(8) Cambiando el destino

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Hola!!! Tengo que confesarles, que aún la acción, el porqué del título de esta historia, no ha llegado.  Faltan varios capítulos para eso.  Así que preparensen. 

En el próximo capítulo tendremos una aparición especial... Y al lado está la foto del miradero.  Esa vista la veo todas las tardes luego de llevar a mi nene grande a sus terapias.  Honestamente, esa foto la tomé mientras conducía, no me pregunten como. 

El título del capítulo lo saqué de la canción que lleva el mismo nombre, del grupo Magneto. 

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La semana terminó sin volverle a hablar a Ileana o a mi papá. De veras que me dolía estar pasando por esto, pero ya era mucho y me había cansado.

“En qué piensas?” me preguntó Raúl mientras ambos mirábamos el techo de mi habitación acostados en el suelo.

Era viernes en la tarde y no había nadie en mi casa.  Todos habían ido a cenar y me llamarían para preguntarme que me traerían de comer.  Esa sería la señal para que Raúl se fuera de mi casa.

“En todo lo que ha sucedido en esta semana” le respondí suspirando profundamente.

“Por Ileana no te preocupes; ya se le pasará.  Tu papá…no sé qué decirte.  Haré todo lo posible por ganármelo.”

“No tienes que hacerlo.  Yo escojo con quien quiero estar.  No soy  una niña y le agradecería que no continuara señalándome por algo que no hice.”

“Debe amar mucho a su hermana para que aun lleve en su alma.  Más cuando tu tía es feliz hoy en día.”

“Lo sé.  No sabes cuánto desearía vivir con ella.  A veces he deseado que fuese ella mi mamá.”

“No digas eso.  Si vivieras con ella, no estuviésemos juntos.  Y era tu destino nacer de tus padres, no de tus tíos.”

“Si yo he hecho todo bien Raúl.  Porqué siempre mi papá me reclama algo que yo no hice?”

“A veces los padres son difíciles de entender.”

“Porqué no existe un libro con instrucciones?”

“Tienes que aprenderlos a descifrar por ti misma.”

“Más cosas que pensar?  Por favor, no” le dije poniéndome de rodillas e inclinándome a besarlo.

En cosa de nada, me encontraba encima de él, envueltos entre besos y caricias; invitando a que sucediera lo inevitable por segunda vez.  Las manos de Raúl corriendo por mi espalda, provocando que mi piel se erizara y que creciera en mí aun más el deseo. 

Esta vez tomé yo la iniciativa, despojándome de todo lo que tenía puesto y haciendo lo mismo con Raúl.  No creía lo que estaba ocurriendo; esa no era yo, pero definitivamente ya no era la Estefanía de antes.

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