❝ Él era Kim Hongjoong, y estaba en su segundo año de la universidad.
De repente una voz apareció detrás de él.
Y justo como en un cómic...
Aquel día se topó con alguien que se volvería muy especial para él. ❞
⤷ minjoong (Song Mingi x Kim Hongjoong)...
Había pasado una semana desde la confesión por llamada.
Y ninguno de los dos chicos se habían visto.
Ya fuese por la ajetreada asamblea de cada clase para formar los equipos para el festival o por los nervios de verse cara a cara, ni uno de los dos se había dignado ni siquiera a enviar un mensaje.
Pero ese día era el gran evento, por lo que los sentimientos pasaron a segundo plano.
O al menos solo de parte de Hongjoong.
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—¡Odio aquí!
El alarido grito de Yunho se escuchó por todo el campo en cuanto su carrera comenzó.
Si había algo que odiara era correr, y para su bendita suerte le había tocado el maratón más largo. ¿La razón? "Oh, tienes piernas largas, seguro ganaremos contigo" dijeron todos sus compañeros.
Así que ahí estaba, corriendo casi en zigzag por tener los ojos cerrados.
El calor le estaba afectando y el oxígeno ya no llegaba correctamente a sus pulmones, sintiéndose exhausto de golpe.
Fue entonces cuando, de una manera u otra, se salió de su carril asignado y corrió hacia el exterior de la pista sin rumbo fijo, gritando como si se tratase de un loco.
Escuchó los gritos de todos avisándole que se había salido de su tramo, pero su cabeza daba demasiadas vueltas como para entender todo de manera concisa y clara. Al menos hasta que sintió como golpeaba algo fuertemente, cayendo inevitablemente al suelo.
O, bueno, tal vez ese algo, fue en realidad un alguien.
Y ese alguien era nadie más ni nadie menos que Kim Hongjoong.
El pobre pelirrojo solamente estaba ayudando en los alrededores de la pista en cuanto sintió como una ridícula fuerza lo golpeaba hasta dejarlo el suelo, sintiendo de inmediato como su codo y rodilla comenzaban a arder.
Después de pasar unos segundos tirados en el piso, Kim se sentó revisando efectivamente sus sangrantes heridas, para luego pasar su completa atención al peliazul que reconoció de inmediato.
—¡Yunho! ¿Estás bie-
Pero, antes de poder terminar su pregunta, alguien lo tomó del brazo con cuidado interrumpiéndolo de inmediato, mirando al dueño de aquella mano que lo había sujetado con semejante sutileza.
—¿Dónde te has hecho daño? Déjame ver.
Song Mingi lo miraba fijamente a la par que revisaba los recientes raspones que sangraban manchando levemente su ropa, haciéndolo sonrojar por la ridícula cercanía que mantenía con el menor.