Inocente

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Roumani

La entrada era tan pintoresca como el nombre. Un gran esqueleto de un Ceokaliro; el cual fue un gran monstruo de gran tamaño y fuerza bruta.

Según los informes, aquí se encontraba la eclipsada renegada. Mi compañera y yo procedimos a cruzar los huesos hasta entrar a la aldea.

Nada más entrar, pude escuchar unos gritos de con bastante enojo en ellos, sonaban como amenazas.

Al caminar sentí como los granjeros realizaban sus tareas diarias y nos miraban fijamente en algunas ocasiones, yo ignoré esas miradas y me dirigí a los gritos.

El lugar de donde procedían los gritos era un árbol, cinco soldados de la Trifaria, tenían quemaduras menores, las cuales tal parece fueron tratadas por algún granjero

—¡Eh!...¡Tú!

Me llamo la persona la cual parecía el líder, un hombre con bigote y un sombrero, junto a la ropa azul del ejército.

—¿Te envió Acherus verdad?, libérame.

Parece que el Sargento se adelantó y envió a unas tropas, un grave error, enviar humanos a tratar con eclipsados no es la mejor de las ideas ¿en qué estaba pensando?

Desenfunde mi katana y corte las sogas que los ataban, liberándolos, mientras.

—Charli, curalos —le ordené a mi compañera mientras la volvía a enfundar.

—No me llames así y por favor, no me des órdenes, somos compañeros ¿Si? —tras decir eso, me sonrió, no me lo había dicho de mala manera, tendré en cuenta sus palabras.

—¿Qué pasó aquí?

—Tsk... Esa maldita niña... Nos noqueó a todos y huyó.

¿Noqueo? Con un renegado normal estarían muertos ya, eso es raro.

—No deberían estar aquí, ya pueden irse, nos encargamos nosotros —les informé.

—Claro eclipsado, pero primero tengo algo pendiente —este empezó a caminar a una cabaña, me crucé de brazos y levanté las cejas ¿Qué estaba haciendo? Será mejor seguirlo.

—¡¡Abran!! —grito eufóricamente, tuve un mal presentimiento.

—Detente —le pedí

Una anciana mujer fue la que abrió la puerta, esté en ese momento dirigió su puño al rostro de la indefensa.

Agarré con fuerza la mano a centímetros del rostro de ella.

—¿Qué crees que haces? —le pregunté mirándolo fijamente

—Desgraciado —tiró su mano para que la soltara, lo cual hice, liberándolo—. ¡Esa mujer cuidaba de la niña renegada!, es una criminal.

—Seguramente no sabía a quién tenía en su casa, ya vete, nos encargamos nosotros.

—¡No me iré! —en ese momento desenfundo su machete y dirigió un corte hacia la cabeza de la vieja mujer, está gritó asustada y cerró los ojos.

El golpe se detuvo a poca distancia de su cabeza, las sombras sostenían su mano y la apretaban, mientras que su cuello podía sentir el frío acero de mi arma.

—Vuelvo a preguntar, ¿qué crees que haces? —tome la funda de mi arma con mi otra mano.

Este me miró asustado, pero también con enojo, no soltaba su arma con nada.

—¡D-dándole una lección a este maldito pueblo! ¡Por encubrir a una enemiga de la humanidad!

—¿Matarías a una pobre mujer que no hizo nada malo? Estás abusando un poco de tu posición — acerqué mi filo a su cuello aún más, le hice una pequeña herida de donde salió un hilo de sangre.

Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora