MECANISMOS DESENCADENANTES

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Una mano húmeda y pegajosa agarró a Mark por el brazo y él volvió la cabeza.
Hacía mucho calor en la habitación y el aire estaba impregnado del olor de los cuerpos ondulantes que presionaban por todos lados. Mark se retorcía y buscaba cualquier indicio de la presencia de sus amigos. Debía de haberlos perdido entre la multitud.

—Eh, ¿cómo te llamas? Soy...

—Disculpa, ¿qué dices? ¡Aquí hay mucho ruido!

Se volvió de nuevo y buscó la puerta más cercana. Unos dedos le arañaban la piel desnuda del brazo. Se le puso carne de gallina, a pesar del calor.
Se sacudió para quitarse la mano de encima y se irguió sobre las puntas de los pies, buscando. ¡Allí! Vio el neón rojo que indicaba la salida. Debajo había un grupo de rostros familiares. Mark, se abrió camino entre la muchedumbre. No se detuvo a buscar el origen de la voz invisible que lo llamaba.

—¡Espera! ¿Estás aquí por el curso? Te habías inscrito en escritura creativa, ¿verdad? Yo soy...

***

Se despertó de golpe. Pestañeó vigorosamente para librarse de los fragmentos del sueño a medio recordar. Al cabo de un instante, volvió a sentir en la garganta la ya familiar sensación de asfixia originada por la ansiedad. Tendió un brazo hacia la mesilla de noche. Debía tragarse dos de las pequeñas píldoras antes de que se abatiera sobre él un ataque de pánico con todo su furor.

Sus dedos se cerraron en torno al frasco de las pastillas, pero entonces su brazo se detuvo en seco. Algún instinto la había advertido de la presencia de otra persona en la habitación.
Echó una mirada en dirección a la puerta y atisbó la sombra de una forma humana. ¿Masculina o femenina? No lo sabía. No se atrevía a volverse del todo para mirar. En cambio, dejó que el brazo cayera inerte al lado de su cuerpo y rezó para que pareciese que lo había movido mientras dormía.

Levántate— le ordenó una voz —Sé que estás despierto.

Entonces, el pánico que lo abrumaba se desvaneció. Desapareció. No, no había desaparecido propiamente, sino que lo había reemplazado una sensación más fuerte: una cólera abrasadora.
Se dio cuenta de que era él. Estaba allí, en su habitación. Lo había observado mientras dormía. ¿Cuántas veces tendría que decírselo? Mark se incorporó de golpe y se quedó sentado en la cama. Entonces se volvió para encararse con su novio.
—¿Qué haces aquí, Jinyoung?

El joven le devolvió una mirada llena de ira.
—Yo también me alegro mucho de verte.

—¡Idiota! ¡Casi me muero del susto que me has dado! ¿Es que no lo entiendes? ¿Ves estas pastillas?— Agitó en el aire el frasco del medicamento contra la ansiedad —Todo esto no es ninguna broma. Padezco una fobia. Estoy diagnosticado por los médicos. No puedes entrar así en mi habitación. ¡No puedes!

—Ah, disculpa— replicó Jinyoung —Lo había olvidado. No te gusta nada despertarte y descubrir que alguien está maniobrando a tu espalda. ¿Verdad que es así?

—¡Sí!

—Qué interesante, Mark. Sé cómo te sientes.

Entonces se dio cuenta de que él tenía algo en la mano. El móvil del propio Mark. Jinyoung lo sostuvo en alto y le dio la vuelta para que viera la pantalla. Mark reconoció la foto que había elegido como salvapantallas: Jackson Wang reflejado en el espejo.

—Esto sí que es tener clase.

¿Jinyoung había estado fisgando en su teléfono? ¿Las fotografías? ¿Qué había visto?
—Dámelo— Alargó el brazo para quitarle el móvil de las manos, pero él retrocedió.

—No, creo que me lo voy a quedar un rato más.

—¡No tienes derecho!

—¿A qué? ¿A revisar tu teléfono móvil? Tienes razón. Probablemente no tengo ningún derecho. Pero la verdad es que tampoco esperaba encontrar nada.

Estaba rígido como una estatua, pero Mark se acurrucó ante el veneno silencioso que destilaba su mirada. Retrocedió hacia el extremo opuesto de la cama.
—No es nada, Jinyoung. Es solo un famoso. Es algo que le ocurre a mucha gente.

—Pero ¿tú te crees que me importa algo ese imbécil?— Pasó el dedo por la pantalla para hacer desaparecer la foto —Oye, si piensas que me voy a enojar porque te masturbas mientras miras fotos de Jackson Wang...

—¡Eso no es...!

—Vamos, Mark, que no te enteras.— Soltó una desagradable risotada —Bueno, ¿quieres que te devuelva tu precioso teléfono?— Lo arrojó hacia donde se encontraba él. No le dio, pero sí logró que se estremeciera. El aparato se estrelló contra la pared, al lado de Mark, y él se apresuró a recogerlo.

—¿Lo has roto? ¡Lo necesito!

—Sí, sé muy bien para qué lo necesitas.— Clavó una mirada de odio en Mark —Mira el inocentón. No te creas que después de dos años saliendo juntos vas a tomarme el pelo.
Mark no le respondió, porque estaba demasiado preocupado por si la pantalla se había agrietado.
—Lo he visto todo, Mark.

—¿Qué es lo que has visto?— Levantó la mirada hacia él, desconcertado —¿Las fotos? ¿iTunes?

Jinyoung negó con la cabeza. Sus labios se curvaron en una mala sonrisa. La cara se le había puesto de color rojo. Mark esperaba que le gritara, pero lo que salió de sus labios fue una voz sorda y amenazadora.
No me puedo creer que me mate por cumplir con mi papel de novio solícito y tú te pases todo el día en Twitter sexteando con un idiota...

—¿Sexteando?

—Ahora no te hagas el ignorante. He leído tu hilo de mensajes. Parece que la selfie esa que tuiteaste era muy sexi.

Mark se precipitó hacia él tendiéndole las manos.
—Jinyoung, eso no era... ¿Has visto la foto?

—¿Hacía falta?

—Jinyoung, solo bromeábamos. Y de todos modos lo he bloqueado. ¡Ni
siquiera me había dado cuenta de que GaGa era otro chico!

El joven ladeó la cabeza.
—¿Pensabas que era una chica que te pedía que te desnudaras?

—¡Sí!— El cerebro de Mark se aceleró, el corazón le golpeaba como un martillo. Había recordado las frases incriminatorias que figuraban en aquella última conversación.
«Quítatelo todo...» «Tuitéame un desnudo...»
Hacía mucho tiempo que tenía miedo de que Jinyoung descubriera su obsesión con Jackson Wang. Pero aquello era mucho peor. Había estado chateando con un chico de verdad. Había coqueteado con GaGa, aunque él mismo no se diera cuenta. Se imaginaba perfectamente lo que debía de pensar su novio.
—Jinyoung...

—No, por favor. No insultes a mi inteligencia.

Se volvió para salir de la habitación y Mark lo siguió. Su propia cólera había cedido y se abatía sobre él una oleada de pánico. Tenía que deshacer de alguna manera aquel lío... lograr que Jinyoung lo entendiera. Lo siguió hasta donde se atrevió a hacerlo. Se detuvo nada más trasponer el umbral de su propio dormitorio, con un pie en alto al final de la escalera.
—¡Jinyoung!— gritó a la espalda del chico —Lo siento mucho. Vuelve, por favor. Puedo explicártelo todo.

El joven ni siquiera se dignó a mirarlo.
—Adiós— dijo.

—¡Espera! No te marches. ¡Sabes muy bien que no puedo seguirte afuera!

—Mejor— le respondió Jinyoung mientras bajaba —No me sigas, Mark. No me llames. No me escribas nada. No me digas nada de nada. Espero que te lo pases de fábula en compañía de tu teléfono. He captado muy bien el mensaje.

I'm your biggest fan [Markson]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora