Máscara

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Roumani

Limpié como pude la sangre de mi rostro y ropa con el agua del mar, pero aun así en mi abrigo quedó un poco, por ahora no lo usaré, lo llevaré en mi mano. Ahora tengo que volver con Coopyd e ir con el traficante para que nos lleve al otro lado.

En el camino vi como la gente corría hacia el almacén en llamas y algunos otros llevaban agua para apagarlo, yo me di prisa y seguí mi camino hacia donde estaba la chica, esperando que siguiera ahí.

Seguía en ese lugar, aún escondida y tal parece tenía cara de aburrida también parecía enojada.

—Tardaste demasiado —me reprocho la chica.

—Perdona por eso, toma —acto seguido le entregué una capa para que pudiera ocultar un poco su rostro con la capucha.

—Tu cabello resalta demasiado, tenemos que pasar lo más desapercibidos posible.

—Gracias por decir que no te gusta mi cabello —hizo un puchero, parece que mi comentario no le gustó. Terminó de ponerse la capa con la capucha, ahora si no llamaba tanto la atención, le hice una señal con la mano para que me siguiera.

—Por cierto, jamás dije que no me gustara tu cabello —le aclare a la chica, ella solo desvío su mirada.

—¿A dónde vamos? —pregunto mientras acomodaba su capucha.

—Al muelle, sé donde encontrar un barco.

—¿Cómo lo averiguaste?

Guarde silencio, dudo que se tome bien lo que hice, solo seguí adelante hacia la parte del puerto que me habían dicho.

Al llegar al lugar vi como muchas personas estaban reunidas, parecía una discusión bastante agitada.

—Quedate atrás, iré a mirar que pasa —le dije a Coopyd, luego me acerque.

—¿Ellos estaban dentro en el incendio?

—¿Mi esposo murió entonces?

—Mi padre sigue vivo... ¿Verdad?

¿Esposo? ¿Padre?, eran los familiares de esos traficantes.

—Estaban ahí, no sé cómo fue que se originó el incendio, pero es una verdadera tragedia, ellos eran buena gente, se tomaban su trabajo en serio, no merecían morir así.

Me fijé en la persona que habló, era un hombre con una prótesis de metal como brazo derecho, pero no parecía una tan actual, aunque se notaba que servía, lo otro que más resaltaba, era su gran parche en su ojo derecho y su cabello corto café.

El hombre levantó la mirada y se fijó en mí.

—¿Tú quién eres? No eres un familiar.

Trague un poco de saliva y me acerque hacia él, las familias retrocedieron ante mí accionar.

—Venía a buscar trabajo con una amiga, siento venir en un momento de luto como este —proseguí a poner una mano en mi pecho en señal de respeto.

—No te preocupes muchacho, es ahora que necesitamos a más gente como tú —la supuesta tristeza del hombre desapareció.

El traficante se levantó, era más alto que yo, me miró por un momento y luego se dirigió a las familias.

—Por favor, vayan a casa, prometo un entierro digno para sus padres y esposos —la pequeña multitud se fue y el hombre se dirigió al barco, aunque la pequeña niña no paraba de llorar mientras su madre se la llevaba, no pude evitar mirarla con pena.

Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora