El Acechante Respiro De La Muerte

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Roumani

En la cúspide de la noche estábamos cerca de la zona prevista, nuestros dos nuevos compañeros hablaban mucho, aunque tanto yo como Chariclo nos manteníamos escépticos ante ello, en ocasiones ella intentaba unirse a la conversación sin éxito alguno.

—Bueno ¿Cuál es el plan Shane? —pregunto Marcus.

—Es un Basílico, son fuertes a larga distancia, tendremos que mantenernos cerca para así poder evitar su mayor arma; los látigos ubicados en su espalda.

Me di la vuelta y señale a chariclo y luego seguidamente a Laules.

—Ustedes le mantendrán cegado y ocupado, Laules con su luz y Chariclo con sus flechas —tras decir eso, apunte con mi dedo a Marcus.

—Y tú moverás algo que bloquee su gran boca y así sus grandes dientes quedan fuera de combate. Si todo sale bien, podré acercarme lo suficiente y eliminarlo, acabando así sin ninguna complicación.

Tras escuchar mi plan el otro par parecían sorprendidos, yo preferí no escuchar lo que dijeran.

Todo parecía a punto de salir bien, pero... ¿Por qué me siento nervioso?, el plan es bueno y conciso y nuestras habilidades son eficientes contra un Basílico. Quizás es porque hace meses no lucho contra un monstruo, espero no fallar y hacer que alguien salga herido.

Los Basílicos a pesar de tener cuatro piernas, no son capaces de recorrer largas distancias, siempre se quedan en los alrededores de donde creen que es una buena zona, así que no creo que sea difícil encontrarlo, si es que de verdad hay uno.

Al llegar a la zona, vimos rastros de sangre y garras, era una pequeña cabaña ahora abandonada, desconozco quienes vivían aquí, pero fueron víctimas del monstruo, llegamos demasiado tarde para evitar sus muertes.

Al ingresar a la cabaña, vimos los cadáveres gracias a la poca luz que había, no podía distinguir sus rostros, mordidas se hallaban en todos los cuerpos, murieron de una forma horrible.

No puede ser cierto, si hay un monstruo en este lado del muro.

En el interior de la cabaña derruida se escuchó el sonido de algo arrastrándose y luego pasos, algo no andaba bien, no eran varios pasos seguidos, parecían ser menos.

Le señalé a Laules que iluminará el lugar, él lo hizo, eliminando la gran oscuridad de la cabaña y revelando algo horrible.

No había un Basílico, había un ser humanoide, con cuatro brazos, la piel de su barbilla se juntaba con la de su cabeza sobresaliendo dos colmillos de donde deberías estar su boca, pequeños pelos en su cráneo, y sus dos ojos con dos pupilas me miraron fijamente, su torso cubierto por harapos y su piel de gallina, junto a sus piernas de cuatro dedos con uñas afiladas corrieron hacia mí y con una embestida de dos de sus brazos, mi cuerpo atravesó la frágil cabaña quedando fuera en el frío césped algo aturdido.

Esto no estaba bien, si no era un Basílico y se trataba de un Geoquiro, las habilidades de mis compañeros no servían de nada contra eso, pero las marcas y las pruebas, en especial las mordidas... Los Geoquiros no tenían boca, algo no cuadra.

Sentí miedo, un sentimiento leve, pero notorio, años en los que esta sensación no recorría mi cuerpo. Me levanté como pude.

Empecé a correr lo más rápido que pude a la cabaña, podía escuchar a mis compañeros luchar, pero segundos después escuche un grito de dolor no, no podía pasar otra vez, no puedo permitirlo.

Llegué a la cabaña y lo primero que vi fue a Chariclo aterrada en el suelo y luego la cabeza, torso y piernas de Marcus en el suelo, partido en tres por el Geotoquiro que portaba una espada en cada uno de sus cuatro brazos.

Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion Donde viven las historias. Descúbrelo ahora