(42) El uno para el otro

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Si torturante fue el camino hacia el hospital, de pesadillas fue llegar allí y ver a todos destrozados. Pensaba que decir mientras me acercaba, pero eran momentos como estos los que me dejaban sin palabras.

Christian al verme, inmediatamente corrió hasta mí; fundiéndonos ambos en un fuerte abrazo.  Un abrazo en el que sabía que él no encontraría consuelo sencillamente porque no existía algo así para la pérdida de un ser que amas, que adoras, por ese ser que te dio la vida.

No sabía lo que era perder un padre o una madre, aun así, viví la experiencia de ver a mi papá realmente delicado.  Ese miedo de perderlo es algo que no se puede explicar, esa tortura de no saber si saldrá bien.  Imagínense saber que ese ser ya no estará a tu lado, que no lo volverás a ver, a tocar, a decirle que lo amas. 

“Estefanía, se fue…ya no lo podré ver más” me decía Christian aun aferrado a mí.

“Lo lamento mucho…” no pude decirle más, mis lágrimas me traicionaron.  Había intentado ser fuerte, pero la escena frente a mi era desgarradora.

“Es algo horrible, no se lo deseo a nadie. Gracias por llegar aquí, de veras te necesitaba a mi lado” continuó hablando Christian, destrozando mi corazón con su pérdida y limpiando mis lágrimas.

“Qué gran apoyo llegó hasta ti.  Intenté ser fuerte, necesito serlo para darte apoyo, pero me duele demasiado tu pérdida.  Discúlpame, tu papá fue como un padre para mí…” no pude más, esta vez fui yo quien busqué refugio en él.

“El simple hecho de que llegaras hasta aquí, es más que suficiente.  Saber que cuento contigo, que estarás a mi lado, es algo que significa mucho.  Te quiero Estefanía, te quiero demasiado.”

“Yo también Christian, y siempre estaré a tu lado para lo que me necesites.”

Un momento, qué fue ese intercambio de palabras entre nosotros?  Les confieso que mis palabras salieron de mi corazón, no las dije por decirlas, mucho menos por hacer sentir bien a Christian.  Era lo que sentía dentro de mí y quería que él lo supiese, mucho más en un momento como este.

Las palabras de Christian, sonaron igual de sinceras que las mías.  Tal vez nunca nos habíamos dicho esto porque no se había dado la oportunidad.  Este momento fue el indicado, porque a pesar de que no había consuelo, esas palabras aliviaron de alguna manera el dolor.  El saber que estábamos el uno para el otro allí, era algo especial, algo que significaba mucho.

Christian me tomó de la mano, no hablamos más, solo me guió hasta donde se encontraba su mamá, Regina, y su hermano Andrés.  Luego de presentarnos y de que Regina nos narrara lo que los policías le habían dicho de la escena, nos sentamos a esperar por unos documentos que aun tenían que llenar. 

Regina era una mujer muy elegante, hermosa, inteligente.  Andrés era el hermano menor de Christian, y se encontraba cursando su último año de escuela superior.  Su sueño era el de seguir los pasos de su padre, y pienso que luego de esto, tenía más motivos para continuar.

“Voy por un café, desean?” preguntó Christian mostrándose un poco impaciente ante la larga espera.

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