Despertar

108 13 5
                                        

Choques de espadas, gritos de furia y muerte. Sentí el frío lodo en mis piernas, juntado con un dolor intenso en mi cuerpo, un suelo de tierra lleno de sangre y unas botas de metal en frente de mí, no logro ver quien es, apoya su mano rodeada de vendas en mi pecho, tiene una cicatriz en su mejilla izquierda y cabello blanco.

-Vive -me susurra, que es lo último que oigo antes de sentir como mi cuerpo cae de un gran precipicio.

Me despierto repentinamente, con un sobresalto y el corazón latiendo fuertemente, mis ojos al moverse, alertas por alguna razón visualizan primero que todo un techo de madera, parece algo viejo y desgastado por la lluvia, hay cierto rastro de moho en el.

Mi cuerpo duele, todos mis músculos los siento atrofiados y mis huesos pegados, el tacto en mi cabeza y brazos deja en claro las vendas puestas, a duras penas logró levantar mi torso y girar mi cabeza para visualizar el lugar, era una pequeña habitación con una ventana por la cual entraba la luz solar, no había cuadros en las paredes y la cama en la que estaba acostada era más grande que yo, al lado de la cabecera hay una pequeña mesa con una linterna, vendas sucias, y con una foto volteada, todo el lugar era de madera y tenía sus notorios años.

Al quitarme la manta de encima veo que llevo puesto unos pantalones y camisa sencillos blancos, como una especie de pijama, no eran de mi talla, parece que pertenecieron a alguien más, una persona más ancha y alta, levanto mi mirada como pude, notando un reloj, marcaban las 8:15 de la mañana.

Mi cuerpo está delgado y débil, se pueden ver levemente los huesos en mi piel, ¿Cuánto tiempo he dormido? ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado?

Mis pensamientos son apartados por el sonido de la puerta abriéndose y una mujer de edad mayor entrando en la habitación, se sorprendió al verme, llevaba un largo vestido blanco, cabello canoso amarrado en una coleta y notorias arrugas en su cara.

-Oh, por los dioses, es un milagro -la mujer con una gran expresión de sorpresa se acercó a paso apresurado, puso su mano en mi frente, yo estaba algo confundida-, tranquila, iré por un poco de agua.

Vi a la mujer salir de la habitación y un tiempo después regresó, ahora llevaba un jarrón de madera con un líquido transparente, sirvió un poco en un cuenco, luego me lo ofreció, levanté mi débil brazo como pude y lo tome bebiendo su contenido, sentí un gran alivio al hacerlo, me sentí limpia, algo renovada.

-¿Cómo te llamas?

Al escuchar esas palabras no supe qué responder, ahora que lo pienso; no recuerdo nada, ni siquiera algo tan simple como mi nombre.

-¿Mi... nombre?

Susurre sin darme cuenta, un fuerte dolor asoló mi cabeza junto con el recuerdo de la misma chica que antes "Alexa" la escuche decir, sentí en su tono tristeza y amargura.

-A-Alexa... -logre decir a duras penas aún abrumada.

-Es un bonito nombre... ¿Recuerdas algo? ¿De dónde vienes? ¿Qué pasó?

Por mucho que lo intentara no lograba recordar nada más que mi nombre, insistir solo hacía que me doliera la cabeza, sentía como si fuera electricidad cada que me forzaba a intentar recordar.

-No... lo siento.

-Tranquila, perdóname a mí, fueron muchas preguntas en muy poco tiempo. ¿Tienes hambre?

En cuanto ella mencionó el hambre sentí mi estómago vacío, solo asentí con la cabeza, al hacerlo ella se retiró dejándome sola.

Levanté mis manos lentamente viendo de nuevo las vendas que rodeaban estas, se veían algo viejas, empecé a quitármelas a la velocidad que mis delgados miembros entumecidos permiten, debajo de las vendas, en mis brazos tenían cicatrices de raspones como si hubiera rodado por unas rocas, pero ya habían sanado hace rato, baje mi mirada a mi estómago notando más vendas ahí, antes de que siquiera pensara en quitármelas entró la aquella mujer.

-Perdón por la tardanza, tomó mucho tiempo prepararlo todo.

¿Mucho tiempo? Apenas pasaron unos minutos pensé, levanté mi mirada donde estaba el reloj el cual ya marca las nueve de la mañana lo que hace que me quede más confusa, agarro mi cabeza un poco, tal vez aún no estaba recuperada del todo.

El olor me liberó de esos pensamientos, era un olor atrapante y exquisito, hacía que el hambre aumentará. Lo que ella trajo fue un líquido con tiras largas y enrolladas, no sé cómo se llama ni lo que es.

-¿Qué es?

-Se llama sopa de fideos.

-¿Sopa...? -susurre, ella acerca una cucharada a mi boca, trago un poco de saliva y tomó un bocado, está delicioso, hace que sienta que no he comido en mucho tiempo, aunque quizás así sea.

Así ella me alimentó por lo que pienso fueron algunos minutos.

Tras acabar la comida, en un esfuerzo terco, me intento levantar.

-¡Espera! Debes recuperarte, acabas de despertar después de meses.

-¿Meses?... C-cuántos? -su afirmación me asustó un poco.

-Eso no importa ahora, debes recuperarte y esperar a que tu memoria vuelva, tomate tu tiempo -puso una de sus manos en mi hombro.

Ignore sus consejos y tercamente me levanté apoyándome en las paredes y mesas, escucho como ella me sigue, pero siento que su voz es muy lejana.

Al lograr salir de la casa veo al fin las afueras de esta, es un pequeño pueblo bastante rural, hay gente caminando con ropa desgastada, pero lo más notorio es lo que se encuentra en lo que parece la entrada del pueblo. Se trataba de un esqueleto gigante que cubre una parte de la aldea, sus huesos fueron usados para integrarse en varios hogares, fácilmente me supera diez veces en tamaño, quizás más.

Un gran terror recorre mi cuerpo, junto a fragmentos de memorias que no logro distinguir terminó cayendo al suelo, y siento como si ese esqueleto cobrará vida y me atacará, con una ferocidad abrumadora.

Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora