Guardianes Del Muro

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Roumani

El sonoro ruido de la batalla me despertó, tosí un poco y logré levantarme, no tenía heridas graves, solo raspones y rasguños. El frío rápidamente me abrumó, el viento soplaba con fuerza, llevándose mi manto y abrigo junto a gran parte de la nieve, al levantarme di unos pasos, visualizando la situación actual, no estaba en mis sentidos aún, seguía mal por el impacto.

—¿Qué ha pasado?—me pregunté a mi mismo.

Mire a mi lado, estaba Vali, completamente inconsciente, su pierna derecha había sido aplastada por la gran roca en llamas antes lanzada, tenía una herida en la frente y parecía estar grave, su armadura estaba levemente rota.

Es cierto, él me protegió con su escudo, mitigando la mayoría del impacto y por eso está en ese estado. Recuperando poco a poco mis sentidos revisé el alrededor, las ballestas y catapultas disparaban, mientras Acherus gritaba órdenes, varios soldados arrastraban los heridos en un intento de ponerlos en un lugar seguro, otros trataban las heridas y algunos agonizaban por la falta de sus miembros. Los que quedaban de pie ayudaban ya sea llevando rocas a las catapultas, cargando las ballestas, o disparando con arco y flechas.

Las bolas de fuego nos tomaron por sorpresa, por culpa de ellas muchos ya estaban muertos.

—¡Están intentando trepar el muro! —grito un soldado, yo solo giraba sobre mi propio eje, aún algo perdido.

—¡Quémenlos! —tras la orden de Acherus, los lanzallamas hicieron su función y dispararon hacia abajo, logré escuchar el chillido de los monstruos, y luego su impacto contra el suelo, los lanzallamas, estaban ubicados a lo largo del muro en el borde de este, disparaban una ola de fuego que cubría gran cantidad de la estructura de metal y era una gran defensa para los que trepaban, están hechos para que su calor no alcance un grado mayor y derrita el metal del muro.

—¡Arqueros abran fuego! —volvió a gritar Acherus. Mi mirada volvió a Vali, rápidamente fui a socorrerlo.

—¡Necesito un médico! — grité con todas mis fuerzas, la pierna de Vali seguía pegada a su cuerpo, así que arrastrarlo lejos no sería una buena idea, primero tocará amputar.

El comandante fijó su mirada en mí, camino hacia donde estaba yo poniendo su mano en mi hombro, devolviéndome a mis sentidos.

—¡Shane te necesito despierto! ¡Necesitamos toda la ayuda posible! —grito Acherus, tenía una herida en la cabeza, casi todos sufrimos por el ataque sorpresa.

—Pero Vali-

—Ya llega el equipo médico, ven conmigo.

Me agarró por el brazo y me guio hacia el borde del muro, obligándome a ver lo que yacía allí.

La anterior vista del gran paisaje del bosque nevado, se había convertido en un mar de fuego y negro, muchas figuras negras, se posaban en el suelo todas ellas de diferentes monstruos, cientos, no... Miles de ellos.

—Por los dioses —exclame por la sorpresa, mire a mi alrededor, los humanos y eclipsados que había templaban, quizás de miedo o frío, no podía sacar una conclusión de la expresión en su rostro, no la veía bien por la oscuridad de la noche.

—¡Escuchen, somos lo único que se interpone entre estas cosas y la total extinción, si caemos hoy, no habrá un amanecer para la humanidad, así que defiendan este lugar con su vida y alma! —Acherus noto la desmotivación de las tropas, así que hizo lo que hace un líder.

Todos gritaron motivados, la moral que parecía perdida al inicio empezó a subir, pero no tanto como se requería en esta situación.

—¡Toma un arco y dispara! —dijo Acherus, luego me dejó solo en aquel lugar, caminando por el muro, sus pasos no resonaron por el gran bullicio en el que se encontraba el lugar.

Alma Eclipsada I: Sombras De Conminacion Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora