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CAPÍTULO 36

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Estuvimos un rato más en el bar, entre besos y vino decidimos irnos a la habitación, le daría su premio a la muchachita.  *Estábamos en el pasillo que daba a nuestra habitación*

-          No quiero que hagas esto por compromiso…

-          ¿Qué cosa?

-          Acostarte conmigo…

-          Jajajajajaja- me reí en su cara- ¿Tú crees que me voy acostar contigo para agradecerte? ¿De qué o qué chingados?

-          Samay, no te hagas pendeja…

-          Discúlpame mamasita, pero si yo me acuesto contigo será por el placer de complacerme y tú de paso te echas a tremendo mujerón, ¿Entendido?

-          Por eso me encantas, porque sabes bien lo que me gusta porque te vale madres… - me tomó de la cintura y me acercó a ella-

-          Jajajaja, ¡tonta! – Me besó, pero estaba vez como que con un toque de “ Eres mía, te voy a tener” , entro en su papel de macho-

-          Pero aquí no mi reyna, entremos a esa habitación que ya quiero que tu licor este conmigo en esa cama…

-          Ay, cabrón!, sentí la piel chinita…  Dale Isabeeel, entremos…

-          Me encantasss…

Y entonces nos dejamos llevar por el placer que corría en nuestras venas,  el placer que nos llevaría a explorar y disfrutar de esta pasión, como dije Isabel era una Diosa egipcia, sus pechos hermosos y una piernas, largas, largas algo parecido a lo infinito podría describirla bien, y si algo me mataba a mí eran los pechos de ese tamaño, tan voluminosos y sexys listos para ser mordidos, probarlos a lengüetazos y pellizcarlos a placer.

Ella conmigo podía hacer lo que le diera la gana, me había ganado aunque yo le dijera que no había sido así, era una forma de recompensarla sin que me lo pidiera, Isabel era rica en todas las maneras que pudieran existir, su piel agridulce pero dulce a la vez,  era mi turno de apreciar su desnudez pero ahora en todo su esplendor, porque la muy viva hace rato se logró escapar de mí, comencé mordiendo despacio a esos par de pechos tan encantadores que me tenían loca, grandes y suaves, te daban ansias de tan solo verlos, terminando en sus piernas esas que tanto pensé que no tendrían fin, era fácil amar su anatomía, Isabel me hacía pensar en tijeras, y terminan en el suelo, y aunque no tuviera pene me gustaría tener un bendito consolador para que me hiciera la de perrito, ¿Pero qué carajos?, esto era tan excitante.

-          Me encantassss, sabía que hacerlo contigo sería delicioso

Estábamos en la alfombra, ella con su rodilla apoyada en el suelo y en la otra estaba yo meneándome mientras me hacía quién sabe qué cosas en mi cuello, era tan rico, sentía que solo haría falta el poder de sus dedos ahí abajo para yo correrme, y así fue me cargo para  tirarme de nuevo en la cama, recorrió mis piernas hasta mis pies, repitió besos hasta llegar de nuevo a mis pechos y se hospedó un rato en mis labios y mientras mis manos la recorrían hasta las nalgas, y la apretaba duro así para que no se fuera a ningún lado, la podía nalguear a mi antojo y eso me mojaba.

-          Me estás volviendo loca, me tienes mojada desde que estábamos en el lobby..

-          Así soy yo, asombrosa…

-          Me encantas…

-          Y tú a mí…

Aún podíamos hacer más, antes de que ella estuviera con su lengua jugueteando un rato mientras me retorcía de placer, y la puse abajo, se sorprendió y le mordí la oreja, baje por su cuello y de nuevo caí en sus pechos y decidí hacerle un chuponcito, es que esos solo querían que fueran míos.

Crónicas de una HeteroflexibleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora