Alexa
Avance, a paso lento, en mi interior tenía un sentimiento de nostalgia y desconfianza, y ese sentimiento me decía que dejara ese lugar y me fuera, que no tocará nada, que era un error estar ahí, un mal presentimiento.
Pero tenía que cumplir con lo que dijo mi maestra, sería un fracaso si le fallo ahora que estoy tan cerca, solo tengo que seguir avanzando y tomar aquel símbolo.
Al pasar al lado de la espada, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, estaba algo asustada, no entendía la razón, sentía que la espada me quería decir algo, pero yo no quería escuchar.
Al tomar el medallón, aquellas líneas grises rápidamente envolvieron mi mano, lastimándome
—Ugh...
Un quejido adolorido salió de mí, sentía que penetraban mi brazo y me quemaban por dentro.
De un tirón al final saqué mi objetivo de ahí, suspiré aliviada y cuando me dispuse a salir de ahí, más calmada teniendo en cuenta que nada había salido mal. Un temblor sacudió el lugar y las líneas grises que rodeaban mi alrededor que venían de la espada, se desvanecieron y quedó en total oscuridad.
Me alarmé y tomé carrera fuera del lugar, pero una sombra subió del suelo y bloqueó mi camino.
Desenfunde mi espada y ataque, un ataque frontal que fácilmente fue bloqueado.
Esa misma sombra me empujó, rodando hasta donde estaba ubicada la espada, el medallón se escapó de mis manos rodando un poco más lejos de mí.
Todo el alrededor volvió a iluminarse, no de las líneas anteriores, sino de ojos blancos y luces de antorchas recién encendidas, se contaban por docenas, no, por cientos, eran demasiados, era un gran ejército de monstruos.
—Por los dioses...
Estaba aterrada y sorprendida, podía enfrentarme a uno o dos, pero eran demasiados para enfrentarlos yo sola.
Agarré con fuerza mi espada, cuando estaba a punto de levantarme, una fuerza me devolvió al suelo al golpearme en el estómago, tirándome algo más lejos, junto al medallón, el cual tome y guarde en mi chaqueta.
Tosí, recuperando el aire, y abrí los ojos, viendo lo que tenía enfrente.
Era grande, al menos media cuatro metros, tenía cuatro ojos, una gran boca, con colmillos sobresaliendo, algún que otro cabello suelto.
Parecía humanoide, pero tenía boca, y cuatro ojos, y solo tenía dos brazos, no podría decirse que era uno, no parecía ningún monstruo que yo conociera.
Acercó su cabeza, y me olfateó con la pequeña nariz que tenía, luego pareció respirar con profundidad.
—Vaya, vaya, a quién tenemos aquí —el monstruo habló, un hecho sorprendente para mí. Asimismo se acercó a mí, agarro mi barbilla. De su horrible rostro se generó una boca, donde una lengua paso por toda mi mejilla, yo intente alejarme sin éxito alguno—. La niña traidora, aquella que abandono todos los ideales por lo que lucho.
Tome impulso y lance un relámpago, golpeando su mano, liberándome de su agarre, alejándome rodando unos metros.
—No sé dé que hablas —agarre con ambas manos mi espada de metal oscuro, lista y preparada para el combate.
Podía sentir una gota de sudor cayendo por mi frente y pasando por mi mejilla, sentía mis piernas temblar y mi agarre dudar, aquel monstruo que tenía en frente era algo fuera de lo común, podía hablar y tenía más inteligencia que cualquier monstruo que haya combatido en mi camino hacia acá.
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Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion
FantasyEn un continente desangrado por la guerra, dividido en dos por una gran muralla, tras dieciocho años después de un gran conflicto contra monstruos de origen desconocido, los eclipsados, individuos con diferentes habilidades, deben terminar con el re...
