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CAPÍTULO 7

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“Allende y Sus Placeres”

Lucero me mostró el lugar que terminó enamorándome por completo, de verdad estaba demasiado hermoso como para ser de Allende. Y como les dije había un Brincolín era obvio que me iba a subir, tenía años sin subirme a uno ¿Cómo porque iba a desaprovechar la oportunidad de subirme a uno?

-¿Nos podemos subir al brincolín? – tenía cara de niña chiflada, la cara con la que a ninguna mujer le podían negar algo-

-Sí, Samay… si nos podemos subir, pero antes me encantaría que me besarás tenemos 23 minutos sin hacerlo y ya quiero besarte- Esta morra no venía a perder el tiempo-

-Claro que sí, mi chiquitita bonita – la besé rodeando mis brazos por su cuello, me estaba acostumbrando a ese sabor de cigarro malvoro; desde ahora una cajetilla estaría por siempre en mi bolsa, a ese cosquilleo que sentía entre mis piernas cuando me mordía despacito y luego volvía los besos más largos yo le llamaba “Beso al estilo Lucero” y a los minutos terminábamos sin respiración pero con ganas de seguir besándonos hasta morir o revivir por amor, cualquiera de las dos cosas era buena si era con ella-

-Samay, Nunca dejes de ser tan tierna ¿Quieres? – Me dijo besando mi cuello-

-Si me sigues besando así, puedo ser lo que tú quieras…

-¿Lo que yo quiera?- Su mirada irradiaba picardía y sensualidad-

-Sí, lo que tú quieras… - dije devolviéndole las miradas-

-Samay, quiero que hagamos el amor aquí en Allende…

-Me había dejado sin aliento, con el corazón alborotado y mis piernas a punto de colapsar, Lucero estaba dispuesta entregarme su alma a cambio de la mía, porque es así como yo lo veía, hacer el amor, es entregarte el alma a cambio de la tuya, el alma que beso tras beso y caricia tras caricia se va desprendiendo de ti para unirse a la persona que tienes en la cama, con la que estás compartiendo todo de ti, esto no era cualquier cosa, ¿De verdad lo haría?, ¿Si tendría el valor de desnudarme frente a alguien que no amo aún?, y si yo sola me estoy haciendo cuentos y Lucero solo  quiere una noche de pasión conmigo ¿y luego me echa para la basura?, ¿Qué iba ser de mí? Yo no quería llegar a casa vencida por el amor que me cegó, yo no quiero salir lastimada, yo no quiero llorar una vez por alguien que me rompió el corazón, yo no quería que Lucero me lastimará porque yo la quería en serio, porque yo me la estaba fleteando chido por ella.

Dieron las 6:00 de la tarde, ya le había marcado a mi mamá para decirle que estaba en la Quinta de Lucero, y le mentí diciendo que sus amigas ya venían en camino. De cierta forma me sentía segura estando en ese lugar con Lucero, me gustaba estar compartiendo mi tiempo con alguien que lo valoraba.

La noche nos pasó entre besos, caricias , tequilas y hamburguesas que preparamos entre las dos, la verdad es que Lucero era un estuche de monerías andando, sabía cocinar, se le daban las matemáticas, besaba súper rico, le gustaba cuidar niños, sabía planchar las cosas sin que se le quemaran, sabía coser, sabía preparar mole ¿Qué Cosa así mal está mujer?

-Samay, ¿si te gusta este lugar?- estábamos acostadas en la cama, viendo MTV y algunos de sus chafas programas, ella me estaba acariciando el brazo, hacía figuritas con las yemas de los dedos, desde círculos hasta su nombre-

-Sí, si me gusta este lugar ¿Por qué?

-Samay, te tengo muchas ganas… - ¿En qué momento ya estaba encima de mí?-

-¿y? – Le dije riéndome, acariciando sus piernas-

-¿Cómo qué Y?, quiero hacerlo, quiero que me permitas desnudarme ante ti, neta que nunca había estado tan segura de hacerlo con una chava, me gustas mucho Samay…. – me tomó el rostro con ambas manos, me miro por unos segundos y después me besó, simplemente no sé cómo puedo describirles ese momento, comenzó repartiendo pequeños besos en mis mejillas, bajando a mi clavícula hospedando besos y diminutas mordidas, estaba dispuesta a quedarse ahí cuando su siguiente objetivo fue mi cuello se sentía tan exquisito, tan placentero, bajo un poco más y me estaba dando besos entre mis pechos- me miro para pedirme permiso de desabrochar mi blusa, el cual le negué, hizo una mueca de desesperación, pero no se lo pondría fácil- siguió con sus infinitos besos, hasta que llegó a mis labios, ahí donde debieron estar desde tiempos inmemorables, me estaba dando besos que me hacían perder la razón, su lengua estaba haciendo el mejor beso de toda mi existencia, su lengua estaba en cada rincón de mi boca, sus mordidas me estaban provocando que mis piernas temblaran-

Crónicas de una HeteroflexibleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora