso. Cómo quisiera que fuera así.

Amor imposible (CV y Tú) Semi-hot. {TERMINADA}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora