Capítulo 63

2.8K 81 44
                                        

Aquella noche adquirió pronto un tono oscuro, un aura de desesperación, de muerte.

Un par de minutos después, el director Dumbledore llegó junto a un grupo de colegas bastante importante. Pidió una rápida explicación de lo ocurrido. Le contaron como el peor de los hechizos había caído sobre su cuerpo, como murió al instante. Le explicaron también, que Bellatrix al ver hasta donde había llegado se marcho huyendo, tratando de fingir una sonrisa de orgullo.

Albus Dumbledore, el hombre de hierro, pareció mostrar un par de lágrimas rebeldes que amenazaban con caer.

-¿Dónde está? - susurró Mcgonagall, con la mirada perdida.

Noelia echó un vistazo hacía la parte más alejada del bosque. Habían salido de la mansión, y se habían desplazado varios metros, vagando sin un rumbo fijo.

-Sirius.- su voz le resonaba en la cabeza. Una y otra y otra vez. Había sido solo hace unas horas- Como cabalgues un solo metro, no te volveré a dirigir la palabra.

-Te quiero mucho. - fue su única respuesta.

Nunca unas palabras le dolieron tanto. Se le clavaban al corazón, como agujas, en la garganta. No podía respirar, el aire no le llegaba a los pulmones.
Sirius Black hubiera jurado en aquel momento, que el hubiera podido morir ahí, en aquel bosque, de ansiedad, de dolor, tal vez de miedo.

Estaban solos. Bueno, estaba. Volvió a mirarla. Jess Greengrass reposaba en la hierba, pálida y delicada. Parecía profundamente dormida, pero él sabía que no se iba a despertar.

-No me hagas esto...- le susurró llorando. -No me puedes hacer esto, cariño...- comenzó a llorar fuertemente. Estaba solo. Sentía que le faltaba el aire. Abrazo fuerte a su cuerpo, ya sin vida, como si de un abrazo pudiera pasársela a ella.- Jess, no puedes...

Sus palabras se perdieron entre los llantos. Siruis gritaba. Lloraba olvidándose de respirar. Abraza fuerte el cuerpo, luego lo soltaba, la miraba y se rompía en dos. Rabia y tristeza y viceversa.

Ahí descansaba la única mujer a la que había amado nunca. En ese momento tuvo claro que sería la única. Que no importaba lo que viniera o lo que pasara, él siempre lucharía por hacer que la muerte de Jess no hubiera sido en vano. Ella fue, era y continuó siendo su prioridad.

Unos brazos le abrazaron por detrás. James empujó la cabeza de Sirius contra su pecho, rondándole con sus brazos.

-James...- trato de pronunciar Black entre sollozos desesperados.

-Lo sé, tranquilo.- trató de calmarle James, entre lágrimas también- Ya está Sirius... Ya está.

Lily apareció por detrás y se dejó caer junto a ella. Estaba mucho más calmada que Sirius, las lágrimas silenciosas decoraban su cara. Parecía tranquila, y con la madurez que tanto le caracterizaba, le recogió un par de mechones rebeldes colocándoselos detrás de la oreja.

Miró su cara analizándola poco a poco. Se acercó despacio y cerrando los ojos le dio un delicado beso en la frente que se prolongó unos segundos. Las lágrimas seguían brotando de sus ojos hinchados pero pequeñitos.

-A parte de mi compañera de vida, has sido mi ejemplo todo este tiempo. Ahora serás nuestra razón de seguir. Has sido muy valiente, guapísima. Siempre lo fuiste.- los llantos de Sirius cesaron ante las palabras de Lily. El viento aullaba y el ambiente y la naturaleza les guardaban paz y calma.- Descansa, preciosa. Te prometo que vas a ser el principio del fin. Te quiero mucho.- le costó pronunciar a la pelirroja quien comenzó a sollozar a la par que venían alumnos acompañados por Albus y Minerva.

Todos llevaban sus rostros mas tristes, más humanos.

Aguantarían. Claro que aguantarían. Por sus valores, su ética, por el futuro, por todas las muertes que precederían y por Jess. No se darían por vencidos tan fácilmente. Aguantarían. Hasta el final.

James y LilyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora