PENUMBRA

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—¡Allí!

Jackson se inclinó hacia delante porque sus ojos habían visto lo que parecía un camino estrecho. Tenía que ser allí. Pisó el acelerador y el motor del Ferrari rugió, y el coche salió disparado por la intersección sin señalar.

«Prosiga por la ruta actual. Le queda poco para llegar a su destino...»

Bueno, por lo menos la señora del GPS parecía estar de acuerdo.
Jackson no compartía del todo su entusiasmo. Aquella carretera estaba todavía más oscura que la que acababa de abandonar. Jackson no veía nada más allá del arco de luz de los faros delanteros. ¿Era una calle de verdad?

***

Jaebeom aún yacía en la oscuridad. No se atrevía a abrir los ojos por miedo a que se desvaneciera el cálido fulgor que sentía en lo más hondo del estómago. Había hecho realidad su sueño más preciado. ¿Qué había ocurrido en realidad? Empezaba a olvidar los detalles. Tan solo recordaba la sensación... el delicioso hormigueo del deseo, el presentimiento de la dulce consumación. ¿Cómo era que el sueño había terminado antes de que empezara su mejor parte? Era para volverse loco, la verdad. Cuando ya tenía a la víctima a su alcance...

Suspiró y abrió los ojos, y parpadeó para despejar su visión. No veía nada. Empezó a tantear con las manos bajo el soplo de un viento frío. En algún lugar recóndito de su mente esperaba encontrar la superficie astillada de la galería de madera, pero sus dedos tan solo hallaban un suelo helado. Unos pocos manojos de hierba. Sobre todo rocas y tierra endurecida.

Jaebeom se apoyó sobre los codos sin prestar atención a su propio aturdimiento. Debía de haberse golpeado en la cabeza. Sus ojos se acostumbraban poco a poco a la penumbra de una noche sin luna y unos pocos recuerdos dispersos se filtraron a través de la bruma de sus pensamientos. Había soñado que estaba en una galería. Una galería de madera. Por lo menos le parecía que había sido un sueño. Entonces miró hacia arriba y distinguió en lo alto el contorno de los listones de la barandilla.
Debía de haberse caído. Pero ¿por qué había subido allí arriba? Tenía el vago recuerdo de estar de pie y... mecerse. Bailar. Bailar lento. Bailar lento con...
Mark.

De pronto, Jaebeom se incorporó de medio cuerpo y se quedó sentado en el suelo. La casa de Mark. La galería de Mark. ¿Dónde estaba Mark? ¿También se había caído? ¿Se habría hecho daño?
Se puso de rodillas y recorrió a tientas un amplio círculo, en busca de otro cuerpo. Sintió un estallido de dolor en el hombro izquierdo, pero no hizo caso.
Mark— susurraba con voz ronca —Mark, ¿dónde estás?

Al cabo de un instante, se rindió. Si Mark estaba allí abajo, era incapaz de encontrar ni rastro de él. Había desaparecido de nuevo. Igual que la última vez.
Jaebeom soltó un gañido... el grito de un animal herido, enfermo de rabia y dolor. ¿Por qué siempre desaparecía? ¿Por qué no podía quedarse donde él lo había dejado? Parecía no poder lograr que se mantuviera quieto, por mucho que lo intentara. A pesar de todas las fotos, Jaebeom nunca tenía suficiente. Nunca quedaba satisfecho. No se contentaba con dejar congelada su imagen. Quería que su cuerpo y su alma siguieran el mismo camino, se quedaran clavados para siempre en un sitio, para disfrutar de él a placer.

¿Había vuelto a abandonarlo? Si era así, Jaebeom haría que lo lamentara. Podía perdonarle un solo error, pero ¿dos…tres veces? No. Tendría que pagar por ello...

Se puso en pie y se meció inseguro sobre la pendiente mientras estudiaba el lugar. No podría volver a trepar a la galería desde allí. Con el hombro lesionado, no. Tendría que encaramarse cuesta arriba y dar la vuelta a toda la casa para llegar a la puerta principal.
Jaebeom recogió el brazo herido contra el pecho e inició el dificultoso ascenso.

***


Jackson creía haber oído una sirena, aunque muy débil. Redujo la velocidad del coche y bajó la ventanilla para escuchar. Volvió a oír el sonido, esta vez más claro y fuerte que antes. Sus ojos divisaron la luz trémula de unos faros. Pisó el acelerador y el coche se tambaleó sobre una elevación del camino.
Por fin pudo ver lo que ocurría más abajo. ¿Tres automóviles? ¿Cuatro? Se habían dispuesto en semicírculo en torno a una casa blanca de madera, que se teñía de rosa con el reflejo del fulgor de los faros de los coches patrulla.
La casa de Mark. Tenía que ser la casa de Mark. ¿Habían llegado a tiempo?

Clavó los ojos en la lejanía y se esforzó por distinguir más detalles. No vio la forma oscura que iba hacia él hasta que se halló a pocos centímetros del guardabarros delantero.
—¡Dios mío!— Jackson pisó el freno.

La figura se había plantado frente al coche con un brazo levantado para protegerse del resplandor de los faros. Los ojos de los dos se encontraron a través del parabrisas... y entonces Jackson lo entendió todo.
Sudadera con capucha.
Era la misma figura que había visto acechando en aquel aparcamiento amplio y vacío. Estaba claro que no se trataba de una de las jóvenes que tenía por fans.

Jackson se quedó boquiabierto. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Mark le había contado la historia entera en sus privados de la noche anterior. Sabía muy bien quién era la persona que tenía enfrente.
Entonces, la cara del otro muchacho también dio a entender que lo había reconocido. Se apartó del coche y echó a correr.

—¡Ah, no, ni lo sueñes!— Jackson paró el motor y abrió violentamente la puerta.
Casi había llegado a la carretera principal, jadeando y resoplando, cuando por fin lo atrapó. Si no lo hubiera oído resollar, Jackson podría haber pasado de largo en aquella noche negra como el carbón. Pero saltó sobre él y lo derribó.

Ambos rodaron por el suelo, aferrándose el uno al otro, y Jackson sufrió arcadas al sentir el hedor abrumador que emanaba de las ropas del chico: una mezcla putrefacta de sudor y esencias florales.
En cuanto pudo tomar aliento, volvió la cabeza y gritó:
—¡Aquí! ¡Policía!

Jackson se encaró de nuevo a la figura que tenía sujeta y sintió que algo duro le rozaba la sien. Una roca. Un golpe sesgado. Si hubiera llegado a golpear más hacia la izquierda habría podido abrirle el cráneo. La situación se le estaba escapando de las manos.
Jackson hizo acopio de fuerzas por última vez y golpeó con el puño a su adversario en pleno rostro. Luego le dio la vuelta y lo agarró por ambas muñecas.
Hijo de puta— masculló, al tiempo que lo aplastaba con su propio cuerpo y le impedía levantarse.

El chico respondió con un mero gimoteo. Había cesado de forcejear.
¿Acaso lo había dejado inconsciente? ¿Y si solo estaba fingiendo con la esperanza de que el otro aflojara?
Jackson le aferró las muñecas todavía con mayor firmeza y volvió de nuevo la cabeza para pedir ayuda:
—¡Policía! ¡Aquí!

Por fin oyó unos pasos. No era capaz de ver nada en el camino a oscuras,
pero en seguida los dos agentes se acercaron por la elevación con las linternas encendidas. Sus haces de luz le resbalaron sobre el hombro e iluminaron la forma que tenía debajo. Jackson se volvió de nuevo y se encontró con un par de ojos desconcertados que le devolvían la mirada. El otro empezó a murmurar. Solo se entendía a medias lo que decía. Jackson apenas si logró comprender unas pocas palabras inconexas:

—Es mío... lo ha dicho... ha dicho que me ama... Mark...

Al oír ese nombre, Jackson sintió que algo se rompía en su interior. Por un instante, el mundo entero se volvió de color negro, y luego de brillante carmesí. Apenas podía oír los gritos de los agentes de policía, como si procedieran de un lugar lejano.

Mark...— sollozaba aquella voz bajo su cuerpo —No permitiré que se
marche jamás... no dejaré que olvide...

Jackson aferró una roca llena de aristas y la sostuvo en alto.

I'm your biggest fan [Markson]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora