Sin Retorno

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Roumani

La fortaleza no retorno, el lugar que recubre gran parte de la entrada del muro de la ciudad, llamada así por las innumerables vidas que cruzaron la gran estructura y jamás volvieron.

La fortaleza tenía armas de todo tipo guardadas en su almacén, barricadas, armas y un poco de la pólvora que quedaba.

Con sus pasillos estrechos y lugares subterráneos, No retorno era el lugar que defendía Atticus.

Y quienes estaban en las murallas eran la Legión de acero, eclipsados y humanos asignados a solo una cosa, defender la muralla con sus vidas. Su número rondaba los quinientos.

Soldados cruzaban a toda prisa por el lugar, cargando armas y pólvora, pude ver a Nightmare a un lado preparando varios artilugios, parece que todos fuimos llamados.

Acherus me pidió que lo acompañara, me separe de Coopyd, le ordene que buscara al equipo. Subimos al muro por uno de los varios ascensores.

El paisaje se dividía en dos, por uno, la ciudad de metal con sus altos lugares al fondo, casas acumuladas y pobres, la gran fortaleza en medio de la ciudad, y civiles que parte de la Trifaria humana estaba evacuando. Y por el otro, un eterno bosque, en su interior se encontraban las ruinas de varios hogares y caminos perdidos en estos dieciocho años.

Mis pasos resonaban al caminar, el muro construido por diferentes metales, era fuerte y duradero de alguna forma.

Según las historias, fue el primer eclipsado, Aishi, quien con su ferroquinesis, aceleró la construcción del muro, fue un gran héroe de guerra, pero perdió la vida al final de la guerra, ese día perdimos a un buen soldado.

Aunque nunca tuve oportunidad de conocerlo.

El camino de la muralla era ancho, por lo menos podían caminar veinte personas de lado a lado.

Caminamos un poco hasta encontrarnos con otro grupo, un escuadrón de diez personas.

El que estaba delante parecía el jefe, un humano con mostacho y ropa de invierno, detrás de él, había dos eclipsados y varios humanos.

Uno tenía el pelo blanco atado a una cola que caía por su hombro, con ropa negra, lo más destacable era la venda en sus ojos, abajo de esta sobresalía una cicatriz.

A su lado, una chica con cabello corto y ojos rojos.

Uno de los humanos me parecía conocido, un chico joven, que me había encontrado con anterioridad, ya lo recuerdo, su nombre era Rui, cabo Rui Senry.

—¿Cuál es la situación? —preguntó Acherus.

—Nuestros exploradores encontraron varios monstruos rondando, parecían de alguna manera organizados, los volví a enviar afuera hace tres horas, pero no ha habido contacto alguno —dijo aquel hombre del mostacho.

—En caso de un ataque, este chico me ha ayudado a idear un buen plan de defensa, es un gran pensador —prosiguió él señalando a Rui, él solo hizo una reverencia en forma de saludo.

—Sumando las fuerzas de bastión tenemos a al menos mil hombres valientes —comentó Acherus.

—Debe ser suficiente, no creo que los monstruos superen los cien —dijo confiado aquel hombre.

—Con todo respeto, no subestime a los monstruos, señor —comenté.

—¿Cuándo le diste permiso a tu perro de hablar Acherus? —Exclamó burlándose de mí.

Yo solo fruncí el ceño manteniéndome lo más calmado posible.

—Pido más respeto —dijo Acherus

Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora