Necesito que pare

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Alice.

Siento una mano acariciar mi rostro tiernamente, las yemas de sus dedos pasan por mis mejillas, labios, nariz y frente. Siento otra mano rodeando parte de mi espalda y cintura.

No quiero, otra vez no.

—¡Suéltame, no me toques!

Abro los ojos y quito sus manos de mi rostro, me zafó de su agarre y me levanto, me abrazo automáticamente.

Mi corazón late muy rápido.

Lo miro y no es quien creía, es Enric.

Me mira triste.

—Alice ¿Estás bien?

—¡¿Qué haces aquí?! ¡Lárgate, no te quiero ver!

—Quiero estar contigo, superar juntos lo que…sucedió con nuestros bebes.—su voz tiembla.

—Eran mis bebés, MIOS.

Niega.

>>Tu los dejaste o ¿Ya se olvidó?.

—Por que tú no me dijiste nada, yo no sabía, si no ten por seguro que hubiera dejado las malditas amenazas de lado y me hubiera ido con ustedes.

¿Amenazas?

Frunzo el ceño al no entender a lo que se refiere.

>>Escúchame ¿Si?—trata de acercarse a mi y yo retrocedo.

>>Me estuvieron amenazando, me dijeron que si no me alejaba de ti, te iba a pasar lo mismo que a mi madre. Por eso hice que te alejaras de mi.

Que mencioné a su madre me hace recordar las palabras de Fabián.

—Quieres saber algo? Lo hice yo la mate, mate a su madre, por meterse con la mujer equivocada, con mi mujer, tu eres mía y de nadie mas.

Niego y mis lágrimas comienzan a salir.

—El la mato…el causo el accidente.

—¿Qué?—la confusión invade su rostro.

—El me dijo que la había matado porque te metiste con la mujer equivocada.

Enric endurece la mandíbula.

—Maldito hijo de puta, ¡Joder!—su voz suena triste, revuelve su cabello frustrado y después me mira.

Trata de acercarse a mi nuevamente y vuelvo a retroceder.

>>Alice yo…te amo.

Sus palabras me toman por sorpresa, sin embargó no causan nada en mi, ningún efecto, ninguna emoción, como antes la hubiera causado.

Lo único que puedo sentir es odio, nada más que odio hacia todo y todos, incluso hacia a mí también.

—¡Fuiste un maldito cobarde y me dejaste ir, me dijiste que no me amabas cuando yo necesitaba que lo dijeras así que ahora no vengas decirme algo que ya no necesito escuchar!—grito.

Sus ojos me miran tristes, pero no me importa, es la verdad.

>>¡Mis pequeños fueron los únicos que me ayudaron a superar el dolor que sentí cuando tú me destrozaste, ahora cómo voy a superar este dolor que siento al no tener a mis pequeños!

—Déjame estar contigo, superarlo juntos.

—¡No joder no, yo jamás voy a superarlo y tampoco quiero estar contigo!—todas mis palabras salen en grito.

Cuando yo lo necesite el no quiso estar conmigo, ahora ya no lo necesito y no quiero tener a nadie conmigo, quiero estar sola.

>>¡Ahora soy yo la que quiere que te alejes de mi, no te quiero volver a ver jamás!

Con compromiso (Libro II) TerminadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora