Alexa
Empezaba a hacer sol, hace ya tiempo que no llovía, y muchos cultivos se veían afectados por eso y que eso pasara no haría muy feliz a los visitantes del día anterior, los cuales siento que volverían pronto y no será agradable.
Tras recoger algo de leña volví a casa como normalmente hago. Al entrar coloque los pedazos cerca de la chimenea y me senté en frente de esta, la noche será fría así que era mejor estar preparados.
Tome unas hojas secas y las encendí con una vela, lentamente el fuego alcanzo la madera.
Mi mirada se quedó fija en la leña ardiendo, volviéndome a replantear lo que pensé anoche, quería buscarme a mí misma, pero ¿por dónde debería empezar? No tengo más pistas que memorias cortas que no llevan a ningún lado. Piensa, piensa, piensa.
Mi juicio se vio interrumpido, no fue por omah o por los soldados, fueron por Oda, el esposo reservado de la mujer que me cuida, es la primera vez que lo veo, tiene una mirada cansada, vestigios de una barba y un cabello corto canoso, no dijo nada, tan solo se sentó en la otra silla al otro lado mío, también viendo la leña arder y convertirse en carbón. Hubo un largo tiempo de silencio, esperaba que alguien lo cortara con alguna palabra, ya sea agresiva, elocuente o pasiva, pero se notaba una cierta tensión.
Sonreí incómodamente intentando calmar el lugar, pero creo que solo empeoró.
—Deberías irte —hablo Oda, por primera vez.
Me sorprendió bastante, era la primera palabra que me dirigía desde que desperté, no lograba entender muy bien a qué se refería.
—¿P-perdona? —hable.
—Dije que te vayas, tu presencia no solo pone en peligro a mi esposa, sino a mí y a todo el pueblo. Esos soldados no solo vienen a revisar la cosecha, también buscan a gente como tú.
—¿C-como yo? —me estaba empezando a asustar un poco, todos estos días he intentado ayudar a Omah como he podido, también a todo el pueblo, pero... ¿Solo les causaré problemas?
Me levanté de la silla y retrocedí unos pasos, mientras Oda me miraba con odio, pero sentí una pizca de miedo en su rostro.
—Vete Eclipsada, nadie te quiere aquí —fue lo último que dijo.
No quería causar problemas, era lo menos que quería hacer, al retroceder me tropecé y caí al suelo, pero inmediatamente me levanté, abrí la puerta de la casa y salí corriendo, no sabía a dónde iba, pero solo sé que sentí gotas de agua saliendo de mis ojos, una sensación que había creído olvidar.
No sé por qué estaba huyendo, no entendía de qué escapaba, ¿Huía de la realidad?, es posible, no quiero afrontarla.
Corrí hasta adentrarme en un bosque ya algo lejano, me senté apoyada en un árbol y abracé mis piernas. Yo solo quería ayudar, no quería traer problemas, no soy una mala persona, jamás lo he sido.
—Es porque soy una eclipsada... ¿No es así? —¿Por qué tengo que recibir esas palabras por ser una? Mire al cielo en busca de respuestas, como si algún dios fuese a responder a mis lágrimas.
He escuchado las historias, la gente odia a los eclipsados, o les temen, no entiendo la razón, yo solo deseo ser una chica normal.
De repente el cielo se nubló, y los rayos empezaron a caer, caían cerca de mí, pero ninguno me impactó. Me asusté levemente levantándome, alejándome un poco de la zona.
Este lugar no era conocido por tener tormentas, mucho menos eléctricas, tal vez la estaba causando yo.
Un rayo impactó en mi mano derecha, me asusté al instante, pero no dolió, hizo que mi brazalete cayera al suelo.
Me agaché y empece a buscarlo, pero estaba oscureciendo así que no pude encontrarlo.
Solo estaba causando más problemas al quedarme aquí, respire profundo y volví al pueblo a paso lento, parece que ningún rayo incendió el bosque, eso es bueno, mi berrinche no causó un daño mayor.
Al volver intenté pasar desapercibida, parece que mucha gente se sorprendió al ver como una tormenta eléctrica apareció y desapareció tan rápido, al menos ninguna mirada se dirigía hacia mí, la chica de cabello celeste.
Pase por un puesto de frutas, me dieron una canasta, por alguna razón no tuve que pagarla, me la dieron con una sonrisa, así que yo también sonreí.
—Mandale saludos a Omah y Oda —dijo el joven dueño.
—C-claro... —Fue lo único que respondí para luego irme.
Parece que la unidad es lo que sostiene este poblado, una unidad en la que yo debería integrarse, especialmente con el Marido de Omah.
Al volver a casa, él seguía ahí sentado, deje la canasta en la cocina.
—Volviste —escuché su voz lejana atrás de mí.
Tome aire, sentí mis manos temblar y una gota de sudor caer de mi frente, aun así me di la vuelta.
—Eso hice, no pienso huir de los problemas.
Solo escuché como Oda suspiro, y luego un largo silencio. No se deshará tan fácil de mí, si tengo que enfrentarlo más de una vez, eso lo haré.
La noche había caído, así que me fui a dormir.
Donde una vez estuvo la pequeña eclipsada, llegaron unos soldados alarmados por la repentina tormenta, allí encontraron el brazalete medio quemado de la chica, el cual recogieron.
—¿Crees que eso significa...?
—Hay que informar a nuestros superiores, esto podría ser un gran problema.
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Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion
FantasíaEn un continente desangrado por la guerra, dividido en dos por una gran muralla, tras dieciocho años después de un gran conflicto contra monstruos de origen desconocido, los eclipsados, individuos con diferentes habilidades, deben terminar con el re...
