PIZARRA EN BLANCO

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Jackson dejó el teléfono a un lado de la pila de mármol negro del baño y se puso en pie para frotarse el pelo con la toalla. Solo con pensar en el ajetreado día que lo aguardaba sentía una tensión creciente en la base del cráneo. Empezaría por la gimnasia... y un publicista había tenido la brillante idea de programarle una entrevista en la radio cuando terminase con la cinta de correr, para que todo fuera más divertido. Después tendría que marcharse a toda prisa a que lo peinasen y maquillaran, y se pasaría toda la tarde en una granja de pollos para grabar un anuncio de nuggets. A nadie le importaba que su profesión fuera la música. Los representantes de la discográfica veían con buenos ojos la posibilidad de dejar a un lado aquel detalle.
El teléfono zumbó sobre la encimera. Acababa de recibir un nuevo mensaje de texto.

Maury: Llegas tarde, muchachote. ¿Dónde estás?

Jackson cerró los ojos. No podía soportarlo. Habría dado lo que fuese por escapar del machaqueo constante en el que se había convertido su vida. Tan solo por un día. Aunque no fuera ni un día. Tan solo unas miserables horas sin tener que trabajar.
Agarró el teléfono y escribió la respuesta:

Jackson: ¡Se me ha ocurrido una canción! Una canción navideña. Te va a encantar. Necesito una hora para desarrollarla.

Aguardó unos instantes. Contenía el aliento a la espera de la respuesta de su mánager. «Por favor —le susurró al teléfono— Una hora. Por favor.»
El teléfono zumbó de nuevo.

Maury: Te doy 30 minutos.

Jackson agitó el puño en el aire en señal de victoria. ¿Media hora de libertad? Bienvenida.
La única pregunta era cómo aprovecharla. Ya trabajaría en la canción en otro momento. ¿Y si volvía a meterse bajo las sábanas y dormía unos minutos más?
El teléfono se iluminó de nuevo y Jackson echó una mirada ansiosa a la pantalla. No era un mensaje de texto, gracias a Dios. Las notificaciones de Twitter no dejaban de llegar. Se preguntó si lo de #ObsesionadoConJacksonWang habría llegado ya al número uno y volvió a tomar el teléfono para comprobarlo. Sí. Ya estaba. Al ver su nombre en primera posición en la lista de trending topics emitió un gruñido sordo desde lo más hondo de su garganta.
Nada de dormir. Tenía que actuar. Le quedaba media hora para detener aquello.
¿Y si enviaba otro tuit? No podía pasarse de odioso. El objetivo no era lograr que se enfadaran los fans... el objetivo era quitarles la calentura. Conseguir que dejaran de interesarse por él y buscaran otra víctima para sus emojis de lengua babeante.
Tenía que conseguir que #ObsesionadoConJacksonWang generara reacciones negativas. Esa era la clave.

En el pasado había visto como ocurría lo mismo con otras personas. A chicos que habían subido demasiado, con demasiada rapidez. Al final siempre los etiquetaban del mismo modo. Creídos. Prepotentes. Narcisistas. Ególatras. Había visto a más de un chico que, de un día para otro, pasaba de sex symbol internacional a hazmerreír universal.
Entonces los fans se distanciarían en masa. Nadie retuitea a un chiste con patas. A decir verdad, era lo mejor que podía ocurrirle. Las ventas de álbumes caerían en picado. Quizá la discográfica prescindiría de él.

Jackson sintió un rayo de esperanza. Podía seguir una estrategia más sutil. Darle un toque de exageración a su propio ego hasta conseguir que se rieran de él. Tal vez le bastara con menos, ¡qué diablos! Si hasta era posible que la reacción negativa ya se estuviera gestando. Quizá los haters hubieran salido al ruedo y estuvieran tuiteando lo imbécil que era.
Abrió la barra de búsqueda y tecleó un nuevo hashtag:

#JacksonWangEsUnImbecil
0 tuits

Bueno, era demasiado complicado.
Segundo intento.

#JacksonWangImbecil
0 tuits

I'm your biggest fan [Markson]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora